Humilde y generoso

Humilde y generoso
Rafael Coronel. Pantomimos. 1959.

La Gualdra 384 / Rafael Coronel, In memoriam

 

 

La primera vez que supe algo sobre Rafael Coronel fue cuando yo tenía aproximadamente 13 años de edad y era alumno del Instituto Mexicano Norteamericano de Relaciones Culturales. A cada estudiante nos obsequiaron un ejemplar de The Texas Quarterly para que desarrolláramos una composición en inglés sobre cualquiera de los artistas plásticos a los que se dedicó ese número de la revista trimestral.

Para mí, era el primer contacto con artistas plásticos modernos tanto mexicanos como norteamericanos. Era una edición en dos tomos que aún conservo, el primero con acabado en pasta dura con camisa de plástico y el otro con cubierta en couché.

Más tarde (muchos años después) descubrí que varios, si no es que todos los autores incluidos, exponen de manera permanente en los diferentes museos de Zacatecas. Eso me hace regresar constantemente a la revista, leer las entrevistas con los creadores plásticos y contrastar las semblanzas y sus propias descripciones con las colecciones exhibidas en los museos. Tanto Pedro como Rafael Coronel son parte importante de los autores seleccionados por la publicación americana.

Rafael Coronel. El teporocho. 1973.

Rafael Coronel. El teporocho. 1973.

 

Cuando se abrieron los museos de los hermanos Coronel, no desaproveché cuanta oportunidad tuve de asistir a los eventos en los que Rafael Coronel estuvo presente. Recuerdo el acto en el que formalizaron las donaciones de diferentes colecciones al Gobierno del Estado de Zacatecas, los diferentes reconocimientos que se le otorgaron en Zacatecas y la presentación de “Retrofutura”.

Recientemente el destino me ubicó en una posición que me permitió tener varias oportunidades de hablar con el maestro, de estar en su casa, de tener acceso a su estudio, de ser testigo de su proceso creativo, de conocer sus proyectos y de plasmar en documentos sus intenciones para Zacatecas y para el museo que lleva su nombre.

Los dos últimos años de su vida nos encontramos en varias ocasiones, tiempo suficiente para entender que, a pesar de su sencillez, de su forma tan simple y discreta de vivir, era un visionario, un zacatecano con arraigo, con cariño a su tierra y con una increíble generosidad.

Todo lo que hizo por Zacatecas nos obliga a cuidar y difundir su legado, a concretar sus proyectos, a promover la investigación de sus aportaciones al arte y a garantizar el acceso a sus colecciones.

Zacatecas y el mundo le reconocen y honran en este momento en el que alcanza la inmortalidad.

 

*Director del Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde.

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_384

 

 

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