La tierra dorada de Anoushka Shankar

La tierra dorada de Anoushka Shankar

La Gualdra 373 / Música

 

 

La conocí en Youtube, tocando al lado de su padre, Ravi Shankar, con un instrumento hindú. Hacía que los altavoces vibraran de una manera a la que no estaban acostumbrados. Los dos intérpretes se veían felices, placenteramente rasgaban las cuerdas de su sitar. A su padre lo había escuchado antes junto con el noruego, Jan Garbarek, en uno de los mejores discos que he escuchado en mi vida: Vision (1983). Me gustó su actitud, la forma en que rasgaba su instrumento y, por su puesto, su virtuosismo.

Así que cuando pasé por la tienda de discos y me encontré con el CD de Land of gold (2016), no dudé en pagar el precio. La verdad, Anoushka Shankar no me decepcionó. De repente me vi ante una pieza excelente de música oriental mezclada con lo mejor de lo occidental, muy similar a la música de Kate Bush o Mike Oldfield, pero con un toque oriental, herencia del excelente músico que la engendró.

El nombre de la cuarta canción, Dissolving boundaries, que en español quiere decir disolviendo los límites, se refiere precisamente al contenido de la obra, no hay diferencia entre los toques occidentales de las piezas creadas en este álbum, con lo toques orientales que por origen posee la artista. Estamos contemplando, o mejor dicho, escuchando, instrumentos orientales, tiempos orientales, pero asimilados a la cultura occidental. Abre el disco con Boat to nowhere, donde el sitar parece ser la base, pero el bajo y el violín pronto ganan terreno, dibujando un ritmo arabesco que evoca los cuentos de Sherezada, pero dando paso al intruso jazzista que jala por el camino del virtuosismo. Y en adelante, cada pieza es una muestra de este sincretismo.

Retomo un poco el álbum de su padre con Garbarek: Vision, que mezcla la música hindú, el ambiente y el espíritu de esta cultura, mezclándola con los excelentes metales del jazzista, logrando más que mezcla cultural, una obra de arte que vaga más por las fronteras de los fantástico, sobre todo con las excelentes piezas de Astral projection y Psychic Elephant, logrando un disco instrumental lleno de energía mística y talento, más apegado al mundo oriental que al occidental; pero fusionando ambas culturas de una manera mágica.

Anoushka va más allá, si bien no logra una pieza tan importante como Vision, sí crea un disco estupendo, donde la música parece haberse convertido en algo sin fronteras, no parece tener nacionalidad, conviven en esta pieza muchos ritmos, muchos sonidos, que recuerdan diversos movimientos artísticos, diferentes géneros musicales, denotando la gran formación musical de su creadora.

Hay voces multiculturales que de pronto nos recuerdan la excelente banda de Dead can dance, se mueve también por las fronteras de la música dark, de la música pop, del jazz, del rock y el blues, y en algunos momentos nos presenta también esa espiritualidad de la música oriental. Es un disco que vale la pena tener, para bailar, para meditar, para dejar que la mente viaje a lugares a los que no están acostumbrada, encontrar sitios mágicos, espirituales, de paz y tranquilidad, la fórmula para combatir el la velocidad de la vida moderna.

 

 

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