A nuevos problemas, nuevas soluciones

A nuevos problemas, nuevas soluciones

Transita la nación desde diciembre pasado por caminos nuevos y desconocidos, guiada por un Presidente a quien gran parte de la sociedad le depositó, casi a ojos cerrados, toda su confianza; otra parte de la sociedad lo miró con temor e incredulidad y otra, tal vez minoritaria, le mostró absoluto rechazo.

No pasaron muchos días para que sobre la mayoría de los mexicanos comenzara a extenderse un sutil velo de incertidumbre que con el paso del tiempo tiende a engrosarse, al grado de que la incertidumbre se convierte en desconfianza.

Además, la forma de gobernar de Andrés Manuel López Obrador, aunque novedosa y diferente, produce mucha, tal vez demasiada controversia. Los casos que entre amplios segmentos de la población causan reprobación se multiplican conforme avanza el tiempo: La cancelación de las obras del nuevo aeropuerto, la hasta ahora fallida venta del avión presidencial de Enrique Peña Nieto, el proyecto del Tren Maya, el combate al huachicol, la debatida Guardia Nacional, y más recientemente, el fin de los subsidios a las guarderías infantiles, son los asuntos que mayores rispideces han causado, pero seguramente, en el gran espectro de las acciones gubernamentales, hay más aristas filosas.

Cierto es que estos problemas no brotaron de sus manos, pero sí es autor de los erráticos intentos de solucionarlos. A favor del Presidente podrá decirse que amplios sectores de la población, motivados por la esperanza, aprueban su estilo de gobernar, mientras otros le dan el beneficio de la duda: ¿cómo resolver en apenas dos meses y medio problemas de larga data?

La realidad es que hasta ahora no se ha visto un gobierno eficiente, ni sus acciones para remediar antiguos problemas han dado buenos resultados; incluso hay quienes aseguran que lejos de remediarse, con el tiempo se agravarán los problemas.

El arrollador triunfo electoral de AMLO se basó en la prometida cruzada contra la corrupción y su emblema fue la transparencia. A la fecha, a pesar de los discursos cotidianos ante los medios de comunicación, la cruzada anticorrupción no ha dado los resultados prometidos.

La honestidad de los ideales del Presidente no está sobre la mesa de debates, pero no ocurre lo mismo con su equipo. En cambio, son varios los funcionarios cuya reputación o capacidades de trabajo están en tela de juicio. Y si un gobernante no es capaz de rodearse de funcionarios que compartan sus ideales y fidelidad a ellos, difícilmente podrá cumplir convicciones propias y promesas electorales.

Si la transparencia, ese bien que ya es demanda y patrimonio de la sociedad, no es una auténtica política de Estado, difícilmente el gobierno de López Obrador podrá sostener su blasón de guerra contra la corrupción.

La transparencia requiere de autenticidad, no puede caer en la vaciedad de los discursos, y debe acompañarse de la coherencia, otro componente capital. Porque cada acción –cualesquiera que sea su esencia y significado –cada obra que se publicite debe estar ciento por ciento fundamentadas en la verdad incontrovertible de los hechos, sin ningún atisbo de duda. ¿Logrará el gobierno federal la transparencia y la coherencia necesarias? Ojalá sí, por el bien de la República.

La anterior es una visión de lo que sucede en el país, y mientras tanto, ¿qué ocurre en Zacatecas, cómo se perciben desde aquí los acontecimientos nacionales? El estado no es ajeno a lo que sucede en el resto de la nación. Todo lo que pase en o en torno al Gobierno de México, necesariamente repercutirá aquí, para bien o para mal.

Sin embargo, debe reconocerse que en el ámbito estatal no privan la desconfianza ni la incertidumbre, por más que ya padezcamos algunas repercusiones negativas provocadas por el gobierno federal. Vano sería echar las campanas a vuelo. Al contrario, la cautela, la perspicacia y el razonamiento profundo deben ser signos predominantes en todas las decisiones y acciones del gobierno estatal.

Sí, la transparencia genera confianza y junto con la coherencia, debe ser la principal aliada de cualquier gobierno decidido a ser diferente, porque no se pueden superar viejos vicios y problemas políticos con las mismas antiguas recetas. La innovación es imprescindible.

La experiencia de López Obrador demuestra que no basta con la prolongada presencia cotidiana ante las cámaras ni las visitas de acercamiento en ciudades donde todo está arreglado para el aplauso y los vítores. Tampoco las estrategias de comunicación pueden ser las mismas. No pueden atacarse nuevos problemas con viejas recetas. México ha cambiado.

*Titular de la Coordinación
Estatal de Planeación

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