Reiteraciones, a veces morosas

Reiteraciones, a veces morosas

En una nota del diario “Imagen” del 20 de abril de 2018 se informó que la UAZ, pese a carecer de recursos, emprenderá un programa para contratar a cincuenta cerebros fugados al extranjero. Desde el 2013, en el número 13 de la revista “Migración y desarrollo”, dirigida por Raúl Delgado Wise, se había publicado un artículo al respecto titulado “Claves de la exportación de fuerza de trabajo calificada en el capitalismo contemporáneo: lecciones de la experiencia mexicana” escrito por Raúl Delgado Wise y Mónica Guadalupe Chávez Elorza. Una conclusión que ellos obtienen de su estudio es que la exportación de fuerza de trabajo altamente calificada constituye una nueva modalidad de dependencia, por lo que el gran reto para los países periféricos es detener las dinámicas que definen la diáspora mediante la generación de un proyecto alternativo de desarrollo. No cabe duda que la UAZ ya está en esa ruta emancipadora. Para facilitar la implementación de ese proyecto se rediseñó, por vías no democráticas, el contrato colectivo de trabajo UAZ-SPAUAZ. Una lista de tales modificaciones es la siguiente: al artículo 37 se le añadió una parte V en la que se anula la democracia sindical al centralizar las decisiones en el secretario general, otorgándole “transversalidad”; es más fácil negociar con uno que con tres; en la cláusula 55 se reducen los costos de los errores cometidos al intentar la rectoría despedir personal; un auténtico logro sindical hubiera sido incrementar esos costos; se adicionó un renglón a la cláusula 56-III para incrementar obligaciones al personal académico, aumentando causales de rescisión que, a su vez, en la cláusula 120 se incrementan sustancialmente al pasar de dos a todas las contempladas en la ley federal del trabajo en numeral III de esa cláusula, que no aparecía en ediciones previas el contrato. Finalmente, en la cláusula 122 se modifica el fundamento contractual de los procesos de regularización del personal académico, y se le aumenta con un avieso párrafo final. Versiones previas del contrato estipulaban, en la mencionada cláusula, que cumplidos diez años sólo por causas muy graves, que debían ser estipuladas en el contrato, se podía rescindir al personal. Una interpretación sindical permitió que a partir de eso se basificara a los docentes cumplidos diez años laborando sin interrupciones. Pero parece ser que la reestructuración de la universidad requiere que eso termine y aumentó el plazo de diez a veinte años. Es apreciable que el neoliberalismo, en su versión laboral, ya está incluido en el contrato por vías no democráticas, lo que demuestra el equívoco de quienes creían que iba a haber acciones “desde fuera” contra la universidad porque los testaferros del Estado actúan dentro de la institución en el marco de la autonomía. Se equivocaron también los que defendieron el ”proyecto” del grupo que dirige la universidad, porque no hay ni hubo otro que la flexibilización del trabajo universitario operado en dos vías paralelas: desde la alta burocracia universitaria y desde la burocracia sindical. Ya es claro que el oficio de docente está muy mal pagado ahora también es, por usar un concepto tan confuso como de moda, “precario”. Volvamos al contrato y sus modificaciones. Los primeros que notaron una modificación fueron los jubilados en la revisión del año pasado. Vieron que la cláusula 41-IX estaba alterada porque les reducía el monto del dinero que se les entregaría a sus deudos en caso de fallecimiento. Se restringió el ejercicio de ese derecho a los docentes en activo limitando la cantidad a 250,000 pesos cuando en algunos casos podía rondar el millón. ¿Es eso ponerse la camiseta universitaria? Si lo es resulta muy oneroso para el docente. El comité ejecutivo del SPAUAZ estaba enterado de las modificaciones porque los jubilados les giraron un oficio a ellos y al rector donde les pedían que se anularan. La atención que recibieron fue la típica: les dijeron que sí, les firmaron sobre papel mojado y el contrato sigue incluyendo la cláusula lesiva. Los engañaron. ¿Qué hacer? Resulta obvio que el comité ejecutivo debe emitir un pronunciamiento público y que debemos exigírselo aunque sea decepcionante como suelen ser los de ellos. Dado que el contrato no ha sido depositado en la Junta Local una acción inmediata es que se deposite el contrato correcto y no el apócrifo porque no hay nada que discutir. Los procedimientos de revisión contractual, los tiempos para ejecutarlos y los actores que deben llevarlos a cabo están estipulados en el contrato y la ley federal, así que no procede discutir ese asunto, como lo está haciendo de manera indebida y a escondidas el comité ejecutivo aprovechándose de la apatía proverbial del docente de la UAZ, es decir, abusando de la confianza de aquellos a los que representan. Desde hace años se sabe que el empleo en los tiempos que corren es inestable, la jubilación está en vías de extinción, el servicio médico se reduce o desaparece, las prestaciones no se cumplen y un nuevo despotismo laboral está en ciernes. Bueno, no, ya lo tenemos enfrente y nos fue deslizado por quienes aparentaban ser nuestros compañeros, así que nos queda la pregunta: ¿qué vamos a hacer? ■

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