De celebraciones y democracia

De celebraciones y democracia

Un aparato de radio es accesible a todo público, a toda hora y en todo lugar. A nivel de producción tiene la ventaja de superar a la televisión y al periódico, en cuanto al tiempo y al número de lectores. Un conductor de radio no es un rostro, es una voz y una opinión, y sí se trata de una radio pública, asume en forma insoslayable un espíritu propositivo, constructivo e incluyente.
Son elementos esenciales de su razón de ser el fomento de la libertad, la igualdad, la fraternidad y la identidad. A pesar de su dependencia del presupuesto gubernamental, procura mantener su vocación y sus principios, con una dignidad ejemplar, de cara a los desafíos constantes para su sobrevivencia.
Tal es el caso de Radio Zacatecas, alma del Sistema Zacatecano de Radio y Televisión que en el tiempo inmediato anterior, cumplió 34 años al aire, y lo hace en los mejores momentos de su maduración con un amplio reconocimiento público, por el equipo de profesionales que la integran, colaboradores y productores que la han enriquecido y por supuesto, por la cabeza que lidera el proyecto desde hace ocho años.
En la memoria reside la pequeña cabina que se montó en las oficinas del DIF y la programación de música clásica que una voz masculina de tono firme y educada, presentaba como una posibilidad distinta para alimentar el espíritu, a la vez que iba forjando una nueva forma de escuchar radio en Zacatecas, sin gritos y comerciales.
Alfonso Reyes definió a la radio como “instrumento de primer orden de esta educación que nos espera más allá de los años pueriles y juveniles, más allá de las escuelas, en el aire mismo de la vida, y que acompaña sin remedio toda nuestra existencia y la va modelando a lo largo de nuestros días”.
Con profundo respeto a todos sus actores, una felicitación a quienes desde 1984 -al amparo de uno de los mejores gobiernos del Estado (1980-1986)-, participaron en su programación y así sucesivamente al paso de los años hasta llegar a 2018, gracias por hacer posible al filo de las tensiones cotidianas, como escribiera el maestro Alfonso Reyes, una radio que sirva verdaderamente a la pedagogía civil.
Y si se trata de educación, cómo no escribir sobre el festejo internacional del Libro como genuino recordatorio de lo que significa y vale leer. Vivir a través de él no sólo una vida, sino muchas vidas; y respirar como se respira la vida, signos que son gotas que hacen lluvia, y son día y son noche, son brisa y rayo, recompensa en muchos sentidos porque el libro es una entidad universal, resume la experiencia humana, contiene las huellas del devenir del hombre y porque el libro abarca un diálogo superior al hombre mismo.
El poema titulado “Un libro” de Jorge Luis Borges dice “Apenas una cosa entre las cosas. Pero también un arma. Fue forjada en Inglaterra en 1604 y la cargaron con un sueño. Encierra sonido y furia, noche y escarlata. Mi palma la sopesa. Quién diría que comprende el infierno…la espada y el clamor de la batalla…ese libro duerme y espera…”, por lo que esta insinuación es una pronta revelación a tomar este tipo de arma y rebelarse. Nunca se tendrá mayor conciencia y dolor del mundo que se habita, si no es a través del texto, pero prevalecerá siempre el halo de libertad para seguir luchando.
Se sabe bien que cada vez hay menos lectores de libros, pero que se incrementa su número en las redes sociales, que los niños y los jóvenes no leen y que es con ellos con quienes habría que seguir trabajando, como bien lo promueve “Leyendo juntos”, un programa de Radio Zacatecas, impulsado por una promotora independiente.
Siempre habrá una primera vez, un encuentro significativo con un libro que llegará como manifestación de la pluralidad de las expresiones, de las variantes de la verdad y de la representación seductora que permite que el mundo sea nombrado a través de la Literatura.
Y en esta atmósfera de clausura y búsqueda de la palabra justa, está el escenario de las elecciones como si fuera un gran circo del espacio y la temporalidad a toda presión, mediante juegos perversos que incitan al miedo, la confusión y a la incertidumbre de los electores, bajo la sospecha de aquello que no se dice.
En su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura (1990) Octavio Paz se preguntó cuándo sería realmente México, contemporáneo de los países que se encontraban en la frontera de las democracias y economías más avanzadas del mundo. Veintiocho años después poco ha cambiado la realidad democrática de este país y sus dolientes municipalidades y regiones que lo conforman, porque no hay respuesta que satisfaga esa pregunta crucial.
Ante una violencia extendida e inimaginable, una rígida centralización burocrática, un desigual crecimiento económico con un creciente número de pobres, las elecciones se traducen en una promesa no cumplida, dado que pareciera que históricamente las instituciones en todo el país – en su gran mayoría- , han sido un instrumento de enriquecimiento personal y de colusión de intereses particulares.
En suma, no hay credibilidad, por lo que sería razonable que cada partido, sus candidatas y candidatos recuperaran el fragor de la palabra honesta y se dirigieran a sus posibles votantes con el corazón y la verdad, sin mentiras y sin ofensas a sus contrincantes en un ejercicio de dignidad que honre las ideologías y los valores éticos y cívicos que ellos representan.
Ánimo y fortaleza a todas las mujeres y hombres que son trabajadores y a los que aspiran a serlo, porque es un derecho legítimo. ■

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