Acusar de puritano al movimiento #MeToo le resta importancia a la violencia sexual

Acusar de puritano al movimiento #MeToo  le resta importancia a la violencia sexual

Acusar de puritanismo al movimiento #MeToo es restarle importancia a la violencia sexual “porque la violencia sexual es grave, es muy grave. No es puritanismo”. Y trasladar desde el discurso teórico a la realidad, por ejemplo mexicana o latinoamericana, los argumentos del manifiesto firmado por un grupo de artistas e intelectuales francesas que así lo señalan, debe “revisarse con mucho tiento porque la violencia en contra de las mujeres no es la misma en ninguna parte del mundo”, dijo Adriana Rivero Garza, secretaria de las Mujeres.
Al menos en Latinoamérica lo que las francesas llaman “coqueteo insistente” o “torpe”, “sí se convierte muchas de las veces en acoso sexual que debe tipificarse. Pues justo en la naturalización de esa “galantería” es que se considera que las mujeres debemos tolerar muchas agresiones hacia nuestra persona”, dijo.

Advirtió sobre el cuidado en el uso de esos términos en nuestro contexto porque “implican ir en contra de la voluntad de las mujeres”. Y aun las hay que aunque están sometidas a ese tipo de agresiones no las reconocen “por estar construidas en esa cultura“, observó.
“Me parece que este tipo de términos le quitan importancia a los movimientos que en México se han propuesto el objetivo de erradicar este tipo de prácticas que culturalmente se han impuesto a las mujeres y que muchas veces ni siquiera vemos”.
Adriana Rivero Garza puntualizó que el movimiento #MeToo surgió en un contexto y ámbito determinados, el mundo del espectáculo estadounidense donde las mujeres denunciaron haber sido víctimas de violencia laboral con un tinte de violencia sexual.
Dijo que es importante que la denuncia pública haya surgido porque permite el que puedan visibilizar que son víctimas de violencia y poner en la agenda un tema de discusión necesaria, “que es el acoso sexual en el ámbito laboral”.
Observó de la reacción europea de las artistas e intelectuales que firmaron un manifiesto para defender el derecho a importunar como un elemento para la libertad sexual, que “ellas viven en otro contexto” en el que incluso puede verse como no necesaria la denuncia pública de la violencia sexual “porque se han superado ya incluso muchas normas” acerca de la misma, incluida la que se refiere al acoso sexual en el ámbito laboral.

Por ello dijo que trasladar ese discurso a otros contextos como el norteamericano o latinoamericano, implica una revisión “con mucho tiento, con mucha pinza, porque la violencia en contra de las mujeres no es la misma” en diferentes contextos culturales y sociales.
“A mí me parece que este manifiesto no debió haber acusado de puritanismo –al movimiento #MeToo- porque la violencia sexual es grave, es muy grave. No es puritanismo”.
Dijo estar de acuerdo con la postura europea en su afirmación de que “ni todas las mujeres son víctimas de violencia ni debemos tratarlas así. Y en que no todos los hombres son agresores. Por supuesto que es un punto a resaltar”.
No obstante el hecho de generalizar como puritanismo al movimiento #MeToo, le resta importancia como un elemento que ha permitido a otras mujeres visibilizar “lo que a veces ninguna de nosotras podemos expresar, que hemos sido víctimas de violencia sexual”.
“Recordemos que la violencia sexual es una de tantas violencias que no se expresa por muchos temores, y menos en el ámbito laboral. Entonces creo, desde mi punto de vista, que sí se le resta importancia a este movimiento”.
Dijo que hay que revisar desde donde se lanza este manifiesto, pues estas mujeres feministas artistas e intelectuales francesas “definitivamente vivieron otro momento histórico del feminismo” mientras que el actual tiene una tendencia a poner sobre la mesa temas que las feministas históricas no habían considerado, incluso “porque ya los tenían asumidos”.
“Es el caso por ejemplo del Feminismo pop que ahora está siendo muy criticado por las feministas históricas porque ellas piensan que las jóvenes están relativizando temas tan importantes como lo es el trabajo sexual”.
Este y otros, son temas a nivel mundial que el feminismo moderno está poniendo a discusión teórica y contextual, “por eso se debe cuidar muchísimo” el que esas discusiones teóricas se trasladen de manera automática a la vida práctica, al ámbito cotidiano de un país.
“Es decir, si con base en esas discusiones se va a relativizar el hecho de que por ejemplo se regule el acoso sexual en México, a mí sí me parece delicado porque entonces estaríamos restándole la importancia a muchos movimientos de mujeres feministas que todos los días están poniendo sobre la agenda de género el hecho de que el acoso sexual sea considerado como un delito, que hasta el momento no se ha podido justificar precisamente por este tipo de argumentos que relativizan la violencia sexual”.
Lo importante de esta confrontación discursiva derivada del movimiento #MeToo y la reacción europea, es que se genere un debate.
“Antes no se podía ver una discusión de esta naturaleza, feminista, a veces contradictoria, pero feminista”.
Reiteró que trasladarla a otros países como México donde la violencia sexual “es exacerbada” y de manera cotidiana se justifica socialmente, “sí me parece delicado porque el movimiento feminista y de mujeres” local, ha impulsado por años la tipificación del acoso sexual en al ámbito público y laboral, “y no lo hemos logrado aún”.
En este sentido la defensa “del derecho a importunar” que enarbolan las francesas para garantizar la libertad sexual es criticable por la generalización que hace el manifiesto.

Al respecto señaló otra vez sobre el caso latinoamericano que “el coqueteo insistente como ellas le llamaron, o torpe, al menos en este contexto, “sí se convierte muchas de las veces en acoso sexual que debe tipificarse, y justo desde esa naturalización de ese coqueteo insistente es que se considera que las mujeres debemos de tolerar muchos agresiones hacia nuestra persona”.
“Desde mi punto de vista ese coqueteo insistente esa ‘galantería’ al menos en nuestro contexto sí es violencia sexual y no debemos de justificarla por ningún motivo. De eso a que se criminalizara, pues ya tendríamos que ver si las mujeres deciden interponer o no la denuncia o la queja, pero de entrada sí debe de considerarse como violencia porque lo es, una violencia justificada culturalmente”.
Agregó sobre la omisión en el manifiesto francés del caso del acoso sexual contra niños y adolescentes que también fue denunciado por el movimiento #MeToo, que en su opinión ese tipo de conductas no deben relativizarse, y sí, todo acto que atente contra la integridad de los menores de edad debe ser criminalizado.

“Este manifiesto también cometió el error de ser muy general y abrió la discusión a temas que definitivamente ya estaban superados, como lo es la violencia sexual en contra de menores de edad; siempre tiene que ser un delito, ya no tenemos que retroceder en ese sentido”.
Al respecto recordó que en Europa existe en el movimiento Queer, un sector que comienza a defender como un derecho de las orientaciones sexuales de algunas personas su preferencia hacia los menores de edad buscando que no les criminalice por ello, mientras que en México todavía no se logra castigar a los agresores sexuales de niños y adolescentes y de otros grupos vulnerables.
Por último reiteró que el debate generado acerca de la violencia sexual en el ámbito laboral que visibilizó el movimiento #MeToo, abre la posibilidad de su análisis desde los diversos feminismos, “no para relativizarlo sino para poner el tema sobre lo que nos debe importar que es tipificar el acoso sexual” en el ámbito público y laboral, en el caso de México.
“Puntualmente debe de revisarse la posibilidad de que se tipifique, justo para no seguirla naturalizando o justificando como ha sucedido en otros países”.
Opinó que deben orientarse hacia allá este tipo de discusiones, siempre tomando en cuenta los contextos desde donde surgen las posturas, pues tienen tintes políticos, culturales, sociales y económicos distintos.
Por último y en referencia a la alerta que el manifiesto francés hace sobre la censura en el ámbito cultural derivada del puritanismo sexual del que hablan, que es otro tipo de análisis que debe hacerse, pues “surgen otros intereses que se cuelgan de estos debates”.
“Lo que tiene que ver con la violencia, es decir, cualquier acto que vaya en contra de la voluntad de las personas será violencia aquí y en cualquier parte del mundo, lo demás tiene que revisarse”.

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