Morena: a mayor extensión de votos, menor intención programática

Morena: a mayor extensión de votos, menor intención programática

Las alianzas pueden unir más actores políticos para ganar la contienda, pero al hacerlo pueden ver acotados o derrumbados los motivos por los cuales se quiere llegar al poder. Veamos el caso actual de Morena: al inicio se tenía como discurso del motivo para hacerse del Estado, cambiar el modelo económico. En ese entonces se decía “por el bien de todos, primero los pobres”. La bandera era el cambio de modelo de la economía, lo que en términos académicos se expresa como ‘el derrumbe del neoliberalismo’. Ahora, ante la necesidad de contar con el voto y el aval político del empresariado norteño y personajes clave al interior de los grupos decisores de hombres de negocios, se incluyen en el equipo de campaña (y será también en el de gobierno) a dichos empresarios. Y la consecuencia inmediata fue la renuncia de cambiar el modelo económico. El Programa económico de Morena es ahora de ortodoxia económica. Es decir, se ampliaron las expectativas de triunfo al incluir a estos empresarios a costa de sacrificar uno de los objetivos centrales de la toma de poder. Es decir, con la extensión de actores políticos, se disminuyó la intención programática: a mayor extensión menor intención.

Ahora se vive otro fenómeno con la misma mecánica política: la inclusión del Partido Encuentro Social. Los militantes de Morena que tienen en su objetivo de lucha social la ampliación de los derechos sociales de las minorías se ven ahora restringidos. En el grueso de la militancia de Morena existe el sueño de hacer de México un país tolerante y que se reconozcan las familias homoparentales y cosas por el estilo. Con dicha alianza, esto queda en cuestión: esas banderas no podrán ser izadas porque romperían la alianza con un partido que tiene la bandera contraria. Y es un partido doctrinario que, sin duda, fijará su mirada en el cumplimiento de esos temas. Así, el mecanismo se repite: extienden su expectativa de votos a cambio de sacrificar las intenciones programáticas.

En estos momentos, ya no está el pilar de ‘cambiar de modelo económico’, tampoco el pilar de ‘ampliar los derechos civiles de las minorías’; ¿qué queda? Aun queda la bandera de ‘combate a la corrupción’. El espectro de objetivos se va reduciendo cada vez más. Por ello, era vital contar desde el inicio con una política de alianzas inteligente: aquella que permitiera ampliar la extensión de votos SIN sacrificar objetivos programáticos. Por ejemplo, en la alianza con Movimiento Ciudadano no había necesidad de sacrificar el programa y los objetivos sociales. Son las ventajas políticas de la coherencia y la humildad. Ya quedó en el camino la idea de cobrar impuestos especiales al 1 por ciento de los megáricos para disminuir la desigualdad. Es el costo de tener a un partido ‘cachalotodo’: está condenado a un centrismo maniatado y socialmente estéril. La sola bandera del combate a la corrupción no conforma programa social. Puede haber partidos de ultraderecha no-corruptos. Es decir, se requiere un partido con ‘cierto’ proyecto social.

En el caso del PES, no afectó directamente al programa teórico de Morena, sin embargo, con la fuerza electoral de este partido alcanzará un importante número de legisladores, a través de los cuales gestionarán su agenda. Por ello, el argumento que dice que la alianza no afecta el proyecto es ingenuo: lo afecta a nivel del programa general o en la conformación de las fuerzas en el Congreso.

Estos señalamientos son importantes porque sólo se desilusionan los que previamente estuvieron ilusionados. Por ello, al pasar el tiempo, y si Morena triunfa en la elección presidencial (que tiene altísimas posibilidades de lograrlo), y no se ven disminuir los índices de desigualdad o pobreza y el modelo de desarrollo resulta inercial, no se sientan frustrados. Lo que recomiendo a los entusiastas partidarios de Morena es que conserven la serenidad y los pies en tierra. Si lograra remediar el tema de la corrupción y mejorar la situación de los jóvenes, ya sería un avance. Aun no veo cómo van a bajar la situación de corrupción, su propuesta de “que gobierne gente honesta” es poco menos que un gesto cándido. Creo que su líder (AMLO) no es corrupto, que es un individuo honesto, pero eso no ‘afecta en cascada’ como él lo afirma. ¿recuerdan a Ruiz Cortines? Al parecer era un político honesto, y la corrupción en el Estado no se detenía por eso. Supongamos que logra disminuir la corrupción y que algunos temas sociales, como la educación y salud universal, ganan algunos puntos. Eso será mucho ganar. No esperen más: sin cobrar impuestos a los mega-ricos y sin cambiar el modelo económico, no podemos esperar más. Con el dibujo que tenemos ahora que se presentó el Proyecto de Nación y las alianzas que están trazadas, se ha pintado el techo de las expectativas: lo máximos y mínimos. Los máximos son los propios de un partido de centro o de neoliberalismo moderado: que se palié en política social y se disminuya la corrupción. No más. ¿Cuáles son los mínimos? Saquemos conclusiones. La izquierda ha sido desterrada de las boletas electorales. En ese contexto, con la alianza PAN-PRD, la cosa está peor. Ojalá en los militantes lúcidos de Morena permee la capacidad crítica, la posibilidad de alejarse un poco de su propia situación y de ver las circunstancias con sentido de realidad. Y paren un poco las voces que todo lo justifican y que pasan del argumento al adjetivo. Cuando eso ocurre, se vive el paso de la militancia a la horda. Las pasiones de las campañas nublan la vista y atrofian el olfato. Recuerden a Cicerón: Historia magistra vitae est. ■

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