Turismo cultural: ¿realidad, ficción o ilusión?

Turismo cultural: ¿realidad, ficción o ilusión?

En los últimos años, Zacatecas se ha vuelto un polo de atracción turístico. De todas partes del país y del mundo acuden entusiastas viajeros a disfrutar de las bellezas de la ciudad que inmortalizó con el nombre de Bizarra Capital el gran poeta jerezano Ramón López Velarde. Este enclave no era más que un referente geográfico en la ruta hacia el norte del país después de los estragos causados por el movimiento armado de 1910, sobre todo después de la gesta de 1914 cuando por la División del Norte fue tomado Zacatecas, como canta el épico corrido. Después, la fuga de capitales, el caciquismo, epidemias y otras calamidades hicieron que todo el estado cayera en el olvido. Si acaso, la Feria de Jerez y su cabalgata al ritmo estruendoso de la tambora lograban cierta convocatoria foránea. Pero hasta ahí.

Después, la falta de iniciativa local hacia los derroteros del ritmo del mundo y sobre todo de la mezquindad de los capitalinos, hicieron que todo transcurriera como en medio de un marasmo. Esto, que pudo ser la muerte para cualquier punto geográfico, logró que la ciudad se conservara casi intacta en relación a la vida que tranquilamente y gracias a su riqueza minera mantuvo hasta finales del siglo XIX. No hubo deterioros estructurales como en su momento ocurrieron en las ciudades de San Luis Potosí, Aguascalientes, Guadalajara, Xalapa y Monterrey, por citar algunas. Después, visionariamente, el gobernador José Rodríguez Elías decretó que la ciudad se mantuviera en el estado estructural en que se hallaba y luego Genaro Borrego Estrada con el establecimiento definitivo del Festival Cultural Zacatecas, lograron que los ojos del país y luego del mundo voltearan hacia este viejo enclave minero y ruta principal hacia la colonización del norte. Desde entonces, el turismo fue a la alza y el sueño de alcanzar el nombramiento de Patrimonio Cultural ha sido el sueño dorado de muchos que ven con buenos ojos que esta nominación no sea sólo de membrete, sino que trascienda en los hechos.

De esta manera ha habido reiterados intentos para afianzar un proyecto sólido, duradero y trascendental para que este asunto que se denomina turismo cultural se vea reflejado en los hechos. Los intentos se repiten, pero parece que se dan más en el discurso que en los hechos. Si lo vemos desde un punto de vista elemental donde se rescaten los elementos únicos que son necesarios para lograr este proyecto, ahí está todo lo necesario: el turismo, la cultura y el escenario.

De acuerdo con lo declarado por el secretario de Turismo, Eduardo Yarto Aponte, la afluencia turística ha aumentado más del cinco por ciento en los últimos meses, los eventos culturales se siguen dando a discreción desde el Instituto Cultural Zacatecano, la Dirección de Cultura del Municipio de Zacatecas y aunque usted no lo crea, desde la mismísima Universidad Autónoma de Zacatecas. Incluso, con la coordinación de esfuerzos se ha logrado implantar el programa denominado Las 7 Noches en Zacatecas y la ciudad, está ahí esperando que tales amalgamas arrojen el resultado final de dichas intenciones, con poco éxito. No bastan tan sólo las buenas intenciones, los resultados muestran que el turismo desconoce por regla general todas las instalaciones y actividades culturales que ofrece la ciudad; que las instituciones hacen gastos estratosféricos en traer espectáculos y artistas e intelectuales foráneos olvidando las manifestaciones locales que son las que más podrían atraer a los fuereños a disfrutar lo hecho en casa, peor aún, olvidan lo más importante, difundir con tiempo y efectividad los acontecimientos que aquí se organizan, puesto que solamente el Festival Cultural es promovido en esta forma mientras el resto de los eventos pasan desapercibidos o se difunden al cuarto para las doce; mientras que la ciudad sufre las continuas vejaciones que significan los ruidos, embates e invasiones de hordas locales y de viajeros que solo buscan la disipación y el desenfreno, muchas veces invadiendo la ciudad en transportes de muy alto tonelaje.

Recomendaciones de esta semana para locales y viajantes.

Primero, Zacatecas cuenta con alrededor de veinte museos con diferentes temáticas. Hoy habrá que iniciar con una propuesta poco común, la visita al Museo Interactivo de Ciencias o “Zig Zag”, ubicado cerca del Parque La Encantada. No hay que perderse esta experiencia. Además, en el antiguo edificio de Moneda en la calle Dr. Hierro encontrará el Museo Zacatecano –donde entre muchos temas encontrará arte huichol y popular-, al lado, encontrará la Fototeca y la Cineteca, además que, en el Centro Cultural Ciudadela del Arte, se encuentra el Museo Antonio Aguilar, el Museo Manuel M. Ponce y el Museo del Desierto. Diseminados en la ciudad encontrará muchos otros como el Pedro Coronel, con arte universal; el Manuel Felguerez con arte abstracto; el Rafael Coronel con miles de máscaras; el Francisco Goitia de arte contemporáneo; en la Bufa el de la Toma de Zacatecas con evidencias de la Revolución Mexicana y el Universitario de Ciencias en la mismísima Rectoría de la UAZ. No hay que olvidar la joya de la colonia que es el Museo de Guadalupe con arte virreinal.

Dos recomendaciones para comer sabroso son los siguientes:

En el Bulevar López Mateos # 909, a media cuadra del ISSSTE, se encuentra un lugar muy especial, las Tortas Gigantes “El Minero de Zacatecas”, donde la especialidad son unas tortas enooormes muy sabrosas a precios muy accesibles. Toda una aventura gourmet a muy bajo costo. Se recomienda la especialidad, pierna española; aunque no se va a arrepentir de probar las del resto del menú.

En el mismísimo corazón de la ciudad está ubicado el restaurant y café “Acrópolis”, escencia viva de la historia moderna de la ciudad desde hace 73 años. Su menú intenso, extenso y excelso. Ahí encontrará el asado de boda, cortes, enchiladas bañadas con salsa de asado de boda, enchiladas Arrieras gratinadas con queso añejo, vinos de mesa y café de primera; aguas frescas, preparados y raspados con una extensa colección de arte en sus paredes. No hay pierde.

Y para degustar un trago en un buen ambiente de cantina, no deje de visitar uno de los bares más añejos de la ciudad: El Retiro. A menos de veinte pasos de La Fuente de los Conquistadores. ■

 

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