La UAZ es un vidrio que corta, espero

La UAZ es un vidrio que corta, espero

Pues sí, a veces funciona el lenguaje, entre “entendidos”, “te veas”. Máxime si con ello se beneficia, en este caso y por decir, a una mayoría de universitarios de instituciones públicas; las que, como la UAZ, insisten y se empeñan en distintas formas, por distintas vías y hasta a contracorriente, en luchar por mejorar académica y culturalmente, no sólo en funcionar (como la mayoría) para reproducirse en ella. De eso hablan, desde los más rudos trabajos académicos cotidianos, hasta aquellos de excelencia, que también los hay y son desempeñados por gentes, altamente reconocidas y distinguidas por su cientificidad y trayectoria; aunque, de una forma u otra y por muy distintas vías, guardan relación con los grupos o equipos en o de donde emergieron, acá o acullá, para constituir e incrementar la complejidad en el océano académico y cultural que constituimos y somos la gran mayoría, junto con los estudiantes de todo nivel, en movimiento académico para seguir propiciando, esa es la expectativa, una generación incesante de incrementos académicos de todo tipo, como responsabilidad y resultado del actuar de cada uno, desde su trinchera o trabajo académico, por modesto o complejo que sea. Esa gran circularidad académica, más allá de ser una ilusión óptica, en los hechos se convierte en una serie de espirales complejas, sean gentes, equipos, personalidades, grupos, etc., con capacidad académica hasta para operar incluso a nivel mundial por múltiples vías y a veces sin reconocimiento presencial alguno, gracias a los modernos medios de comunicación, lo ideal es ser y estar. Bueno y si además se puede destacar y se destaca a nivel que sea, bien por la UAZ, digo.

Cierto, en la UAZ, la incomunicación también existe y no tiene tanto que ver con censuras o prohibiciones, sino con la reflexión y el discernimiento que obliga  a cualquier universitario, desde aquel tiempo, quasi mítico, originario, de Noé Beltrán, a privilegiar la excelencia académica por encima de cualquier otra divisa e insistir en conseguir o generar, los que deberían de ser cada vez más sus círculos virtuosos, generación de equipos, centros, escuelas, niveles, etc., tanto por su indetenible potencial académico, generador de incrementos en complejidad académica, como por su insistencia en el encuentro y la dilucidación continua de realidades emergentes que fueron ¿son? generadoras de discursos más renovados, con cada vez menos clichés, áridos, secos, inservibles para detener esa lucha. Academia mata gandalla y hace florecer un huerto de academias con decisión y consistencia hasta para pretender dilucidar lo imposible, con un ánimo académico empeñado en la transformación; una, sólo “detenible” en estadios, en hitos para afianzar y avanzar.

Ya sin insistir en eso,” Salvar a la UAZ”, Videgaray ganará / perderá esta partida e irá feliz para informar a Peña que no necesitó salvar una UAZ, pues sola se hundió en la nada académica, sin perfil, ni consistencia, ni principios, ¿ni los neoliberales?

¡Je, Je! Si eso quisieran él y su jefe, Peña Nieto, recién distinguido en París, desde este momento, ambos, se pueden ir a freír espárragos: la UAZ no es ave que se incendia y esparce sus cenizas, o como dice una vieja canción, sin edad, la UAZ es un vidrio que corta, es sangre. ¿Le entras, Videgaray? ¿Le entras, Peña Nieto? También aquí puede haber distinciones, no sólo en Europa: ¡A trabajar, por la UAZ, Peña y Videgaray! ¡De pie, enhiestos, en la UAZ los estamos esperando, cumplan! A trabajar más por la UAZ, lo hecho hasta hoy es insuficiente. ■

 

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