Hoy no existe un sistema por el que podamos cambiar al capitalismo: Gilles Lipovetsky

Hoy no existe un sistema por el que podamos cambiar al capitalismo: Gilles Lipovetsky
El filósofo y sociólogo francés, Gilles Lipovetsky n foto: andrés sánchez
  • Presentó la charla “Consumo digital”, en el marco de la Fiesta del Libro y la Palabra

Hoy no existe un sistema por el que podamos cambiar al capitalismo. La revolución ya no funciona en el contexto de la globalización. Las perspectivas revolucionarias fracasaron en todas partes, por tanto, tenemos que vivir en este sistema pero criticándolo, sentenció Gilles Lipovetsky.

El filósofo y sociólogo francés, considerado un referente “indispensable para entendernos”, como lo presentó ayer en la Fiesta del Libro y la Palabra, el académico de la Universidad Autónoma de Zacatecas, Sigifredo Esquivel Marín, hizo esta aseveración para luego señalar que no sólo debe criticarse al capitalismo por sus reglas sino pensar en el lugar central que el Estado debe fungir dentro de él como contrapeso al mercado.

Lipovetsky sostuvo en su charla “Consumo digital”, que paralelamente a toda la obra destructora del capitalismo de la que se la ha acusado y que tiene sustento real, este sistema en su caracterización contemporánea anexa a su funcionamiento y a una escala sin precedentes, una dimensión estética.

A esto le llama el estudioso, “capitalismo artista o estético”, y expresa una contradicción porque pareciera imposible reunir capitalismo y arte.

No obstante dijo, se esforzó mucho para demostrar que el asunto es mucho más complicado que esto, y que la fuerza del capitalismo contemporáneo tiene la capacidad para anexar, integrar a él, “hasta lo que parece ser su opuesto”.

Esta dinámica de anexión ha ido implantándose poco a poco pero surgió desde mediados del siglo 19, encontrando su origen en lo que Lipovetsky llama “la gran tienda”.

En aquella época un capitán de industria francés de nombre Aristide Boucicaut se expresaría como el inventor del comercio moderno al proponerse la construcción, con la ayuda de Gustave Eiffel, de una tienda como nunca se había visto antes, “inmensa, con una cúpula de vidrio, escaleras gigantes, vitrinas”, y donde se empezaron a organizar exposiciones y hasta conciertos. “Y entonces transforma la tienda en teatro”.

Boucicaut va a “espectacularizar” a la mercancía, y a convertir a la tienda en un lugar de visita por sí mismo, “es el nacimiento del shopping con su poder de atracción increíble”, pues entendió muy bien que la dimensión estética no estaba opuesta al comercio sino que era el medio para desarrollarlo.

Este modelo nacido en Francia, fue replicado rápidamente en Inglaterra, toda Europa y Estados Unidos, haciendo surgir rápidamente las críticas, que vieron en el concepto “un arma del diablo, un sistema de tentación”, al que no pudieron resistir mujeres de clase media haciendo surgir así “una nueva enfermedad femenina”, la cleptomanía; “veían todas esas cosas maravillosas a disposición y las robaban”, expuso.

Esta anécdota “demuestra el poder de atracción que va a existir” en un capitalismo que integró a su lógica la dimensión artística y estética, mismo que se desarrollará hacia finales del siglo 19 y que en el 20 con la llegada del cine y con el poder de seducción de sus estrellas, con todo ese poder que tendrá el diseño, la música grabada y los primeros comerciales modernos en los que acotó participaron por cierto, Tolouse Lautrec y Claude Monet, convertirá esas actividades estéticas ya para los años 50 del siglo pasado, no en un fenómeno periférico sino estructural en él y con crecimiento exponencial.

“Entonces claro, ahí se encuentra el cambio, es que ahora esas estrategias se encuentran en el corazón mismo del capitalismo de consumo”. Dentro de todas las industrias “estamos viviendo el tiempo de la inflación estética que lleva al hiperconsumismo”.

El autor de la Era del vacío aclaró sin embargo, que no todo el capitalismo es artista; no lo es el financiero, sino sólo esa parte que lleva al consumo y que implica la investigación sobre el encanto y la belleza para anexarlos a todos los productos, sean aeropuertos, relojes, ropa, teléfonos celulares, lentes, “todo está diseñado en función de su imagen estética”.

Pero precisó que al hablar de estética no sólo se refiere a la belleza formal o estilística sino que hay que entenderla en su sentido griego que apela “al ámbito de las emociones, del mundo sensible, de lo que sentimos”.

“El capitalismo artista es el sistema que nunca para de capturar, explotar, de solicitar los placeres y las emociones, que busca crear producciones emocionales sea en el cine, la música, todas las artes de masas, con la finalidad de distraer, de hacer reír o llorar”.

“Dicho de otra forma, podríamos decir que el capitalismo artista es el sistema que ha desarrollado en grande los mercados de la sensibilidad; funciona como una ingeniería de sueños, de emociones, de imaginario…ahí se encuentra su poder”.

Este fenómeno que ha implicado la “democratización del gusto y de la creatividad” expresa una paradoja, “entre más consumista se vuelva la sociedad, más vemos el desarrollo de los gustos y la creatividad de la gente”.

Gente que quiere desarrollarse, encontrar algo que se parezca a sí misma y no sólo con la adquisición de marcas.

“No soy ingenuo, ya sé que no es para todos, pero si lo comparan con lo que pasaba hace un siglo van a ver la diferencia que existe”,

Habló del desarrollo de los programas estilo reallity en que las personas que aspiran a convertirse en cantantes tienen esa oportunidad, y que tienen gran demanda.

Con todo, este capitalismo democratizador de gusto y la creatividad, genera también problemas al crear una estetización de la ética, es decir, de los estilos de vida; una ética dominante que se concentra en el placer, la búsqueda de la emoción y las experiencias, y que produce expectativas de conseguir ese tipo de felicidad que no siempre se logra.

“Ese es el problema porque el sistema del capitalismo artista no apunta hacia toda la sociedad”, y por otro lado apareja otras lógicas, la de la empresa, la eficacia, la eficiencia y la rentabilidad, “que exigen de la gente cada vez más, con todo el estrés que eso implica”.

Hay entonces dentro de la cultura actual y cada vez de manera más marcada, una contradicción entre los valores del hedonismo, del placer, y los que implican los sistemas de eficacia, de competencia, de estrés, que explican el malestar de los individuos “que soportan mal las condiciones de vida dentro de las cuales nos encontramos”.

Por lo tanto, precisó, “la sociedad del capitalismo artista no creó la felicidad para todos. Al contrario, creó una sociedad con una inseguridad permanente”, no solo por las normas de trabajo sino por las condiciones sanitarias.

“Por una parte tenemos una estética del placer y del goce, y por otra, una información permanente por parte de los medios de comunicación acerca de los riesgos que alertan sobre el consumir demasiado, comer demasiado, exponerse al sol, y que aconsejan llevar una cultura de salud preventiva; lo que crea ansiedad”.

En resumen dijo, “la cultura actual es cada vez más una cultura de destrucción (…) y no lo digo para satanizar al sistema que también tiene cosas positivas, pero no todo y ese es el problema, ahí es donde hay que concentrar nuestra crítica”.

Gilles Lipovetsky precisó que el capitalismo en realidad se adapta a su público y produce lo que funciona, y después de señalar sus contradicciones, también advirtió que “no hay que esperar mucho” de él.

Es necesario dijo que el Estado se manifieste más y participe de los sistemas educativos; “tenemos que pensar al siglo 21 como el siglo de la Educación”; una, que debe elevar el nivel de exigencia de las poblaciones.

Dijo que la modernidad ganó la batalla de la cantidad pero de lo que se trata ahora es de ganar la batalla de la calidad de vida.

Actualmente se producen televisiones, autos y aparatos eléctricos en gran cantidad, que son accesibles para casi todos, “pero la calidad de vida es otro asunto”, que implica la preservación del medio ambiente.

La humanidad tiene un desafío importante en la degradación del clima, con el calentamiento global, un desafío para la calidad de vida de grandes poblaciones ante el que se tiene que reaccionar.

Dijo que frente a esta problemática no hay que ser ingenuos, “no son las llamadas a las buenas intenciones” las que llevarán a la humanidad a la promesa que hace el capitalismo artista sino la inversión en la investigación, la racionalidad, la innovación.

“Eso es lo que va a permitir producir con energías renovables y limpias”. Y es dentro de las universidades, en sus laboratorios, donde se están preparando para ello.

Hay que volver la mirada hacia la educación, tomar conciencia de manera particular que la cultura general puede elevar el nivel de reflexión de los ciudadanos, pero también la práctica del arte dentro de las escuelas ofrecerá un sentido estético a las poblaciones, que hoy en día se expresa como una exigencia humanista.

“Nuestra sociedad no debe solo generar productores y consumidores, también debemos, gracias a la escuela y al Estado, construir un nuevo eslabón con una cultura humanista que sume a la exigencia ecologista, la práctica del arte dentro de la escuelas para elevar el nivel de exigencia de los consumidores, de manera que sea necesaria una evolución de las producciones del capitalismo”.

 

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