Drogadicción juvenil e indolencia institucional

Drogadicción juvenil e indolencia institucional

Está aumentando de manera alarmante el consumo de drogas entre los jóvenes zacatecanos. Y no se ven medidas efectivas para atacar la adicción a dichas sustancias. En general las autoridades no han puesto atención real al tema; por un lado, las federales incluso eliminaron los presupuestos para la prevención, y los programas que se han armado están en el extremo de lo malo, han sido pésimos. Bajo el paraguas de la ‘prevención’, las autoridades propician la confusión del consumo con el delito, y han destinado recursos sobre todo por vía de los municipios para habilitación de espacios públicos y estimulo de actividades recreativas y deportivas. El primer error es juntar los temas drogadicción y delitos, porque si bien el delito generalmente sí implica el de drogas, al revés no es así: prevenir el consumo no necesariamente se asocia al delito. Son conceptos de relación asimétrica. Y así deben asumirse. Además, la droga de inicio y que va muy alta es el alcohol, la cual es de distribución legal. La segunda falla es el caos de los programas de prevención que se aplican desde los municipios. Si revisamos los informes de actividades nos damos cuenta de que dichos programas no tienen continuidad, no implican una estrategia, ni monitoreo y los gastos que se hacen son bastante irregulares. Una absoluta basura programática.

El otro espacio privilegiado para hacer prevención para el consumo de drogas son las escuelas: secundarias y bachilleratos prioritariamente. No hay efectivos programas de integración de la personalidad, se dedican (y mal) a los puros temas académicos. La mediocridad de estos dos niveles tiene poca comparación. En este ámbito se confunden los resultados de aprovechamiento escolar con los de integración de la personalidad de los alumnos. Van juntos. Y observamos que la mayoría de las matriculas, sobre todo de bachillerato, en temas de aprovechamiento está en la lona. Y no hay medidas ni para lo académico ni en el trabajo de la personalidad de los jóvenes. La negligencia de los directivos llega a niveles poco creíbles, por ejemplo, la directora de preparatorias de la UAZ desde los aciagos acontecimientos de septiembre pasado ha tenido más que claro la cantidad de enervantes que circulan en sus planteles y no ha querido hacer nada. Su desidia, apatía, desgana, indolencia y omisión no tiene medida. Es un ejemplo para poner en un marco. Tal vez le demos el trofeo a la desidia y modorra 2017. Y mientras tanto nuestros jóvenes expuestos en la total vulnerabilidad. En suma, el conjunto de las autoridades civiles y educativas no han mostrado interés genuino en este grave problema, y sólo atinan a hacer declaraciones imprecisas que no llevan acciones efectivas. Lo más que han hecho es asignar algunos presupuestos a proyectos que, dijimos arriba, llevan como destino la corrupción. Ojalá llegue un rayo de luz e ilumine a las autoridades y les haga caer en la cuenta de que la salud mental de nuestros jovencitos es vital para el bienestar actual y futuro del estado de Zacatecas.

 

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