UAZ: el control pasivo, veneno en la conducción institucional

UAZ: el control pasivo, veneno en la conducción institucional

La UAZ está pasando por otro momento difícil. Otro más. Y ahora no quiero comentar la causa o las evidentes obligaciones de gobierno federal con la educación superior. Quiero preguntarme qué hemos hecho los universitarios ante la crisis, ¿cómo hemos reaccionado ante dicha amenaza? ¿Cómo reaccionan las instituciones ante una crisis? El caso de los grupos dirigentes es el primero que llama la atención. Lo primero que resalta es una conducta dirigida a un control conservador de la situación: la bomba mediática de la estafa maestra, que evidentemente iba a impactar negativamente en la gestión de recursos frescos, se enfrentó con silencio y una muy pasiva espera de lo que la Auditoría Federal arrojara. La misma conducta con la evidente campaña de desprestigio que opera a través de algunos medios y actores de la comunicación, la respuesta ha sido el silencio y operando la teoría de La Ola: “una ola llega y lo mejor es enconcharse para que pase”. Los órganos deliberativos y de decisión colectiva, como lo debiera ser el Consejo Universitario está pertrechado en una forma de control pasiva que no arroja frutos positivos. La mecánica es la siguiente: se pre-deciden lo temas, se formalizan en alguna comisión, se hace un dictamen de la misma, se llama a los directores y estudiantes a reuniones previas a la sesión del pleno para informarles de los acuerdos, y al llegar a la sesión se votan los dictámenes sin discusión alguna. Dispositivos de control pasivo que traen como consecuencia la muerte de los órganos mencionados. El control pasivo en las actuales circunstancias es profundamente no sólo conservador, sino inefectivo. Porque evita estallamientos y ‘darle juego a la oposición’, pero también evita que la comunidad universitaria tome en sus manos el problema. Y para las propias autoridades es suicida, porque deja el peso de los problemas en manos de la burocracia: por no compartir las decisiones, no comparten las responsabilidades. Pero sabemos que las opciones son pocas, y solos son aun menos. Justo se debió hacer lo contrario desde el inicio de la administración: abrir la reforma que habían prometido en campaña y con ello, abrir el debate con información ilustrada, que permitiera generar una dinámica de organización, tejido y responsabilidad compartida. Sin esto último, no se cultiva la unidad, y por obvias razones sucede lo contrario, se provoca la segmentación de la acción interna. Y en esa segmentación, los grupos de interés ven sólo por sí mismos, dejan de mirar a la totalidad de la institución.

En la masa de profesores también observamos actitudes conservadoras. Un síntoma es la enorme facilidad para organizar un paro. Hay una despreocupación por la misión educativa o, si se me permite decirlo de esta manera: no se observa una actitud de militancia educativa. Porque no hay un proyecto propio que los profesores quieran defender. La actividad en el aula se fue convirtiendo ‘en chamba’. Una comunidad tiene lugar cuando los objetivos de cada uno, están en sintonía con las metas de la institución. Justo es lo que no hay. Por eso era vital abrir la administración con un proceso de reforma que renovara el pacto de cada uno con el conjunto institucional. El control pasivo lo evitó. En este contexto los conflictos internos serán cada vez más frecuentes y de mayor intensidad. Ya inició la acción autónoma de los estimulados, seguirán más. Si prenden más conflictos por actores autonomizados, el desprestigio aumentará y, por lo mismo, la legitimidad desaparecerá. Cuando lo que se requiere es precisamente lo contrario: contar con una sólida legitimidad como base para gestionar los recursos necesarios para que la institución opere con normalidad. ¿Cómo puede la uaz conquistar la legitimidad en el estado de Zacatecas? Pensemos en eso.

En lugar de desatar una fuerte tanda de acoso laboral en la actual integración de cargas de trabajo, con la expectativa de poder hacer en el futuro cercano algunos cortes para ahorrarse algunos centavos, (lo cual irrita mucho a los profesores); se debería tejer acuerdos con los diversos actores internos para emprender acciones colectivas dirigidas a formar una fuerza de defensa de la institución en su totalidad. El trabajo político interno no se hace, porque se prefirió la vía del control pasivo.

En el Spauaz las cosas no son felices. Debemos reconocer que el comité salió de su tradicional dinámica doméstica, es decir, se atrevió a protagonizar reuniones en la Contu, y visitar comisiones legislativas federales para hacer parte de gestión. Eso está bien. Pero la organización interna es muy débil. La mayoría de las sesiones de la coordinadora de delegados se llevan a cabo sin quórum. Y las mismas voces repiten los mismos argumentos. El sindicato es un espacio importante que bien vale la pena se active su participación.

Ante la crisis, ¿la institución plantea transformaciones de sus tareas sustantivas, se legitima, se activa con unidad y junta a los actores políticos del estado en su conjunto para convertir la crisis universitaria en una demanda estatal? O por el contrario, ¿seguirá en la segmentación y la inercia? ¿Cómo se comportará la institución ante la crisis? La base de una nueva estrategia es que se logre consensar un diagnóstico en el conjunto de la institución, ¿cómo puede ocurrir esto si se prefieren los patrones de conducción basados en el control pasivo? Imposible. Ese patrón de conducción es veneno puro.

 

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