Lo primero que se perdió con la guerra contra el narco fue el respeto por los derechos de los demás

Lo primero que se perdió con la guerra contra el narco fue el respeto por los derechos de los demás
  • Sebastián Marroquín Santos ofreció una charla a jóvenes zacatecanos
  • “Es la historia de mi vida, el peor crimen es haber nacido hijo de Pablo Escobar”
  • Opina que hoy en día el consumo de drogas se ha exacerbado por el prohibicionismo, “ha llegado a todas las latitudes”

El discurso de Sebastián Marroquín Santos para disuadir a los jóvenes de no caer en la seducción del mundo del narcotráfico y el consumo de drogas, se centra en los valores humanos y la opción por la educación, utiliza para ello a modo pedagógico, su propia historia de vida.
Marroquín Santos llevó algún día el nombre de Juan Pablo Escobar, que lo identificaba claramente con su padre, el más grande narcotraficante que ha tenido la historia de Colombia, quien llegó a controlar, citó el dato ayer en sus intervenciones, el 80 por ciento del mercado de estupefacientes en el mundo en los años 80.

En entrevista para La Jornada Zacatecas insistió en el foco de su visión, al señalar sin una crítica a los modelos económicos que han empobrecido a Latinoamérica y que han dificultado la movilidad social aun cuando se consigan títulos profesionales, que justo la ausencia de valores humanos es la que ha generado estas condiciones sociales.

“Y eso no excluye por supuesto a la clase política que tenemos que recuperar para que las preocupaciones por la gente que sí la está pasando verdaderamente mal puedan ser atendidas lo antes posible, porque en un mundo sin esos valores pues no nos importaría lo que le sucede a los demás y es justamente lo que tenemos que recuperar”.
Dijo que lo primero que se perdió con la guerra contra las drogas fue el respeto por los derechos de los demás y el compromiso de muchas autoridades “para darle oportunidad a las personas para que tengan justamente una subsistencia digna y también el derecho y el acceso a la educación que debe ser garantizado por nuestros gobernantes”.
Sebastián Marroquín quiso inscribir el tema sólo en el contexto colombiano, manifestando no conocer a profundidad la realidad de Zacatecas, y asimismo, el respeto a los asuntos internos de México.
“Pero sí abogo por la recuperación de los valores humanos y no lo veo que sea un tema superficial porque justamente es esa ausencia la que nos ha llevado a la perdición como sociedad”, por ello hay que darles importancia, puntualizó.
Habló también de la responsabilidad social en el tema del tráfico y consumo de drogas; uno de sus gestos ha sido ofrecer disculpas a las víctimas de la violencia que generó en Colombia el Cartel de Medellín, liderado por su padre, y aun generar encuentros con ellas.
Respecto de la coparticipación en la violencia no sólo de los traficantes de drogas, las políticas prohibicionistas de los países, la corrupción de autoridades y los propios consumidores, observó, “la responsabilidad es de todos”.
“Antes, el acceso a las drogas, la mayoría eran de sectores de las clases de la sociedad más alta (…) hoy en día el consumo se ha exacerbado por ese prohibicionismo, ha llegado a todas las latitudes”.

“Nuestros países eran productores o de tránsito de drogas (…) hoy en día todas las ciudades o pueblos pequeños tienen una base de consumidores tristemente sólida qué es lo que fortalece y garantiza este negocio macabro cómo está planteado desde el prohibicionismo”.
El acceso ahora de sectores sociales económicamente menos favorecidos por ejemplo a la cocaína sobre cuyo tráfico construyó Pablo Escobar Gaviria su “imperio”, quiere decir que hay superávit de drogas en el mundo y que la guerra contra las drogas como ha estado planteada “lamentablemente ha ofrecido un clima propicio para garantizar el empoderamiento de esas estructuras criminales”.
El pasado mes de septiembre autoridades colombianas auxiliadas por la DEA, aprehendieron a quien se ha expuesto como “heredero” de Pablo Escobar Gaviria, José Piedrahita Caballos; al mismo tiempo (hora), la Gendarmería argentina capturó a Mateo Corvo Dolcet, empresario de esta última nacionalidad a quien se le atribuye haber invertido en negocios inmobiliarios y de espectáculos recursos ilícitos (15 mdd) del primero, para su “lavado”.
En los cateos realizados por las autoridades se encontró un convenio que implica tanto a Sebastián Marroquín Santos, como a su madre, María Isabel Santos, quien fuera la viuda del Pablo Escobar Gaviria, para recibir presuntamente 4.5 por ciento por las operaciones, que se acota, les cubrieron ya en su totalidad el año 2011.
La fuente de esta informaciones que recuperan diferentes medios, entre ellos, el diario español El País y el argentino, El Clarín, son autoridades argentinas, el secretario de Seguridad Interior, Gerardo Milman; la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, así como personal de la Unidad de Investigación Financiera (UIF).
Estos dos últimos han solicitado formalmente que comparezcan en el proceso en calidad de indiciados, tanto Sebastián Marroquín como María Isabel Santos.

Interrogado al respecto el primero, quien ha manifestado haber renunciado tanto al dinero producto de las actividades criminales de su padre para salvar su vida, la de su madre y hermana, como a proseguir el camino delictivo que llevó a la muerte a Escobar Gaviria, contestó: “yo sigo haciendo mi trabajo y creo en la presunción de mi inocencia, así que lo que ustedes inventan en la prensa no tengo porque asumirlo como cierto”.
Dicho esto dio por terminada la entrevista retirándose al momento el micrófono de la solapa, y rematando con un contundente y áspero, “muchas gracias”.
Ayer durante una conferencia colectiva, Marroquín Santos expuso que “estamos viviendo un mundo donde las drogas ya están legalizadas”, para subrayar su accesibilidad hasta en las escuelas.
El hijo del que del capo colombiano visitó Zacatecas para ofrecer ante escolares, la conferencia “Pablo Escobar, una historia para no repetir”, convocado por el legislador panista Arturo López de Lara y la Procuraduría General de Justicia del Estado de Zacatecas.
El arquitecto y diseñador industrial cambió su nombre al de Sebastián Marroquín para iniciar una vida fuera de los cárteles de la droga, y radica junto con su madre en Argentina desde 1994, luego de la muerte de Escobar Gaviria.
Observó que se cumplen ya 100 años de prohibicionismo de las drogas, al que considera el garante de la aparición sistemática de capos del crimen organizado.

Reviró al cuestionamiento de usufructuar el nombre de su padre, que tiene más derecho que Netflix y Caracol, empresas que transmiten series sobre la vida del criminal exaltándolo como un héroe, mientras que sus libros y documentales no tienen el efecto de que los niños y jóvenes quieran emularlo y producen ganas de no convertirse en criminales.
Compartió al respecto una anécdota, su primer encarcelamiento a la edad de 7 años, “esa es la diferencia de lucrar con responsabilidad frente a esto”.

Y sobre la asociación que se hace de él con la figura de su padre, y si alguna vez podría disociarse de ella comentó que “es la historia de mi vida (…) el peor crimen es haber nacido hijo de Pablo Escobar”.

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