‘Nunca fuimos contemporáneos’. ‘Desformalismos’

‘Nunca fuimos contemporáneos’. ‘Desformalismos’
Manuel Felguérez. Signo convexo (1973). Cortesía Museo Arte Abstracto Manuel Felguérez.

La Gualdra 316 / XIII Bienal FEMSA

 

 

No escapa del pasado el que lo olvida.

Georges Didi-Huberman, Cuando las imágenes toman posición

 

Según la leyenda griega, Gordio era un labrador que fue elegido rey de Frigia tras la consulta del oráculo. Ya electo monarca, ofreció en agradecimiento la única riqueza que poseía al templo de Zeus: su carreta y sus bueyes. Ató la lanza y el yugo con un nudo complicadísimo cuyos cabos se escondían en el interior. Se dijo entonces que aquél que lo desatara conquistaría Asia.

En el año de 333 a.C., Alejandro Magno conquistó Frigia cuando se dirigía rumbo al Imperio Persa. Estando en Gordias se enfrentó al reto de desatar el nudo hecho por Gordio. La solución que adoptó fue cortarlo con su espada, tras lo cual dijo: “tanto monta cortar como desatar”, es decir, “da igual cómo se haga, lo importante es que se consiga”.

En su libro Nunca fuimos modernos, el filósofo francés Bruno Latour se refiere a la compartimentalización disciplinaria de la modernidad que ha tendido a dividir el conocimiento en pequeños segmentos como el corte con espada, la fragmentación del nudo que compone el tejido del mundo y lo divide entre ciencia, economía, sexo, religión, etc. “La cultura y la naturaleza resultan mezcladas todos los días”, escribe; basta con abrir el periódico para descubrir en una nota sobre salud una madeja compuesta por políticas públicas, biología, política económica, genética, educación, o el Fondo Monetario Internacional. Latour señala y cuestiona la solución arbitraria de fraccionar como resolución pragmática y propone la noción de traducción o red como un intento por volver a atar el nudo gordiano, por apelar a un empirismo de carácter más histórico y flexible para pensar en estas madejas que conforman el mundo. Si pensamos en la forma en que las imágenes se suceden cotidianamente en redes sociales, periódicos, libros, revistas, en el espacio público, podemos dar cuenta del complejo entramado que no apela a la estructura compartimental del análisis moderno.

El programa de colaboraciones museológicas de Nunca fuimos contemporáneos vislumbra un recorrido por lo no-contemporáneo, como un posible repertorio que permita configuraciones en red de obras que conforman un nudo gordiano o bien un montaje híbrido entre lo moderno, lo artesanal, lo popular y lo barroco que pone énfasis en las tensiones que producen para reflexionar sobre cómo estas formaciones se entretejen o permiten entrever las latencias históricas, económicas y sociales como son, por ejemplo, la migración o la extracción de recursos minerales. ¿Cómo podemos analizar simbólicamente estos repertorios, sus flujos y su historia a partir de los anacronismos, persistencias y actualizaciones de los mismos?

El programa de Nunca fuimos contemporáneos busca explorar estrategias en red para trabajar desde tensiones histórico-sociales a partir de un concepto rector, el desformalismo, que, por un lado, evoca una escuela historiográfica del arte, el formalismo y; por el otro, la relación montaje-desmontaje: un procedimiento de análisis crítico tanto de las formas artísticas como de sus significados en un marco museográfico específico. Al integrar opuestos, la relación entre estos términos asociados a la historiografía y la teoría estética, conforman un concepto dinámico que permite visualizar las formas culturales como un campo de tensiones; un nudo gordiano que se vuelve a atar, o mejor dicho, se desforma.

En el libro Cuando las imágenes toman posición, del filósofo e historiador del arte Georges Didi-Huberman, que retoma la escritura de Bertolt Brecht durante el exilio, podemos encontrar una actualización de las categorías de montaje y desmontaje. En términos dialécticos, el desmontaje presupone la condición de distanciamiento de la mirada; algo cercano al distanciamiento y el extrañamiento que reconocemos en el concepto de montaje del filósofo Walter Benjamin. Distanciar, es mostrar, dice Brecht, hacer aparecer la imagen mientras se muestra al espectador que se trata sólo de un aspecto, un intersticio, no la cosa entera; mostrar que se muestra es hacer de la imagen una cuestión de conocimiento y no de ilusión, dice Didi-Huberman.

El formalismo hace alusión a las vertientes que estudian el arte a partir del desarrollo autonómico de sus formas, mientras que el desmontaje, por lo contrario, supone un procedimiento de distanciamiento que permite escudriñar el contexto social, político, religioso y económico. En este sentido, por desformalismos entendemos la función del arte como un instrumento de negociación para actuar de manera directa en el entramado simbólico, produciendo un extrañamiento de lo habitual a partir de los objetos.

Desformar alude a una mirada puesta en la historicidad de las formas como si fueran síntomas o imágenes anacrónicas que persisten en el tiempo, tal como las entendió el historiador Aby Warburg en el Atlas Mnemosyne, en cuyo análisis pesan tanto el entorno cultural de la producción de las imágenes, como la persistencia y reactivación de ciertas formas de la antigüedad en el arte del renacimiento y su relación con el problema de la recepción de la obra con su pathos particular, es decir, la forma en que usa o conduce los sentimientos. Este antagonismo como movimiento pendular es planteado por Warburg como una persistencia histórica en la que se traduce la polaridad del pensamiento humano.

Por medio de este procedimiento desformalista asumido como estrategia curatorial, se pretende producir un efecto de distancia o una mirada crítica para invitar al espectador a situarse en una actitud analítica frente a las formas de la historia, sus instituciones, tradiciones, etc., y tender redes en la realidad a partir del extrañamiento.

La pregunta que el programa abre es: si las formas del presente se debaten entre lo actual y lo anacrónico, ¿cómo podemos desformarlas al grado de que mediante el extrañamiento del desmontaje museográfico y artístico, lo contemporáneo aparezca en complicidad con lo histórico en una relación compleja que abra otras lecturas? En términos curatoriales esta condición paradojal se despliega a partir de la conformación de constelaciones u operaciones en red de los diversos campos de fuerza que le dan a la forma su sentido. Por lo tanto, desformar implica siempre reconstituir lo mismo —la tradición—, desde el efecto de extrañamiento de su propia identidad.

Al plantear este concepto, la XIII Bienal FEMSA se propone, antes que como un marco temático que visibiliza un diagnóstico de época, como un procedimiento analítico e historiográfico para el desarrollo de los marcos curatoriales, pedagógicos, las comisiones artísticas y el programa editorial. La noción de distanciamiento ligada a los procedimientos de montaje del arte de vanguardia del siglo XX es un recurso conceptual que puede aplicarse tanto a las prácticas artísticas como a las museológicas.

En este sentido, los desformalismos también enuncian una posición curatorial de exterioridad, misma que permite acercarse y alejarse de lo local como una estrategia de desmontaje y remontaje de los modelos estéticos coloniales del barroco, las artes populares, la gráfica, la Escuela Mexicana y el geometrismo abstracto de la segunda mitad del siglo XX.

Este planteamiento se concibe como un esquema abierto a planteamientos suscritos a las reflexiones en red, los espacios múltiples o los montajes constelados o híbridos. Así, los proyectos podrán desplegarse desde lo histórico hacia intereses ecológicos, económicos y antropológicos, o bien, museológicos, iconológicos y desformalistas. Nunca fuimos contemporáneos, por lo tanto, es una enunciación abierta que sirve de telón de fondo para las investigaciones curatoriales, artísticas, editoriales y pedagógicas que se llevarán a cabo a lo largo de los diversos programas que dan estructura a esta propuesta de bienal.

 

Referencias bibliográficas:

Bertolt Brecht, La política en el teatro. Buenos Aires: Editorial Alfa Argentina, 1972.

Georges Didi-Huberman, Cuando las imágenes toman posición. Madrid: A. Machado Libros, 2008.

Bruno Latour, Nunca fuimos modernos: Ensayo de antropología simétrica. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2012.

Aby Warburg, Atlas Mnemosyne. Madrid: Ediciones Akal, 2010.

 

 

 

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_316

 

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