No sé qué escribir: estoy deprimido

No sé qué escribir: estoy deprimido

La Gualdra 316 /  Opinión

 

Como cada semana estoy frente al procesador de textos para escribir algo para el suplemento cultural dirigido por Janéa Estrada, La Gualdra, del periódico La Jornada Zacatecas. A diferencia de otros días hoy no sé qué escribir. Podría de decir algo sobre el premio estatal de periodismo “Sergio Candelas Villalba”, organizado por el Gobierno del Estado y del cual fui jurado, pero eso sería adelantar los acontecimientos, pues el ganador de los 25 mil pesos que se otorgan como premio, no será revelado sino hasta mañana, 14 de noviembre, en el salón de recepciones de Palacio de Gobierno a las 18:00 horas. Podría decir que hubo trabajos muy buenos, como aquéllos que mencionan la vida cotidiana de un maestro rural y los cientos de problemas a que se enfrenta debido a la falta de apoyo por parte de los gobiernos, o cómo una sola mujer policía se hace cargo de la seguridad de un municipio en estos días de terror.

O bien, podría hablar de la indignación que me produce la violencia en este país y la falta de voluntad por parte de las instituciones de seguridad pública para resolver los casos criminales. La indignación es algo terrible, pues molesta tal apatía: pese a las miles de muertes que se han suscitado son muy pocos los procesos penales que se han llevado a cabo. Pero lo más triste, sin duda, es cómo poco a poco nos vamos acostumbrando a este panorama, a tal grado que lo hemos normalizado. Vivimos con miedo todos los días. Nuestras entrañas parecen asimilar esa amargura de ver a nuestros vecinos perder a sus seres queridos, de saber que nuestra ciudad se ha convertido en un escenario donde la vida humana tiene muy poco valor, de vivir todos los días con miedo de que le pase algo a las personas que amamos, mientras el gobierno y las autoridades siguen simulando que no pasa nada.

Podría decir que el daño más grande que se hace a nuestro país no deriva hoy en día de los gobiernos como acontecía en años anteriores, sino del monstruo que hemos construido día a día cada vez que invertimos dinero en empresas transnacionales, pues el horror de los tiempos que vivimos es consecuencia de la ambición de quienes dirigen estas enormes empresas: de una conocida marca de refrescos se derivan los miles de casos de diabetes que merman la población de este país; de las semillas genéticamente manipuladas se deriva la muerte de tierras de cultivo y la pobreza de los campesinos; de las minas, cánceres y el desalojo de todo un pueblo ante las inútiles y quizá compradas recomendaciones de Derechos Humanos; de las cervezas el embrutecimiento de miles de jóvenes, la contaminación de mantos acuíferos y la destrucción de tierras así como el despojo del agua de un lugar en el semidesierto que augura un futuro catastrófico; del empecinamiento en usar gasolina en vez de combustibles no contaminantes que producen el cambio climático y las catástrofes que ello conlleva.

Pero hoy no sé qué escribir. Estoy deprimido. Pese a que la vida es hermosa, unas cuantas minorías, podridas por la ambición, la ignorancia, con el corazón devorado por los demonios del sufrimiento o la mediocridad, y el miedo y ansiedad que eso me produce, me hacen pensar que traer más gente a este mundo es un grave error.

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_316

 

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