‘Avenidas’ y la apología de un deseo descarnado

‘Avenidas’ y la apología de un deseo descarnado
Avenidas. Foto de Mary Galindo

La Gualdra 290 / Libros

Alberto Manguel, uno de los mejores conversadores de este siglo, platicaba con el editor francés Claude Roquet sobre literatura; el argentino le decía que: “la cultura literaria, artística, musical no es algo fuera de lo ordinario, sino algo de todos los días… no hay diferencia [le explicaba] entre una literatura considerada popular y la literatura denominada clásica. Lo que importa [según Manguel] es encontrar en ella nuestra felicidad y un espejo del mundo”.[1]

A su manera, el libro que ahora reseñamos: Avenidas, es una gran conversación, una jam session, en tanto es fruto de un taller de creación literaria que, como todos los de su especie, se caracteriza por la espontánea expresión de inquietudes e ideas a través de las letras escritas y de la oralidad que surge al calor de los conversatorios. Los trece autores,[2] son estudiantes de preparatoria del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, campus Zacatecas, quienes se reunieron durante meses en el taller Búhos bajo la batuta del escritor Salvador Lira, a la postre editor del impreso.

¿Cuáles son los temas recurrentes, las preocupaciones y escenarios de nuestros jóvenes? Fue lo primero que me cuestioné luego de aceptar la invitación de Salvador Lira para presentar el libro de Avenidas. Cada uno de los 13 autores, nos lleva a un sitio común, una gran historia que se teje en el deseo de ser y estar. Con todo y que, como dice el editor, estamos ante el “encuentro de múltiples visiones”, cada uno de los cuentos, poemas y ensayos que componen el libro, son rayos de una rueda que a su vez es parte de algo mayor, como bien lo anuncia la portada del libro editado por Texere.

El libro Avenidas es fruto de nuestro tiempo, escrito en función a un tejido social contemporáneo. En aras de ejemplificar, permítaseme una confidencia un tanto personal. Cumplirá un año, poco más o menos, que tuve un sueño en el que me encontraba en la Ciudad de México, exactamente frente al edificio de Santo Domingo, hoy el Palacio de la Escuela de Medicina y, otrora, la sede del Santo Oficio de la Inquisición. En el sueño estaba en algún punto del periodo virreinal, sospecho que en el siglo XVIII. Por las calles empedradas, cruzaban elegantes carretas, mujeres en vestidos de meriñaque y refunfuñantes barbalongas apretujados en corazas de jubón. Yo llevaba unos jeans deslavados y unos Converse, por lo que todo el mundo me veía como si fuese un ser de otro planeta o, mejor dicho, como a un ente diabólico. En estas circunstancias, me encontraba en un sitio peligroso, ni más ni menos que ante el edificio de la Inquisición y, por si fuera poco, hablaba en el castellano actual, llevaba los recuerdos y experiencias de esta vida, mi fobia por los perros grandotes y mi debilidad por las mujeres en encaje. Fue una pesadilla en el sentido de que yo no pertenecía a aquel sitio.

Incluso, si hoy comenzáramos a escribir una novela de ciencia ficción, ésta no estaría disociada de las ideas con las que sobrevivimos cada día. Somos fruto de nuestro tiempo y nuestras circunstancias, por recordar a José Ortega y Gasset. Lo anterior sale a relucir en el libro. Si Alejandro Rabling llama a los policías “pitufos”, Ángeles Rivas no desentona al llamar a los niños “nenes”. El texto en su conjunto posee unidad en el lenguaje, en la narrativa y en las temáticas. Como antaño, la muerte, la soledad, la libertad, el miedo, son temas recurrentes en los textos. Sin embargo, cada uno de estos sentimientos y emociones se cuentan dentro de escenarios inéditos.

En la obra que reseñamos hay dolores crónicos y placeres trashumantes que, con imaginación, han sido reinventados, contados otra vez de distinta forma, como es el caso de la incertidumbre, uno de los males más comunes en el México de hoy. Con mucha razón, los estudiantes nos preguntamos qué será de nosotros mañana que concluyamos la preparatoria, la licenciatura, el doctorado… dónde estaremos y con quiénes… Las condiciones económicas y sociales que imperan no son para menos. Queremos poseer, aunque sea la lluvia como escribe Anastasia Piñeiro, queremos dejar huella, ser nada antes de simplemente no ser, parafraseando a Ximena Montes de Oca. La libertad se torna mítica, cuando Roberto Rivera esgrime una posible analogía entre las hormigas y las personas que se atreven a rebasar los límites de su mundo rutinario, del cálido agujero, convirtiéndose en bichos raros de una comunidad maquiavélicamente organizada.

Desde luego, estas lecturas de los textos son mías. Como en todas las expresiones artísticas, que estemos ante contenidos que actúan como piezas de rompecabezas enriquece la experiencia al lector, quien puede tomar prestado los escenarios, los deseos y miedos, para encarnar sus propias sombras, ruidos, monstruos y fantasmas, por cierto, recurrentes en Avenidas. Como los autores, yo también avizoro que somos espejo de los universos que habitan en nuestro interior. Bajo nuestra piel está la muerte misma.

Un punto a resaltar, es que todos los autores velaron sus textos en un lenguaje oblicuo, donde los símbolos son grandes protagonistas. El ejemplo más claro lo representa el texto de Juan López sobre Eliphas Levi y sus hipótesis sincréticas acerca de cómo se pertenecen distintas religiones. La sugestiva influencia de Salvador Lira, director del taller, es evidente. Aun así, la originalidad y estilo se distinguen con claridad. Cada uno de los trece textos es una confesión interna, un desahogo personalísimo, una sesión ante el analista, pero también un signo de nuestros días, un espejo del mundo como escribió Manguel. En síntesis, el libro de Avenidas no tiene desperdicio y su lectura es recomendable en grado sumo.

[1]Alberto Manguel, Conversaciones con un amigo, México, Colofón/ Páginas de espuma/ La compañía, 2011, p. 27.

[2]Alejandro Rabling, Anastasia Piñeiro, Ángeles Rivas Mota, Camila Piñeiro, Desiré Mar, Fátima Villela, Juan López, Mariana Galindo, Melissa Núñez, Nathalia Castañeda, Roberto Rivera, Valeria Díaz, Ximena Montes de Oca.

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