¡No más de lo mismo!

¡No más de lo mismo!

A primera vista, uno podría imaginar que cumplidas las exigencias de lograr un mayor saber y cultura, eso se reflejaría en incrementos mayores de la posibilidad de obtener empleo, pero no es así. Ayer, el titular de “La Jornada”, aporta información inquietante: Desempleados, 47% de mexicanos con mayor nivel de estudios. Dato que, agregado al siguiente: “en el primer trimestre de este año se crearon nueve veces más empleos eventuales que permanentes”, revela como realidad la construcción de un futuro para México que se vislumbra más allá de la posmodernidad, cualesquier cosa que se entienda por eso. Pero, si bastante obvio es el creciente desprecio por los aspectos que hagan florecer a la humanidad, la cultura y la convivencia. La inquietud sería, entonces, ¿qué gente y cuánta, podrá ejercer su derecho a vivir su vida y cómo, en un mundo que se acota y recorta desde lo básico: una obtención de medios de vida que vuelve incluso superflua a la educación? ¿Para qué los saberes y la cultura, si el empleo y con él, el trabajo tienden a desaparecer? ¿Cómo obtener los medios de vida y cómo desarrollar los modos peculiares de ser, si todo tenderá a desaparecer, sin el empleo, sin el trabajo? Un trabajo que será, ¿la abstracción de la abstracción? Y las mercancías serán, ¿sólo las que circulen en los medios, aparte de los mexicanos? ¿Cuántos mexicanos sobran a un proyecto así, sin mexicanos, cultos o no, y en qué México estamos? ¿Qué hay más allá de la anomia? O la nada que nos espera y desde ahora se construye, ¿cómo darnos cuenta de, si la podemos o no intervenir, con qué propuesta y recursos, o con qué sueño distinto enfrentar semejante pesadilla, para que no se produzca, sino todo lo contrario?

Ante perspectivas como estas, qué sería lo contrario, cuando la realidad inmediata sigue siendo atroz para gran parte del mundo y la sociedad, como la nuestra, de vez en vez, se revela tan burda y abusiva que la perspectiva antes descrita, queda más en ciencia ficción, ante una realidad, tan real y concreta, como las trapacerías cometidas por el hoy exgobernador de Veracruz. Distinguido Estado que aportaba millones de pesos, en efectivo, para apoyar el triunfo electoral del PRI. Eso parecía cosa o costumbre superada, pero no, de nuevo, gente del poder en ese Estado, persiste en lo mismo, el derroche ¿y el dinero mal habido, sucio o no, poco importa a su dueño, gran político?

El titular de ayer obliga a pensar: Irregularidades detectadas en Veracruz no tienen precedente: ASF.  La Jornada, abril 17, 2017. ¿Que vería allí para decirlo, la Auditoría Superior de la Federación,  ASF?  “Aunque aún falta auditar el último año de la administración de Javier Duarte en Veracruz, el saldo de irregularidades y sus derivaciones penales no tienen precedente en la fiscalización de los recursos que ha realizado la Auditoría Superior de la Federación (ASF). El monto involucrado en presuntos malos manejos oscila en 30 mil millones de pesos. (¡UPS!) Con más de 50 denuncias presentadas por la ASF ante la Procuraduría General de la República (PGR), el gobierno de Duarte es, con mucho, el que más litigios penales enfrenta. Prácticamente no hubo ningún rubro prioritario que no fuera afectado por los manejos inadecuados de las millonarias transferencias de recursos del gobierno federal: salud, educación, seguridad –en una entidad golpeada por la violencia y el crimen organizado–, infraestructura social y combate a la pobreza.”

Ahora bien: En el marco de la toma de protesta a la nueva directiva del Congreso del Trabajo, el Presidente Enrique Peña Nieto se refirió a las recientes capturas de los ex gobernadores de extracción priísta, Javier Duarte, de Veracruz y de Tamaulipas, Tomás Yarrignton: “Quienes quebrantan la ley deben responder por sus actos. Independientemente de lo que determine el poder judicial, estas detenciones son un mensaje firme y contundente del Estado mexicano contra la impunidad”.

¿Por fin, esplenderán la Justicia y el Estado de Derecho, en México, nuestro país? Si no estuviera tan cerca y cuesta arriba el fin del sexenio presidencial. Si no cobrara fuerza Andrés Manuel López Obrador, al que se ve avanzar, sin prisa, ni pausa, hacia las próximas elecciones federales, la única explicación de la conversión democrática peñista sería que se cayó del caballo en que andaba y ahora sí, en lo que resta de su sexenio, será un gobernante democrático a plenitud, lo que equivale a ponerse a pensar, (falta decirlo) que más le vale al PRI perder o ganar la elección con dignidad, pero nunca, intentar ganarla o perderla con violencia. ■

 

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