El jarrito de la lectura

El jarrito de la lectura

La Gualdra 287 / promoción de la lectura

La lectura y su promoción suelen ser generosas. Dan cabida a todas las personas que quieran sumarse a la maravillosa práctica de leer. En ella caben lo mismo quien es un lector incipiente o consumado, quien se deja guiar por la intuición y el sentido común y quien se especializa, quien tiene acceso a decenas de libros o sólo a un par. Lo anterior lo he constatado, en territorio zacatecano, a lo largo de veinte años y, en todo el país en los últimos veinticuatro meses. Desde diversas trincheras los mediadores y promotores de lectura día a día hacen su trabajo.

Hace un par de años conocí a una mediadora que hacía actividades exitosas, extraordinarias y de gran alcance con un grupo de niños. Todos los viernes los pequeños se daban cita en su espacio de lectura. Las manualidades, los juegos, el dibujar y colorear eran actividades que acompañaban los procesos lectores. Al momento de reflexionar en torno a nuestra propia conducta lectora, pidió que le diera un par de minutos en privado. Ahí confesó “nunca he leído un libro”. Cogí El ladrón de gallinas, un libro álbum sin texto, pregunté que si tampoco ése. Tampoco.

En las antípodas están los lectores consumados. Aquéllos que desprecian a quienes leen best seller (ojo, desprecian más a los lectores que a los propios textos), que no pueden dejar de realizar una lectura sin que ésta sea acompañada, casi en automático, de un sesudo análisis literario. Años atrás tuve en una capacitación a un joven con doctorado, dos maestrías, políglota. Una voz modulada, clara. De hecho toda su personalidad era seductora. Al momento de los ejercicios de lectura en voz alta se negó a realizarlos, argumentando que él no había estudiado tanto para leerle a la gente. Aspiraba tener a su cargo una biblioteca pública.

Hay quienes en un afán de visibilidad, aceptación y catapulta de la autoestima hacen del libro y la lectura objetos de culto… personal. Los vemos en eventos literarios, con algún libro bajo el brazo (aunque lleven años con el mismo), pendientes del top ten de ventas. Leer, para este sector, es un placer inconmensurable. Se sorprenden cuando alguien expresa su enfado hacia la lectura. Tienen tanta vida social en pro del libro y la lectura que es imposible no preguntarse ¿en qué momento leen? Ellos tienen la respuesta.

Finalmente, están quienes tienen claro que la lectura no es un acto abstracto, que cada acto lector tiene, al menos, un propósito, que la experiencia lectora pasa por el dolor, la angustia, la desesperanza. Pero también de nuevos bríos, resiliencia y realización. Conocen los padecimientos y logros del lector incipiente porque ellos mismos los vivieron. Saben distinguir entre fomento, promoción y mediación de la lectura. Un gran porcentaje de ellos realizan sus actividades en el anonimato, lejos de los reflectores, pero con la certeza de que están sembrando semillas. Ejemplo de ellos es Marisol Lizárraga, mediadora de Salas de Lectura de Sinaloa. Todo(s) caben en la lectura sabiéndose acomodar.

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