Baccalauréat, de Cristian Mungiu, una experiencia ética para el espectador

Baccalauréat, de Cristian Mungiu, una experiencia ética para el espectador
Fotograma de la película Baccalauréat, historia de un médico y su hija n FOTO: CORTESÍa

■ “¿El fin justifica todos los medios?”, la pregunta principal que guía esta historia, comparten

■ Con este filme el realizador rumano regresa a Cannes por la Palma de Oro

Tras Occident (Quinzaine des Réalisateurs, Cannes 2012), 4 meses, 3 semanas, 2 días (Palma de Oro, 2007), Historias de la edad de oro (2009) y Más allá de las colinas (Premios al mejor guion y a la mejor actriz, 2012), Cristian Mungiu vuelve a Cannes, para esta 69a edición del Festival, con su quinto largometraje, Baccalauréat.

El realizador rumano, habitual en la Croisette y recompensado en varias ocasiones en Cannes, regresa con un drama social. Para ello cuenta con dos actores principales que llevan el peso de la cinta: Maria Drgu –conocida sobre todo por encarnar al personaje de Kiara en el filme de Michael Haneke, La cinta blanca, recompensado con la Palma de Oro en Cannes en 2009– y Adrien Titieni –actor rumano de renombre en el teatro y el cine, que ha actuado en más de 50 películas. Completan el reparto Lia Bugnar, Mlina Manovici, Vlad Ivanov, Gelu Colceag y Rare Andrici.

Romeo (Titieni), médico en una pequeña ciudad de Transilvania, lo ha dado para que su hija, Eliza (Drgu), sea aceptada en una prestigiosa universidad inglesa. A esta excelente estudiante solo le falta aprobar con sobresaliente el examen final de bachillerato para acceder al futuro brillante que se le presenta, lejos de los problemas sociales y económicos de Rumanía. Eso es lo que desean sus padres.

Lo que parecía una mera formalidad, teniendo en cuenta las excelentes notas de curso de la chica, se complica cuando ésta es agredida un día antes de las pruebas, desestabilizándola por completo. Con esta agresión, Romeo se ve obligado a tomar una serie de decisiones opuestas a los principios que ha inculcado a su hija y que le llevan a cuestionarse –al mismo tiempo que nos cuestionamos– sobre la moralidad o la ética de ciertas acciones. “¿El fin justifica todos los medios?”, ésta parece ser la pregunta indirecta que vehicula el filme.

La cinta respeta la cronología de los hechos aunque se mantiene subjetiva, siempre narrada a través del comprensivo y paciente Romeo, seguido de cerca por la cámara en una sucesión de planos secuencia que nos transmiten sus sentimientos, sus sensaciones, sus pensamientos, desde todos los ángulos.

Romeo se cuestiona también sobre lo que debe o no contarle o a su hija, sobre los valores que quiere inculcarle, y que generan muchas preguntas en el espectador: ¿cómo preparar a sus hijos para la vida? ¿Hay que guiarlos por el mismo camino que uno ha seguido o hay que animarlos a tener principios, a pesar de las adversidades? ¿Hay que prepararlos para que se conviertan en supervivientes en el mundo real o tienen que aprender a luchar para ser honestos y cambiar el mundo en la medida de lo posible? ¿Deben luchar por su propio confort o respetar a los demás y luchar por sus valores?

Baccalauréat se convierte en una radiografía del momento en que uno se da cuenta de que ya ha recorrido la mayor parte del camino y que ya ha tomado prácticamente todas las decisiones importantes de su vida. En ese preciso instante en que la educación de los hijos es lo que todavía puede dar un sentido a todas las pruebas que uno ha tenido que afrontar: “eduquen bien a sus hijos, ayúdenles a tomar decisiones mejores de las que ustedes tomaron”, decía Mungiu en una entrevista para Cannes.

Pero Baccalauréat es también una historia sobre los compromisos y los principios del hombre, sobre las decisiones y las elecciones, sobre el individualismo y la solidaridad, sobre la educación, la familia y la vejez, a la vez que describe la historia de una sociedad y de sus instituciones. “¿Existe una relación entre el compromiso, la corrupción, la educación y la pobreza?”, se preguntaba el realizador. Y observaba: “hay una relación entre la corrupción social y los compromisos morales a los que nos adaptamos a lo largo de la vida sin darnos cuenta”.

Baccalauréat, posible candidata

para la Palma de oro

En la posterior rueda de prensa, en la que estaban presentes el director y los actores, Mungiu explicaba: “Leo mucho la prensa. Había muchas historias que hablaban de corrupción y otras que hablaban de educación. De ahí partió la idea del filme. En la vida, hay que poder adaptarse para superar la situaciones difíciles, para decidir lo que es justo y lo que no lo es, qué acciones son aceptables para cada uno y cuáles son los límites”.

Interrogada sobre su visión del filme, la joven actriz, Maria Drgu, explicaba: “Es una historia muy universal para mí. Yo no he crecido en Rumanía. Mis padres me han educado en el espíritu de la cultura rumana pero hay cosas que no se pueden comprender si no se ha vivido allí. He intentado hacerlo desde el interior. La película requería expresar una gran diversidad de emociones”.

Y Mungiu concluía: “la película no solo habla de Rumanía sino de la sociedad en general. Espero que el filme genere preguntas éticas en el espectador. He hecho esta película como un mensaje universal. Me gustaría contribuir a tener un mundo mejor del que tenemos. Hacemos películas para explicar historias, para formular preguntas, para buscar un mundo mejor a nuestro alrededor”. Muy aplaudida al final de la proyección, la cinta podría perfilarse como una posible candidata a la Palma de Oro.

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