Día de las madres: la paradoja de una celebración

Día de las madres: la paradoja de una celebración

Celebrar el día de las madres es algo común en muchos países del mundo. En México esta celebración reviste una peculiaridad muy especial, pues el 10 de mayo se convierte en día de fiesta nacional. Mucho se dice que los mexicanos nos caracterizamos por lo “fiesteros” y ruidosos, así que en un día tan especial como este no pueden faltar los colores, olores y sabores típicos de los diversos Estados de nuestro País.

Según datos de la Profeco el gasto para este día sólo es levemente superado en la época navideña; en promedio cada mexicano gasta 2, 000 pesos en regalos para mamá. Ya Octavio Paz en su Laberinto daba cuenta del profundo significado que tiene la madre para nuestra cultura e identidad mexicana.

Paralelamente a las narraciones de las celebraciones nos dimos cuenta de una noticia contrastante con el ambiente festivo del día: un grupo de madres realizaron una marcha en la Ciudad de México para exigir justicia por la desaparición y asesinato de sus hijos, para estas valientes mujeres no había nada que festejar, pues en los últimos años han vivido con la angustia de no saber el paradero de sus hijos.  Es una mezcla de sentimientos la que viven estas madres mexicanas, algunas de ellas exigen justicia, otras albergan en su corazón la esperanza de recobrarlos con vida, otras simplemente desean saber si sus hijos han muerto y así iniciar el doloroso camino del duelo.

¿Son las desapariciones forzadas, levantones y secuestros un fenómeno nuevo en nuestro país? No lo creo. Lo que es nuevo es el despertar de algunos sectores de la sociedad, la capacidad para comunicarse y organizarse, el vivo deseo de exigir a la autoridad competente que cumpla con su obligación. Escuchar las distintas historias de estas madres es estrujante y provoca inevitablemente un nudo en la garganta. No es posible permanecer estoico ante dolor tan profundo.

¿Qué nos pasó como sociedad? ¿En qué momento permitimos que la descomposición social alcanzara niveles tan altos? ¿Por qué toleramos que se cometan tremendas injusticias? ¿Qué más tiene que pasar para que nos demos cuenta que algo hemos hecho mal, que no es normal que miles de madres vivan con la angustia de no saber si sus hijos desaparecidos viven o mueren? No son 43, desafortunadamente son cientos los que cada día son víctimas de una espiral de violencia que parece no tener fin.

¿Es posible vislumbrar un futuro mejor? ¿Hay espacio todavía para creer que una sociedad distinta es posible? A pesar de que nuestros líderes se empeñan en matar la esperanza, sin embargo estoy convencido que un México mejor es posible (y no es slogan de campaña). El ser humano es bueno y capaz de actos buenos. En la mayoría de los casos nuestros jóvenes no optan voluntariamente por el vicio, la delincuencia o el crimen, para muchos de ellos simplemente no hay otras opciones.

El acceso a una educación media y superior de calidad sigue siendo privilegio de algunos, las oportunidades de empleo y crecimiento para los egresados son mínimas, el campo es hoy por hoy un rubro olvidado, la impunidad y la corrupción son un lastre que no nos hemos podido sacudir. La familia, célula básica de la sociedad, escuela de valores, espacio y tiempo de aprendizaje y crecimiento está siendo vulnerada. En nombre de la “libertad” y los “derechos” ideologías de muerte buscan imponer una visión de la vida que conlleva el deterioro y desaparición de una institución tan fundamental como la familia.

No nos hemos puesto a pensar que sin familia simplemente no hay sociedad y que la familia no puede formarse ni por la unión de dos hombres ni de dos mujeres, por mucho que sientan que tienen derecho a vivir de esta manera; no hemos caído en la cuenta que una sociedad que no es capaz de defender la vida humana en el seno materno está destinada al fracaso, que una juventud ignorante e irreflexiva, formada para exigir derechos, pero ignorar responsabilidades es más vulnerable ante los embates del crimen organizado, que permitirles que porten 28 gramos de marihuana no los hace más libres ni responsables.

Pasó en México el día de las madres y mientras para algunos de nosotros era fiesta y celebración para otros simplemente significó una afrenta más y el aumento de un dolor que día con día se agudiza y se vuelve más profundo. ■

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