Gobierno de Coalición: impulsar (repensando) la propuesta

Gobierno de Coalición: impulsar (repensando) la propuesta

Plantear un Gobierno de Coalición en Zacatecas suena interesante. Pero veamos algunos rasgos de la propuesta que nos lleve a enfocar mejor los objetivos de la misma. En primer lugar el sistema de partidos políticos en los cuales se realizaría: está poco delineado el mapa ideológico de los partidos, así que la partición de los mismos en la geometría izquierda-derecha, y la elección de un polo de esta geometría para asegurar que la misma fuera plural pero con límites coherentes, es problemática. En el actual proceso electoral los pequeños grupos de interés partidarios, como pelotas dentro de bandejas (los partidos) van y vienen con el único criterio de ofrecimientos en virtuales puestos legislativos o del ejecutivo. Si los partidos se convirtieron en meras agencias electorales y han dejado de ser institutos políticos que promueven un programa que, a su vez, representa cierto sector de la sociedad, entonces es complicado que sean la base para ese gobierno de coalición. Es extraño, pero así es. La idea del gobierno de coalición (de origen parlamentario) es que, al unirse varios partidos bajo un programa, logran crear la expresión del consentimiento de mayorías sociales, y por lo mismo, la construcción de la legitimidad que asegura éxito a un programa de gobierno determinado. Pero ahora mismo los sujetos políticos al interior de los partidos son los múltiples grupos de interés que buscan colocación en las esferas de gobierno. Y estos, actúan separados de un esquema de representación social. Por ello, la primera pregunta es, ¿coalición de qué?, ¿de partidos?  Es decir, ¿de agencias electorales?, ¿de estructuras ideológicamente vacías? O, ¿coalición de grupos de interés? Esto último se puede hacer o, de hecho se hace, al interior de un solo partido.

Así las cosas, es claro que si el objetivo de un gobierno de coalición es conseguir un programa de gobierno con amplio y expreso respaldo social, se tiene que echar mano de otros mecanismos a parte de lograr acuerdo entre partidos y actores electorales. No está mal el acuerdo entre actores políticos, es un buen detonante, siempre que lo hagan sobre algún bosquejo mínimo de programa donde etiqueten propuestas coherentes y sobre la definición de un enfoque determinado (como el llamado Desarrollo Humano). Sin embargo, para que ese programa sea asumido por una mayoría social, deberá tener otro proceso: pasar a su discusión con los actores sociales afectados por dicho programa de coalición. Es decir, la coalición deberá pasar de la arena política a la arena social. Así las cosas, el convenio de coalición debe contener las diferentes etapas para concretar el Plan de Desarrollo del estado, llevándolo hacia su discusión directamente con los actores sociales afectados. Además, proponiendo modificaciones a la Ley estatal de planeación para hacer obligatorio el último proceso del que hablamos.

Un gobierno de coalición puede llevar al de Gabinete. La virtud de esta iniciativa es que disminuye mucho el nivel de arbitrariedad de la cabeza del ejecutivo, es decir, del gobernador. Uno de los argumentos para sostener esquemas presidencialistas de gobierno, es la unidad de la conducción gubernamental. Sabemos que incluso en dichos esquemas la unidad no ocurre. El comportamiento gubernamental (decisiones y acciones) se explica más como un juego de negociación, que de la elección (racional) de un solo actor. Es decir, ni en los formatos presidencialistas ocurre la llamada unidad de gobierno. Así, las políticas públicas son, en mucho, un resultado de los juegos internos de negociación de grupos e individuos ya posicionados en el poder público (la política a secas). Las políticas como resultado de la política. Como esto es así, las decisiones resultan un collage que, por serlo, ve disminuida su efectividad: las decisiones de gobierno no son la mejor solución a los problemas públicos, sino que son la expresión de la mencionada negociación. Las decisiones no responden a los problemas sociales, sino a la demanda de los actores políticos, no es la solución directa al problema que se trate, sino es una solución mediada por las exigencias de los grupos gubernamentales de interés. Y en esa ‘mediación’ se hacen revolturas que hacen a las decisiones incoherentes e ineficaces. En otras palabras, las decisiones del gobierno es el cumplimiento de compromisos, no la solución ideal a los problemas sociales. La red de compromisos forma una interferencia que anula la solución. Es cuando la politics anula la policy. Pues esta cuestión se exacerba en un hipotético gobierno de coalición, donde el pago de participación es mayor y las lealtades menores. Por ello, se debe pensar en los seguros a esta dificultad. Nada que no pueda pensarse. Como el diseño transparente de políticas y las contralorías sociales de metas por problema específico, además de esquemas que introduzcan de lleno la democracia gubernativa.

En suma, la idea de gobierno de coalición y gabinete es buena propuesta, pero debe repensar algunas dificultades y anudar algunos seguros para hacerla viable y efectiva. Espero que los legisladores actuales consideren en positivo y aprueben la iniciativa. ■

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