El desarrollo urbano sustentable y el combate a la desigualdad

El desarrollo urbano sustentable y el combate a la desigualdad

La desigualdad es un tema que debilita y confronta a las sociedades, y su atención resulta compleja porque en la mayoría de los casos sobre todo en países latinoamericanos, desgraciadamente, tiene que ver con la forma en que operan y fueron diseñadas muchas instituciones que, con intencionalidad o no, promueven la corrupción, la discriminación, la información asimétrica, entre otros aspectos, que al final del día promueven que los ricos sean más ricos y que los pobres empeoren su condición.

Para México, la reducción de la desigualdad es una asignación pendiente, ya que si bien se han presentado avances en diversos rubros, este tema sigue siendo un claro lastre para mejorar las condiciones de vida de las y los mexicanos. Desde 1984 hasta 2012 el índice de GINI (indicador de la desigualdad) en nuestro país se mantuvo entre 48 y 52, cifra alta de acuerdo al Banco Mundial y que se ratifica en un estudio de la OCDE (2015) donde México presenta uno de los índices de Gini más altos de sus países miembros en 2013.

La forma de combatir la desigualdad es muy sencilla y concreta: generar mayor riqueza y a partir de ahí generar esquemas eficientes de redistribución, desde luego la clave está en el cómo, y las diferentes formas de hacerlo llevarían varios tratados y estudios que no serán objeto de mis reflexiones en este espacio.  En esta ocasión yo quisiera abordar una vertiente muy específica que si bien no es la solución final, contribuye a la mitigación de la desigualdad y particularmente abona a reducir de manera considerable una de sus consecuencias: El resentimiento social que esta provoca, y me refiero al papel de los espacios públicos y de convivencia en las ciudades.

Imaginemos por un momento una familia promedio de clase baja que vive en alguno de los conjuntos habitacionales más poblados de Zacatecas, Guadalupe o Fresnillo, que por su antigüedad, pero sobre todo por el descuido de las autoridades y la falta de organización vecinal, se encuentra en serias condiciones de deterioro, es decir, sin áreas verdes o espacios públicos de esparcimiento, con grafitis, lleno de autos abandonados, calles con baches, con invasiones a los lugares comunitarios para usarlos como estacionamientos privados,  sin espacios de comercio o plazas, sin acceso a bibliotecas y con deficiencia en servicios básicos o acceso al transporte, es decir, un conjunto habitacional con un grave deterioro en sus espacios públicos. Ahora imaginemos que cruzando la Avenida, frente a éste conjunto existe otro de la misma antigüedad, aunque habitado por familias de mucho mayores ingresos pero que además, “por azares del destino” ha sido beneficiado con inversión pública de tal forma que tiene parques bien cuidados y funcionales, calles con accesibilidad y en resumen con espacios públicos que pudiéramos llamar “de primera”. Seguramente lo primero que vendría a la cabeza de la familia más pobre es que no es justa la vida y que no se vale que los ricos disfruten más solo por ser más ricos o porque su dinero les permite tener más influencia en los proveedores de servicios públicos, en pocas palabras estaríamos ante la generación de un resentimiento social que si bien tiene un origen en la desigualdad, es exacerbado por una acción pública mal aplicada y direccionada.

Ahora bien, que pasaría si en la colonia con las familias más pobres, al igual que la del frente, los espacios públicos son de la mejor calidad y mantenimiento, con parques y andadores que ya quisiera cualquier colonia, donde la familia protagonista de nuestra historia puede salir a convivir por las tardes y los fines de semana y hacer que se sienta orgullosa de su entorno a pesar de las dificultades económicas o que tiene al interior de su hogar; seguramente el tema de la desigualdad estaría latente, pero la carga que genera el resentimiento social se vería claramente atenuado, incluso también el de la desigualdad porque en un entorno como el descrito sus propiedades tendrían una mayor plusvalía.

Las políticas públicas en materia de desarrollo urbano y espacios públicos son una poderosa herramienta para promover la equidad social y debe ser una asignatura urgente para los tres niveles de gobierno. Los problemas de las ciudades no se arreglan desde el escritorio sino recorriendo y viviendo día con día sus calles.

Agradezco a La Jornada Zacatecas y a su Director, el Maestro Raymundo Cárdenas, la posibilidad de volver a compartir algunas reflexiones con sus múltiples lectores,  ahora con la posibilidad de hacerlo como parte del equipo de la Asociación Unidos Podemos. ■

 

*Unidos Podemos AC

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