Diario de Mateo

Diario de Mateo

La Gualdra 244

Septiembre 7

Primer día de clase. 23 alumnos: 10 mujeres, 13 hombres. Todos menores de 22 años. Ortografía pésima; más de diez saben dónde están y qué harán; algunos ya colaboran con sus profesores y empresas dedicadas a la reconstrucción.

Los alumnos sitúan mi curso como complementario a sus saberes. Son dos semestres de historia del arte, en éste miramos el mundo desde lo rupestre hasta el siglo XVIII. Es lineal, historicista y poco crítico. Haré mi esfuerzo.

Decidí que todo lo busquen en biblioteca e Internet, nada de copias dadas por mí o recomendaciones. Les llevaré a la escritura, deberán redactar un ensayo monográfico.

En la clase estuvieron atentos, salvo Equis, que estuvo desafiante. Le pregunté algunos detalles nimios.

Laura envió imágenes del bebé. Es niña. Hemos comenzado el debate de los nombres y la nacionalidad…

Espero a Antonio, iremos por unas cervezas…

 

[Mateo escribió el texto en una hoja tamaño carta (21.6 cm. x 27.9 cm.), de 75 gramos, alta blancura, “ideal para copiadoras”. Lo hace allí porque decidió sacar el diario de la vieja mochila Liyongyi ®. Por primera vez lo sacó de la bolsa que lleva a todos lados. Él está en una mesa pequeña en el Saint Germain. Pidió una taza de café, un vaso con agua y un pastel de zanahoria (68 pesos; lo reducirá del magro salario que recibirá de la Escuela).

Llegó a las 8:23 de la noche. Viste pantalón de mezclilla y una vieja camisa blanca que usa cuando don Antonio está en la Fundación. Es una camisa uniforme. Engominó el pelo. Esta representación está vinculada a la mirada que obtuvo del senador Tal, el día que Antonio los presentó “en vivo”.

En esa ocasión, el de la presentación, el senador Tal, le apretó la mano, lo miro directo a los ojos, sin sonreír –como hacen los políticos candidatos- le dijo: “un gusto”. Mateo sonrío -como hacen muchos en reacción al carisma del poder-. El senador lo recorrió y le espetó: “eres tú el inteligente de Antonio”. Mateo respondió nervioso: No, cómo cree.

Luego, en privado, Mateo admitió ante Antonio: Ése me impuso. Se nota cabrón. Antonio le espetó: “Te gustó el compungido…”, la declamación la hizo mientras aventaba el hediondo humo de un puro; lo dijo antes de sorber lo último de un Macallan®. Lo escaso del líquido hizo que Antonio inhalara el olor del whisky y lamiera el old fashion con discreción y ansia alcohólica].

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_244

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