Pablo Ramos. La ferocidad hecha ley

Pablo Ramos. La ferocidad hecha ley
La ley de la ferocidad, de Pablo Ramos

La Gualdra 242 / Libros

A la literatura suelen asignársele muchos beneficios. Según el punto de vista desde donde se observe. No es, en principio, lo mismo escribir que leer. Si bien las experiencias caminen casi siempre de la mano.

Pablo Ramos (Buenos Aires, 1966), además de músico es autor de un conjunto de obras narrativas bien distribuidas y leídas; tanto así que el sello Malpaso recién reeditó su novela La ley de la ferocidad, novela donde vuelve a aparecer el conocido personaje Gabriel.

Desde el punto de vista del autor, La ley… fue escrita de manera catártica. “Para no darme de botellazos en la cabeza”, sostuvo el propio Ramos. Ya como producto narrativo, la novela no se deslinda mucho de las intenciones señaladas.

Y es que en ella se desarrolla uno de los temas recurrentes en la literatura de todos los tiempos: la búsqueda del padre ausente, la difícil reconciliación entre padre e hijo, no siempre resuelta ni en la vida diaria ni en la ficción.

Gabriel, un entrado treintón que domina bien los distendidos ambientes de Buenos Aires, “un lugar decente, por lo menos hasta que se vino la horda de turistas sentimentales a bailar tango”, ¿sufre? la muerte de su padre. Oportunidad para echarle en cara años y años de violencia y posibilitar una reconciliación.

Pero lo que pudiera ser un espacio para la rectificación serena, se transforma en una vorágine de episodios, siempre en torno a la coyuntura de la muerte del padre, donde Gabriel refrenda su ferocidad. Ese comportamiento físico-emocional sustentado en los excesos, “destino genético”, puesto que “nadie elige lo peor porque sí”.

Su autoferocidad. La ferocidad hecha ley.

Imaginará el lector las prácticas que en La ley… se recrean desde una ficción verosímil, y de, como se advierte en alguno de sus pasajes, “de todo lo raro que uno se puede encontrar en este mundo la gente es lo único insuperable”.

Asumido asimismo como un “borracho melancólico”, un “boludo deprimente”, aunque en otros momentos violento en exceso, Gabriel trasciende a la crisis, a su crisis interior y suicida.

 

Don inútil

“Pensé que un suicida es aquél que ha perdido por completo su instinto de supervivencia”, reflexiona. “Un borracho, un drogadicto, es casi lo mismo que un suicida, solamente que un resabio de ese instinto todavía perdura en su alma. Los tres habitan el infierno: la conciencia implacable de que existir es don inútil”.

¿Hacia dónde se dirige Gabriel? Él mismo nos lo dirá. En principio, a resolver los problemas “técnicos” del velorio y entierro de su padre. A la resolución de una historia que “puede ser circunstancial, tal vez insuficiente, pero (que) tiene el valor de otorgarle al hombre, mi padre, la categoría de hombre real”.

¿Después? Lo descubrirá el lector.

En sus encuentros y desencuentros con el padre, el personaje de Ramos evocará pasados, inevitable esquivar “el único tema: mi padre”. Donde mucho aportarán la reconstrucción de los recuerdos y la memoria: elementos de los que se conforma la literatura en cualquiera de sus consideraciones.

 

Ese partido arreglado

“Lo último y más fuerte que recuerdo de ese año fue la final del Mundial 78. En casa se vivió igual, mi padre era un fanático del fútbol y tal vez tuvo la ilusión de que el fútbol se salvara más allá de ese partido arreglado y no quedara salpicado de sangre, de la sangre de sus amigos peronistas. Pero creo que no pudo sostener el engaño. Además pasó algo que terminó por arruinarle eso también. En el festejo, en una discusión en grupo sobre el arreglo que había sido la clasificación, se dijeron cosas hirientes con un amigo del club Brisas del Plata y con otros vecinos que habían ido con nosotros a festejar hasta la avenida Mitre. La discusión pasó de caliente a muy caliente y mi padre, que había estado callado hasta ese momento, callado todos los días de su vida de ese año, callado por el poder de los que tenían poder, explotó y dijo todo, todo junto, y terminó a las trompadas con uno de sus amigos. El resultado fue que un hombre mayor que él y que los demás, alguien así como el padre de su barra de infancia, en su afán por separarlos tuvo un infarto y murió ahí, en la calle.

Desde entonces hasta la muerte de su madre primero y de su hermano Juan después, su tristeza no tuvo ni un tiempo de descanso. Como si la vida decidiera tirarle uno por u no los ladrillos de una casa que él pensaba sólida. Mi padre se quedó adentro para aguantar el derrumbe y, como era de esperar, se derrumbó junto con ella”.

Pablo Ramos, La ley de la ferocidad, fragmento.

 

 

Sobre el autor

El origen de la tristeza (novela, 2014).

En cinco minutos levántate María (novela, 2010).

Cuando lo peor haya pasado (relato, 2003, Premio Fondo Nacional de las Artes; Premio Casa de las Américas).

El camino de la luna (cuento, 2012).

 

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Pablo Ramos, La ley de la ferocidad, Malpaso, Barcelona, 2016, 322 pp.

* [email protected]

 

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra_242

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