Un cambio profundo ante el caos, los jóvenes son la solución

Un cambio profundo ante el caos, los jóvenes son la solución

México requiere de un cambio profundo en sus estructuras más básicas, la pobreza, la marginación, la inseguridad y la venta fanática de una realidad que no existe, nos ha llevado a la desesperanza colectiva; como pueblo, se nos ha olvidado que somos la base fundamental de la soberanía y que hemos delegado el poder a personajes que históricamente han saqueado la riqueza de la nación, junto con nuestros anhelos de bienestar común. Hemos educado a nuestros jóvenes desde la perspectiva de que para ser un triunfador es necesario pisotear al prójimo; les hemos enseñado una manera de hacer  política tan nefasta que en el futuro próximo pagaremos las consecuencias de haber edificado una nueva generación de políticos, peores de que los que hoy tenemos. Como sociedad, no estamos construyendo las bases de una nueva nación que responda a las justas aspiraciones de las presentes y futuras generaciones, lo cual, necesariamente traerá como consencuencia que nuestro país, se adentre en el caos y la desarticulación institucional. En este contexto y desde diversas ideologías y posturas políticas, hemos tenido que padecer a  candidatos históricos que se empecinan con llegar a la silla presidencial provocando que muchos jóvenes se queden sentados por años en espera de que los arcaícos políticos suelten la simple posibilidad de acceder a la máxima magistratura de México. De tal suerte, basta y sobra con voltear hacia atrás para reconocer lo que como pueblo hemos permitido, así, nos han devaluado el peso hasta el hartazgo, le quitaron tres ceros a nuestra moneda, nos han tatuado en los bolsillos el IVA y además, nuestro salario es indigno e insuficiente; el estado nos cobra tributo hasta por morirnos. De tal suerte, considero que el nuevo giro que identifico como urgente, tiene mucho que ver con nuestros jóvenes, por lo que debemos insistir en la estructuración de una nueva ideología que tenga como punto de partida, la honestidad para con nuestras presentes generaciones y decirles sin más, que hemos sido cómplices de los malos gobiernos, que nos hemos agachado bajo el estigma de la aceptación de nuestra jodidez, que hemos abrazado el sufrimiento y hemos renunciado a la prosperidad, a la felicidad y a la abundancia que nos ofrece el país. Todos hemos sostenido desde hace más de 74 años a una clase en el poder que nos cierra las puertas y las ventanas del progreso, que nos mira hacia abajo y nos desprecia cuando ve el polvo de los surcos en los huaraches de la gente; una clase política insostenible, hipócrita y altanera, que disfruta de vehículos, gasolina, viáticos y tragaderas a nuestras costillas en los mejores lugares, con servidores públicos que lo menos que hacen es servir a la gente y, del otro lado del puente y en el subsuelo, la clase trabajadora es sometida a largas horas de explotación, soportando sobre en el lomo, a muchos chicos nice que por ser hijos de papi o herederos de la corrupción, se encuentran ubicados en el sector privilegiado de México, en tanto que miles de muchachos y muchachas de bajos recursos, están condenados a la perfección exhorbitante para poder destacar y ser aceptados en el ámbito de la política y otros males sociales. Así pues, lo menos que podemos hacer por un cambio efectivo que beneficie al país, es construir desde hoy, a los políticos que queremos para el futuro y, si queremos verlo de otra forma, si desde el 2016 criamos ratas y cuervos, no nos extrañe que los próximos presidentes de la República, gobernadores, presidentes municipales, diputados, y demás servidores públicos, acaben de roer y extirpar las pocas entrañas que dejen los políticos actuales. Así las cosas, es fundamental iniciar con un cambio de rumbo, con nuevas estrategias de desarrollo; cultivemos una nueva democracia, que sea austera en lo económico y abundante en respuestas a las apiraciones de los jóvenes por participar en la conducción de los destinos de sus estados y municipios, una democracia que evite que los dinosaurios se aferren eternamente a las candidaturas aunque cambien de piel y colores partidistas; una democracia que se cierre al financiamiento ilícito y se vuelva netamente ciudadano en su cuerpo monárquico que ha transmutado de IFE a INE. El cambio que propongo, debe centrarse también en la reestructuración de la Administración Pública de donde emana la corrupción como modus operandi, así, el gobierno deberá ser tan eficiente para cobrar impuestos como para asegurarnos la seguridad y la tranquilidad que hemos perdido, de lo contrario, la justicia por propia mano, será una tentanción omnipresente en nuestras vidas. El cambio es posible y está en nuestras manos. Ojalá. ■

 

*Representante de Zacatecas ante el

Consejo Consultivo Nacional de Medio Ambiente de la Semarnat

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