Inicia una nueva era en la observación del universo a través de las ondas gravitacionales

Inicia una nueva era en la observación del  universo a través de las ondas gravitacionales
Otra vez el físico alemán “tenía razón”, señaló el catedrático, pues Einstein adelantaba la existencia de ondas gravitacionales ■ FOTO: LA JORNADA ZACATECAS

■ La corroboración del fenómeno permitirá desentrañar más a las supernovas: investigador

■ El crédito del descubrimiento no pertenece a una nación sino al mundo entero, asegura

En algún lugar del universo y al tiempo en que en la Tierra apenas se formaban las primeras células en el mar, dos agujeros negros súper masivos “bailaban” uno en torno al otro hasta juntarse en un abrazo del que surgiría un agujero negro mayor y capaz de perturbar el espacio-tiempo generando una onda gravitacional.

El fenómeno viajó mil 300 millones de años a la velocidad de la luz hasta ser captado el pasado 14 de septiembre de 2015 por los interferómetros terrestres, corroborando así una parte de la Teoría general de la relatividad de Albert Einstein, justo la que adelantaba la existencia de las ondas gravitacionales, expuso Miguel Ángel García Aspeitia, catedrático del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y especialista en Cosmología y Astrofísica.

“Einstein nos explicó hace 100 años que la gravedad es la deformación del espacio-tiempo por el efecto no de una fuerza sino de las masas” que generan curvaturas en él, agregó el docente e investigador en la Unidad Académica de Física de la Universidad Autónoma de Zacatecas, quien invitó a imaginar una sábana en tensión sobre la que se desliza hacia el centro una pelota que formará una curvatura, y si se suelta desde sus orillas otra pelota seguirá una trayectoria elíptica y concéntrica hasta acercarse a la primera, o bien simplemente se dirigirá hacia ella en línea recta.

Esta sábana representa al espacio-tiempo, que puede sufrir una perturbación del mismo modo en que hemos atestiguado ocurre con el agua cuando un objeto la hace vibrar produciendo ondas, que en este caso serán gravitacionales, algo que no es fácil de lograr, comentó. “Yo puedo mandar una onda gravitacional con el simple movimiento de mi mano pero será extremadamente débil”.

Se requiere entonces algo muy grande y con una alta concentración de masa, una estrella de neutrones o un agujero negro para generar una onda gravitacional.

Para dimensionar el fenómeno del que habla propuso ahora imaginar que “nos pudiésemos sentar en una estrella de neutrones” para tomar parte de su masa con una cuchara cafetera. Esta medida pesaría, dijo, tanto como el edificio Empire State de Nueva York.

Estrellas como estas, 20 o 30 veces mayores en masa que el sol en torno al cual gira nuestro planeta, existen en el universo. En ellas se presenta “una lucha” entre la gravedad y el combustible nuclear que las incendia, pero este último en algún momento se extinguirá generando una implosión debido a la alta densidad existente en el centro del cuerpo.

Así se convertirá en una estrella de neutrones o en caso de haber una mayor concentración de masa, en un agujero negro, el último, fenómeno del que justo por esta característica, ni siquiera la luz es capaz de escapar a su atracción.

Fue entonces una binaria, es decir, la composición de dos estrellas gigantes que al implosionar generaron sendos agujeros negros y luego otro mayor y capaz de producir hace mil 300 millones de años el fenómeno percibido el pasado septiembre y cuyo registro luego de pasar por enormes filtros estadísticos, de análisis de datos y experimentos se le ha dado un “99.9999…” por ciento de confidencia respecto a que efectivamente sea una onda gravitacional, dijo.

El descubrimiento o corroboración de la existencia de las ondas gravitacionales, implica un hito para la ciencia astronómica que antes basaba sus observaciones en la luz, ya sea blanca o mediante su espectro de rayos x, gamma, infrarrojos o ultravioleta, expuso García Aspeitia.

“Ahora llega una nueva era en la que también se utilizarán en la observación del universo ondas gravitacionales”. Los científicos suponen que la gravedad presenta el mismo comportamiento dual de la luz, como onda y partícula. De la última conocida como gravitón, ya adelantaba Einstein que su masa era cero, cosa que las recientes observaciones ya demuestran, porque otra vez el físico alemán, “tenía razón”.

“Entonces nos abre todo un nuevo mundo para la astronomía. La astrofísica moderna va a estar basada en los interferómetros, en estos observatorios modernos”, que explicó, son especies de antenas que tienen “brazos” de hasta cuatro kilómetros de longitud, con los que captaron las ondas gravitacionales, y que entre otros países han construido Alemania, Japón, Italia y los Estados Unidos.

Fue justo en este país, en el interferómetro de Louisiana, donde fue captada la señal de la onda gravitacional emitida hace mil 300 millones de años, que luego de alrededor de siete nanosegundos también fue percibida en el interferómetro de Washington.

El crédito del descubrimiento comentó también Miguel Ángel García Aspeitia, no pertenece a una nación o a un grupo científico sino al mundo entero pues, durante 100 años se ha estado generando tecnología, ya sea la interferometría, los rayos láser o los gps, que permitieron percibir esta señal.

En el cuerpo de investigadores incluso ha habido la participación de mexicanos quienes ayudaron en el tema de la interferometría y es argentina la vocera de este experimento, por lo que “los latinoamericanos, dijo, “están ahí dentro”.

“Es una colaboración de todo el planeta, no es nada sencillo y no puede hacerlo sólo un país”.

Esta nueva forma de “observar” el universo permitirá entre otras cosas desentrañar más del fenómeno de las supernovas. De estas explosiones estelares “solamente nos llega la luz pero nunca hemos visto su interior”, y es justo la onda gravitacional la que proviene del interior de estas “máquinas termonucleares”, dijo.

No se sabe de qué manera las ondas gravitacionales interactúan con la materia oscura, pero a través de ellas podría saberse por fin qué es, cómo se comporta y distribuye en el universo, uno que se está acelerando “no sabemos por qué”.El fenómeno se atribuye a la energía oscura, con la también se desconoce cómo interactúan las ondas gravitacionales.

Puede ser, incluso, “que ni siquiera interactúen -las ondas gravitacionales- con nada de este tipo de nueva materia y energía, pero también nos van a decir que no y por qué”, sentenció.

Miguel Ángel García Aspeitia es catedrático del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología especialista en Cosmología y Astrofísica e integrante del Sistema Nacional de Investigadores, ofreció el día de ayer en Los Martes de Ciencia de la UAZ la conferencia Ondas gravitacionales. Del rumor a la realidad.

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