Las paradojas del Plebiscito del Spauaz

Las paradojas del Plebiscito del Spauaz

Es importante que existan mecanismos de democracia directa en la sociedad, en las instancias intermedias y en organizaciones específicas, como el caso de las gremiales. Hay cuestiones que deben resolverse sin mediación de representación alguna. Decisiones que deben caer en la fuente de la soberanía (de la instancia que se trate): determinaciones de trascendencia tal, que implique modificar las bases del pacto  institucional. Sin embargo, en su puesta en marcha hay condiciones sine qua non para que sea un mecanismo efectivo (y deseable). Lo central es la realización de un amplio proceso de deliberación en dos niveles: (1) en las instancias representativas que organizan y diseñan el plebiscito, ya que tienen que establecer una opción a decidir en todo o nada, en sí o no, en blanco y negro. Y llegar a ese planteamiento es una cosa compleja y se manejan muchas variables. El otro nivel (2)  es en las propias bases de votantes: debe haber información suficiente y mecanismos deliberativos para discernir la decisión a votar. Sin esos elementos, el plebiscito se puede convertir en un mecanismo contraproducente, porque lleva directamente al error. La información debe quedar completamente disponible para que al final sólo intervenga un acto de voluntad en el momento de votar.

En el caso del plebiscito del Spauaz hay una paradoja de entrada: una bandera para ir a huelga es la solicitud de información, y la cual al mismo tiempo es un insumo básico para decidir estallar o no. Esto significa que el Comité debió garantizar (mediante otras acciones) el acceso a toda la información que requiere, antes del término del emplazamiento para no incurrir en dicha paradoja. Esto ocurre porque no hay estrategia. Y sin plan claro, se puede llevar a las bases a un plebiscito en falso. ¿Cómo van a decidir las bases de profesores su voto sin esa información? Y sin estrategia, ¿cómo pueden tener criterios para discernir su decisión? Es como llevar a las bases a votar a ciegas. Por tanto los criterios para emitir su voto estarán lejos del objeto sustancial de la cuestión preguntada, e intervendrán motivos ajenos a la cuestión, como los personales, que cada docente se hará: “¿qué motivos tengo para apoyar la suspensión o la continuidad de actividades?”. Y estos motivos pueden ser de los más variado, y lejanos del cálculo de la cuestión preguntada: ¿conviene al gremio estallar la huelga según sus banderas expuestas? Si hacemos una encuesta a los profesores para observar sus motivos para elegir el Sí o el No, encontraremos una dispersión de móviles que denunciarán la ausencia de información y deliberación previa, los requisitos sine qua non para que el plebiscito sea efectivo. Por ello, los mecanismos de democracia directa son deseables, pero obliga a las dirigencias a un trabajo metódico de preparación del mismo, para que el mecanismo se realice en terreno firme. En este caso parece que la dirigencia ha decidido inducir, sin decirlo, el No. Y ésa es una conducta que puede traer como consecuencia la incertidumbre, el desánimo y la dispersión. Y estas últimas cosas, son veneno puro para una organización sindical.

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