Eduardo Román Quezada, ‘el Torque’

Eduardo Román Quezada, ‘el Torque’

La Gualdra 233 / Artes visuales

Originario del municipio de Juchipila, Zacatecas, mi padre nació un 26 de enero del año de 1952 y falleció el 12 de febrero del pasado 2015. Su vida la dedicó a estudiar leyes, economía y humanidades -ninguna finalizada porque su afición siempre fue el teatro y la fotografía-. Maestro en los procesos de manipulación de la luz, pasó su vida capturando objetos, movimientos sociales, muros, culturas, personajes, paisajes y cuerpos de una forma única.

Desde que tengo memoria recuerdo haber estado siempre rodeado de imágenes suspendidas en los muros de mi hogar, cámaras fotográficas de todo tipo, desnudos y un olor penetrante a químicos desconocidos con los que misteriosamente él trabajaba en las penumbras de un cuarto al que le estaba estrictamente prohibida la entrada de luz. Yo, sólo un pequeño ignorante inconsciente de las maravillas que se estaban cocinando en ese pequeño pero mágico lugar; él, un padre cariñoso, siempre preocupado por la formación cultural de sus hijos, así como por las mentes jóvenes y emprendedoras en el Estado.

En ocasiones nos llevaba al misterioso lugar a presenciar los entonces complicados procesos fotográficos con los cuales daba vida a las piezas que rodeaban y alegraban nuestro entorno. Me parecía increíble cómo una persona podía trabajar en un lugar a oscuras, donde los sentidos se agudizan por la ausencia de luz, donde lo único que puede uno ver y escuchar es una orquesta producida por un reloj de manecillas, agua corriendo por las tuberías y pequeños tanques de plástico chocando entre sí para después, mágicamente, cuando todo estaba listo, poder visualizar con la ayuda de una tenue luz rojiza que irrumpía entre las tinieblas, una imagen brotando sobre el papel blanco virgen, como si de un acto de brujería se tratara.

Fue hasta que empecé a adquirir la madurez necesaria para intentar comprender las causas y el sentido de sus obras, que me interesé definitivamente por la fotografía. No sé exactamente en qué momento me di cuenta de eso, pero sucedió; quería ser como él, no sólo en el carácter artístico sino también en sus modos y cualidades personales: su sencillez, su carisma, su manera de tratar a la gente y su buen humor siempre presente… una gran sabiduría lo caracterizaba, incluso en los momentos más difíciles.

En el aspecto técnico fue un fotógrafo valiente. Los obstáculos que la modernidad trajo consigo, el avance tecnológico y las nuevas tendencias de la imagen, amenazaban a los fotógrafos de su época poniendo en entredicho el futuro de la fotografía como tal, así como el título que ellos habían obtenido a través de los años con tanto trabajo. El paso a la era digital y la democratización de la imagen trajeron consigo una serie de inconvenientes para los que no estaban dispuestos a adaptarse al cambio tecnológico; la decadencia de la película fotosensible y la falta de demanda en los laboratorios llevaron incluso a la quiebra a grandes empresas internacionales dedicadas al proceso fotográfico. Sin embargo, esto no representó problema para alguien que estaba destinado a deleitarnos con el poder de su obra hasta el final de sus días. Obviamente era un reto que no cualquiera podía manejar.

Pese a todo, este cambio le abrió un nuevo abanico de posibilidades, se dio un cambio en los procesos de producción; en ocasiones decidió conjugar su trabajo con el de varios artistas, obteniendo resultados bastante interesantes. Mi padre llegó también a combinar imágenes suyas con las de un humilde servidor, un pobre aspirante a fotógrafo carente de sentido, convirtiéndolas con el toque del rey Midas en obras dignas del Torque.

Él decía: “La fotografía es nuestra extensión. Es un medio de comunicación donde se generan siempre proyectos nuevos. Es la reinvención de uno mismo”. El resultado, un universo de imágenes abierto a un sin fin de nuevas posibilidades y nuevos significados que traen consigo historias frescas, mundos inexplorados y nuevas atmósferas que nos incitan a viajar tan lejos como la imaginación nos lo torne posible.

Uno de los privilegios más grandes en mi vida ha sido el poder compartir con él la pasión por la fotografía, el tráfico de ideas entre padre e hijo, el llegar a concretar obras juntos… pero sobre todo, me enorgullezco de la enorme herencia fotográfica que Eduardo Román el Torque, mi padre, nos dejó a todos los zacatecanos.

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* Productor audiovisual. En el primer aniversario luctuoso de su padre.

[Fotografías de Eduardo Román Quezada, el Torque]

https://issuu.com/lajornadazacatecas.com.mx/docs/la_gualdra-233

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