Mantiene Raquel García una tradición familiar con la venta de campechanas

Mantiene Raquel García una tradición familiar con la venta de campechanas

■ Hace más de 40 años vende su producto en la avenida Hidalgo, de la ciudad de Zacatecas

■ “Es una receta que muy poca gente tiene; no cualquiera elabora este tipo de pan”, asevera

Raquel García Zamarrón, originaria de la localidad de El Saucito, en el municipio de Pánfilo Natera, llegó con su familia buscando una mejor calidad de vida en la capital. Su idea era trabajar como empleada doméstica; sin embargo, nunca imaginó que se casaría con uno de los herederos de una receta antiquísima para elaborar campechanas y que tiene sus orígenes en la Revolución Mexicana. Ella se ha encargado de mantener vigente la tradición a través de sus hijos y nietos desde hace más de 40 años y vende el pan en la avenida Hidalgo, en el Centro Histórico.

En 1967, cuando llegó a Zacatecas, tenía 16 años y a esa edad conoció a Bernabé Sánchez Jiménez, quien se convirtió en su esposo. También conoció a su suegro, Pedro Sánchez, a quien no le gustaba que las mujeres estuvieran en la cocina ni que supieran de su receta para hacer campechanas.

Sin embargo, su esposo empezó a elaborar este tipo de pan, y fue con Bernabé que aprendió a hacerlo, pues él era el único heredero de la receta familiar, ya que ninguno de sus hermanos tenía interés en seguir los pasos de su padre. A ella, en un principio, no le emocionaba la idea, pues no conocía las campechanas y pensaba que sería un mal negocio.

Entre los dos comenzaron a involucrarse en el negocio familiar y recuerda que iniciaron con una canasta que tiene más de 50 años, en la cual colocaban las campechanas. Entre ambos las elaboraban y Bernabé salía a vender al mercado de El Laberinto.

Señala que ante la negativa de los hermanos de Bernabé de seguir elaborando campechanas, la mujer lo convenció de seguir con la tradición que habían dejado sus suegros, y con ello mantener el negocio familiar.

“Es una receta que poca gente tiene, además de que la campechana no cualquiera la elabora, pues se requiere tiempo, paciencia y dedicación, y sobre todo mucho amor para que salgan bien las cosas”, dice Raquel.

Hace años que enviudó, pero con el apoyo de sus hijos siguió adelante con el negocio, y actualmente trabajan con ella sus cinco hijas, un sobrino y un yerno y es la tercera generación que aprende el oficio. Su único hijo trabaja de forma independiente con su familia.

El sabor de sus campechanas ha trascendido las fronteras, pues quienes visitan la ciudad llegan a su puesto para llevar pan a Canadá, Nueva York, incluso hasta China, y hay políticos y artistas que buscan su producto.

Doña Raquel llegó a la capital del estado a los 16 años, proveniente del municipio de Pánfilo Natera, iniciándose en el negocio en compañía de su esposo ■ FOTOS: MIGUEL ÁNGEL NÚÑEZ

Dice orgullosa que gobernantes como Ricardo Monreal, Amalia García Medina y el actual gobernador, Miguel Alonso Reyes, han llegado a pie a su pequeño puesto en la avenida Hidalgo a comprar campechanas.

Recuerda que en una visita del ex presidente Ernesto Zedillo, quienes lo acompañaban llegaron a solicitarle que les prepara unas campechanas especiales, y que estuvieran blandas, pues el presidente tenía dientes postizos.

Entre los artistas que visitaron la entidad y que han buscado su pan se encuentra Beatriz Adriana, de quien recuerda que llegó acompañada de sus guaruras. El cantautor Joan Sebástian, cuando presentó un concierto en el estado, encargó a su personal que le consiguieran campechanas hechas por Raquel.

Mientras observa la canasta con la que trabajó su suegro y que tiene ya 50 años de estar en la familia, dice nostálgica: “me han dicho que es mejor remojar un puño de harina, porque si no lo vendes al menos te lo comes, pero si remojas un ladrillo no puedes; yo les aconsejo a mis hijos y nietos que amen este oficio que nos heredaron su abuelo y su padre porque yo no sé cuánto más les dure”.

Explica que las labores de preparación de las campechanas inician desde las 7 de la mañana con la preparación de la masa; se prende el horno, hecho de ladrillo, y los trabajadores toman un descanso para desayunar.

Doña Raquel llegó a la capital del estado a los 16 años, proveniente del municipio de Pánfilo Natera, iniciándose en el negocio en compañía de su esposo ■ FOTOS: MIGUEL ÁNGEL NÚÑEZ

Luego siguen con el calentamiento del pan y se dan otro descanso para comer. Posteriormente se llevan las canastas al centro de la ciudad, donde ya está la vendedora, quien permanece hasta que se inicia la noche.

Menciona que en 1968, cuando inició el negocio, cada campechana costaba 50 centavos, aunque ahora ya subió el precio a 8 pesos, pero esto ha sido debido a la alza de los costos de los ingredientes que utiliza.

“Hay muchos imitadores, pero estas son las originales campechanas; es un pan que puede conservarse hasta por dos meses. Hacer campechanas me cambió mi vida porque, aunque no se gana mucho y es más lo que se trabaja, lo hago por el cariño que le tengo a mis suegros y a mi esposo, quien hizo el cocedor, nos dejó un oficio del cual vivir y se fue muy tranquilo”, expresa la mujer.

Comparte que durante estos más de 40 años trabajando en la avenida Hidalgo ha sido testigo de pleitos, persecuciones policiacas, atropellados y de gente corriendo asustada por supuestas balaceras.

“Yo les diría a mis clientes que estoy muy agradecida por su preferencia, porque se siente su cariño; cuando no voy, preguntan que dónde está la señora, y eso me da satisfacción porque significa que soy alguien en la vida; eso me motiva a hacer las cosas de mejor manera. Agradezco a Dios por todos los beneficios”, indica Raquel.

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