Universitarios zacatecanos: llegó la hora de limpiar la casa

Universitarios zacatecanos: llegó la hora de limpiar la casa

Hoy decidirán los maestros universitarios si levantan o continúan su movimiento huelguístico; siendo un observador externo es difícil hacer un pronóstico sobre el sentido en que se expresará la voluntad mayoritaria, y más cuando entre amigos y contertulios de café se expresan posiciones muy diversas; sin embargo, los ecos de la asamblea general del lunes, el sentido de los aplausos y los abucheos expresados en ella, así como las referencias que circulan intensamente por las redes me permiten concluir que la reflexión iniciada durante la huelga de hace un año, estimulada y enriquecida en las tres semanas de la actual, ha logrado algo que parecía imposible: el establecimiento de un nuevo cimiento o principio de comunidad universitaria. Desde mi punto de vista, lo que se está gestando en la UAZ es un movimiento de conciencia sobre la necesidad de defender la universidad pública y los derechos sociales: no es un agrupamiento político nuevo, ni una organización articulada en torno de un liderazgo emergente, ni quiere conquistar espacios en el Consejo Universitario, ni busca colocar personas afines en puestos clave. La movilización que está teniendo lugar en la Máxima Casa de Estudios es todavía difusa pero muy extendida en la conciencia común y se basa en la convicción de que la UAZ requiere ser reformada con urgencia. Por eso es más desafiante para los defensores del status quo.

En la lógica tradicional de los grupos universitarios, sería mejor que ese movimiento tuviera un líder identificable o fuera un grupo con quien negociar. Lo que mostró la asamblea es que ya nació un movimiento de conciencia que está resultando difícil de contener con los medios habituales de los que suelen echar mano los operadores de siempre: ¿A quién debe acusarse y de qué, si el movimiento tiene muchas cabezas y cientos de voces que, sin ponerse de acuerdo, van adoptando las mismas ideas? ¿Con quién debe negociarse o a quién debe cooptarse? Si esas voces no emanan de la representación política tradicional ¿contra quién tendrían directores y autoridades centrales que enderezar la estrategia de defensa del status quo y sus beneficiarios?

Pienso que la insatisfacción generalizada entre los académicos, así voten por continuar o por levantar la huelga, se extiende a buena parte del estudiantado y constituye un movimiento que ya representa el mayor desafío que ha enfrentado la élite dirigente de la UAZ en los últimos 10 años. De un lado, porque sus interlocutores formales están rebasados por las mismas causas que dieron origen a estas circunstancias inéditas: los grupos tradicionales ya no resisten ni apoyan, porque se han encerrado en sí mismos, y porque las respuestas tradicionales que ofrecen no logran comunicar prácticamente nada. Su mejor argumento no sólo es conservador, sino circular: defienden lo que hay, simplemente porque ya existe; porque así son las cosas. Entre ellos no hay ninguna elaboración medianamente sofisticada: todo es operación política práctica para mantener el status quo.

El problema es que ya es imposible mantener el status quo. Podrán restablecer las rutinas académicas y administrativas, volver a repartir plazas, puestos y presupuestos; podrán seguir fingiendo que están preparados para resolver los problemas y repartir prebendas a cambio de disciplinas; podrán seguir simulando la existencia de un verdadero Consejo Universitario y que las preocupaciones académicas y las necesidades del pueblo de Zacatecas están en el centro de sus preocupaciones, pero la conciencia de los universitarios ya está gestando el rechazo al montaje. Maestros y estudiantes  ya saben que se trata de una puesta en escena y que lo único cierto es el interés de esos actores por mantener intacto el reparto de los papeles.

Pronto llegarán los acuerdos y compromisos, secretos y/o públicos, con las autoridades federales, hacendarias y educativas, para desvanecer el carácter público de la Universidad y contener su crecimiento; se presentarán diagnósticos y reestructuras para justificar decisiones impuestas, porque a la hora de tomar decisiones lo único que estará presente es la obstinación bien remunerada de la élite universitaria para dejar las cosas tal como están, añadiendo algún maquillaje. Excepto por la conciencia que va brotando por todos lados y que va mostrando que las bases ya no quieren mantenerse en los papeles asignados. No es un maestro o un pequeño grupo de estudiantes insumisos, sino muchos y creciendo por todas partes sin una organización y sin un guion previos, que van sumando sus conciencias en un movimiento inconexo que, a la postre, significará la mayor crisis del orden clientelar dominante en la universidad de los zacatecanos.

Es imposible pensar que el estancamiento en la mediocridad se mantendrá por más tiempo. Los universitarios están obligados a dar cauce al debate de fondo que se impone para establecer las bases de confianza necesarias para que la tarea de limpiar la casa se lleve a cabo con rapidez y eficacia. Las buenas noticias son, acaso, que sea cual fuere la decisión sobre la huelga, el movimiento regenerador ya comenzó y, como sabemos,  nada es más poderoso que la conciencia colectiva puesta en acción. ■

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