Tortas japonesas

Tortas japonesas

Es verdaderamente lamentable que acciones u omisiones como las recientemente verificadas en Tlatlaya e Iguala, que han sido desde siempre parte de nuestra normalidad democrática, y aun de nuestra identidad nacional, susciten manifestaciones masivas que no sólo ahuyentan inversiones sino atentan contra una meritoria labor gubernamental-empresarial de varias décadas, desviando a los posibles visitantes a Tailandia, Laos, Camboya y otros destinos de turismo especializado.

Opina el señor José Luis Soberanes, antiguo presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, que el papel del Estado consiste en proteger a sus ciudadanos y no en asesinarlos; tesis que (siendo el Ejército según todas las encuestas la institución estatal más respetada, perteneciente a un país pacifista, incapaz de guerrear con cualquier otro, y cuya patriótica labor –so pena de un enorme despilfarro- no puede ser sino matar  mexicanos) no sólo no se sostiene, sino resulta desafortunada, antipática y errónea.

Es verdaderamente aterrador el mal agradecimiento desplegado por un grupo de padres guerrerenses, que al generoso ofrecimiento del señor procurador Murillo Karam, de que las cenizas de sus hijos sean procesadas por el mismo laboratorio que identificó las de la última familia reinante en la Rusia Imperial, honor inconcebible aun en sus sueños más desaforados, contestó con refunfuños, reproches y aun imprecaciones.

Es precisamente en estos días aciagos cuando el viaje a China y Australia del señor presidente Peña Nieto resulta más oportuno, ya que es urgente demostrar al mundo no sólo que México es más grande que sus problemas sino también que no somos los mexicanos o normalistas de Ayotzinapa o porristas de la selección nacional, con mega-panza chelera, mega-sombrero de petate y mega-corneta tricolor, sino hay también finos caballeros, de panza moderadamente pulquera, que si hablan un español abominable ni a quien le importe, pues al fin y al cabo allá tampoco hablan la lengua de Cervantes.

Nos congratulamos las fieles ovejas del rebaño zacatecano, y aun elevamos cánticos y preces a la mayor gloria del Señor por la denuncia de nuestro padre obispo de acuerdo con la cual la voz del padre Solalinde no es la de Iglesia Mexicana; posición evangélica con la que somos plenamente conformes, habida cuenta suele la verdad ser muy desagradable, y  dificulta a menudo de la cordial connivencia, perdón, convivencia. ■

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