Daniel Herrera, viendo los cambios de la tecnología a través del oficio de eléctrico

Daniel Herrera, viendo los cambios de la tecnología a través del oficio de eléctrico

■ Desarmaba los aparatos eléctricos para ver cómo estaban estructurados por dentro, dice

Daniel Herrera ha dedicado más de la mitad de su vida a la reparación eléctrica de electrodomésticos. Ubicado desde hace más de 20 años sobre el bulevar López Portillo, ha visto pasar los cambios en la tecnología. Daniel es originario del municipio de Río Grande, donde cursó su educación preescolar, primaria y  secundaria, mientras que el bachillerato lo realizó en la cabecera municipal de Fresnillo.

Recuerda que fue en la preparatoria donde descubrió su vocación, pues ingresó al bachillerato de físico matemático, aprendió electromecánica y le llamó la atención aprender electricidad.

“En aquel tiempo desbarataba los aparatos eléctricos para conocer por dentro su estructura, para ver de qué forma estaban conformados; aun no los arreglaba, estaba en la etapa de conocimiento, de descubrir por dentro los sistemas”, dice Daniel.

Posteriormente, en el año de 1981, después de concluir su preparatoria, llega a estudiar a la capital y se inscribe a la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ), donde ingresa a la carrera de Ingeniería Mecánica.

Entre sus conocidos y familiares comenzó a hacer sus prácticas reparando sistemas de audio como radios, grabadoras, estéreos y modulares. Dice que “algunos los arreglaba, otros no, pero en un principio intentó con este tipo de aparatos”.

Daniel adquiría las refacciones y piezas electrónicas en una tienda, propiedad de Javier Acuña. Éste observaba que el joven eléctrico acudía constantemente a adquirir repuestos y con el tiempo supo a lo que se dedicaba Daniel. Posteriormente lo invitó a trabajar con él, en su taller de reparaciones eléctricas, dándole la oportunidad de estudiar por las mañanas y trabajar durante las tardes.

“Ahí fue donde tome experiencia, dice Herrera. Salí de la carrera, y fue cuando me decidí a emprender mi propio negocio, pues ya tenía experiencia en el taller del señor Javier, y ya había concluido mis estudios; en un principio no quería que me fuera, pero después lo acepto”.

Cerca del año de 1988, rentó en 500 pesos un pequeño cuarto en la calle Urizar. Años después, un docente de la universidad lo invitó a trabajar con él en un edificio a un costado del bulevar López Portillo.

Dice que en esos años la actividad del lugar era comercial, se permitía estacionar los automóviles en doble fila y había concurrencia de personas en los diferentes establecimientos que se encuentran en la zona.

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En ese local, en el cual ya tiene más de 20 años, instaló su negocio de reparación de aparatos electrónicos, aunque reconoce que nunca se le ocurrió ponerle un nombre a su local. “Sólo lo ubican como el negocio que se encuentra enfrente de donde eran las oficinas de Volkswagen”, dice entre risas.

Recuerda que en ese entonces había otros talleres eléctricos como el Patín y otro en el Mercado Arroyo de la Plata. En su establecimiento, rodeado de estéreos, piezas de televisión, pantallas, radios y grabadoras antiguas, pasa el tiempo reparando con paciencia los aparatos que llevan sus clientes, algunos ya de hace varios años.

Aunque se puede vivir de esta profesión, no siempre hay épocas buenas, pues todo varía dependiendo las fechas del año; por ejemplo, aumenta en temporada de diciembre y durante vacaciones, advierte.

Asimismo, el cambio generacional en tecnología ha influido en su trabajo, pues la mayoría de las personas actualmente optan por adquirir una pantalla de plasma o LCD, mientras que lo que más se utilizaba años atrás eran las televisiones de cinescopio.

Sin embargo, en cuestión de trabajo, 30 por ciento de lo que se repara son pantallas de LCD, aunque el mayor porcentaje de reparaciones que realiza es aun de televisiones de cinescopio. A pesar de ello, reconoció que este sistema pronto se terminará, ya que es difícil conseguir las refacciones y es tecnología que va quedando obsoleta.

Su preparación no ha terminado. Todavía asiste a capacitaciones dirigidas a especialistas eléctricos que se realizan en el estado, ya que debe actualizarse en el tema de las nuevas tecnológicas porque ahora se utilizan otros reproductores de música, de video y de televisión.

“Tengo conocidos que no han ido a un curso y ya no saben cómo funcionan las televisiones de LCD y plasma, comenta, y ya cambió el audio. Antes era análogo, ahora es digital. Tampoco los costos no son accesibles y no muchas personas compran de este tipo de televisión”, menciona Daniel.

Aunque es un especialista en lo que hace, no está exento de correr riesgos en su trabajo. Narra que en una ocasión, junto con otro compañero, tuvieron un incidente con un horno de microondas, aparatos que aumentan su potencia.

“Estábamos los dos juntos, y al conectar tenía mayor potencia, lo que hizo que recibiera una descarga eléctrica. Sentí como un golpe muy fuerte en el cuerpo, como si me hubieran golpeado con una tabla enorme; sentí cómo la electricidad recorrió mi cuerpo y se pasó al de mi compañero. Sólo gritó, quedamos en shock y con la ropa quemada”, recuerda.

Dice ser estricto con sus clientes, quienes le exigen una buena reparación, y él a su vez, les solicita regresar a la hora y fecha indicada por sus aparatos, pues indica que su taller no es almacén. A algunos clientes no les ha parecido su actitud, señala, pero considera que el cliente debe hacerse responsable de sus aparatos.

En caso de que no se recojan los trabajos, opta por tirarlos o donarlos a una persona que se dedica a reciclar material para venderlo. En caso de que el artículo funcione, se puede vender o utilizar más adelante.

Daniel disfruta lo que hace y agradece a Dios el don que se le concedió para hacer lo que le gusta, pues considera que pocas personas disfrutan su trabajo; es un regalo el poder hacerlo siempre con una actitud positiva, confiesa.

“Para mí este negocio es mi vida; puedo estar todo el día aquí trabajando y no me canso, me gusta ver que el cliente se vaya satisfecho, y esto me ha dado para vivir. El dinero viene solo, y es consecuencia del trabajo. Si se hace el trabajo como si fuera para uno mismo, salen bien las cosas”, concluye.

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