Posibilidad, realidad, especulación

Posibilidad, realidad, especulación

Entre más tiempo pasa, las demandas y problemas crecen, se acumulan, y ante la falta de resultados, una excelente noticia cobra consistencia: los afectados no darán marcha atrás en sus exigencias. Al contrario, insisten en agregar fuerzas para hacerse oír contra la impunidad y estar presentes donde surjan los problemas, y en los medios. La calle es primera opción, con el debido respeto al peatón y al vecindario, pero no habrá marcha atrás en las luchas pendientes. Algunas, como el incendio de infantes en la guardería ABC, terrible por la impunidad y falta de castigo a los culpables, con el agravante de ser una secuela originada por la quema de papelería oficial gubernamental, se supone comprometedora, en el anexo. Evento ilegal que, fuera de control, alcanzó a incendiar la guardería contigua y a los infantes usuarios del servicio en ese momento, con distinto grado de afectación o la muerte. Con ésta y otras desgracias no atendidas, el país sigue su marcha.

Para 2015, el futuro electoral atrae por el eventual recambio de figuras al frente de las responsabilidades políticas a asumir con distinta fortuna y gracia (o desgracia) por una ciudadanía, convocada a movilizar y votar para que, ¿todo siga, igual o peor?

La dificultad de o para cambiar, inicia desde el propio yo: si se tiene o no la consistencia, posibilidad y voluntad, requeridas para cambiar, se está a tiempo y desde hoy, de distintas formas, los candidatos se hacen, se construyen o destruyen, o relevan unos a otros en el mundillo de la clase política, su vivencia pluripartidista puede derivar hasta en lucha de clases (políticas), con base en distintos principios, programas, consistencia y artimañas. Superfluos, al no avenirse a dirimir las personalidades, partidos, sectores o fracciones, mediante negociación y justicia, el acceso, permanencia o sucesión en las posiciones o cargos políticos en juego, sin enfrentamientos. Bardas o espectaculares se imaginan y apartan desde hoy, de acuerdo a norma, uso, costumbre o influencia, ¿amenaza? Lo legal, ahí está y reformado, se supone. ¿Qué peso tendrá la cotidianidad? ¿Cómo les irá a los contendientes, considerados independientes por sí mismos? Lecciones, balances y experiencias hay y hasta en la estrechez de esas rendijas pueden brotar atisbos de democracia auténtica. Por ello importa organizar con más libertad y equidad el acceso a los medios de comunicación, sin detrimento de concurrir a delinear una sana proporción que aliente la participación y enriquezca la lucha electoral, con debates y propuestas, generadores de una espiral política incluyente e inclusiva. Relevos, resurrecciones,  novedades, inventos, debuts o eclipses, ¿qué se espera, dentro de un año? Suficiente sería, efervescencia y no quietud; voces, no silencio. Y las despensas, ¡al cajón comunitario! para que las reparta quien tenga la encomienda institucional de repartirlas, bajo el criterio de carencia y equidad, sin desviación.

Lo anterior, antídoto contra la violencia, evita que sus secuelas cotidianas –como el hambre– jueguen en la futura elección y si tan sencilla justicia hace escuela, la sociedad acumulará fuerzas para contenerla hasta en tiempos no electorales y mediante el recurso al entendimiento, evitar los estragos políticos ocasionados por su ausencia. Ni tolerable, ni legítimo sería, sumar hambre y elecciones.

En eso estamos, cuando cobra fuerza una forma de violencia que afectará a todos los mexicanos o a la mayoría. ¿Hasta qué punto es una forma profunda de violencia institucional imponer la apertura a la privatización de Pemex a los mexicanos? Si uno  piensa dicha medida de política, percibe varias realidades o una, con varios aspectos. ¿La necesita México? La respuesta es: ¡No! Ya basta de apertura, intensa desde el TLCN. Ni para México, ni para el capital internacional, el petróleo es atractivo como recurso natural, en tanto el secreto de las empresas extranjeras para tomar parte en la renta petrolera hoy radica en insertarlo en el flujo de capitales, no en explotarlo. Para ellas, poco vale el crudo como tal. Laura Carlsen advierte: “existe otra capa semioculta (¡supersic!) en la privatización del petróleo de México”, pues lo que “el gobierno mexicano y las trasnacionales privadas codician en el esquema de la privatización de México no es tanto el flujo del petróleo como el flujo de capitales (¡supersic!)”.” (8 de Junio de 2014 // Bajo la Lupa  // Alfredo Jalife-Rahme.)

El objetivo es insertar a Pemex y a México en una ¿mayor? y creciente espiral especulativa, no explotar su petróleo, ni beneficiarlo, sino incluirlo como activo en los circuitos financieros especulativos, mediante la emisión de acciones para favorecer equilibrios de financieras endeudadas y requeridas de “capital o de recursos frescos”, para seguir especulando con el petróleo mexicano, aunque éste no sea absolutamente de su propiedad, en tanto, la especulación es su fuerte y no el fortalecimiento energético de México, ni su desarrollo. Eso no les importa, sino la inmediatez especulativa, provengan de donde provengan los especuladores. ■

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