A cien años de la Toma de Zacatecas ¿celebración o reclamo?

A cien años de la Toma de Zacatecas ¿celebración o reclamo?

La Toma de Zacatecas, acontecimiento coyuntural en el rumbo de la Revolución Mexicana, marcó un punto crucial en cuanto a la carga ideológica del movimiento, puesto que fue hasta 1914 cuando las facciones que luchaban en contra del usurpador Victoriano Huerta coincidían en objetivos: las demandas sociales, la lucha por la tierra, la defensa de la democracia eran las banderas de la Revolución.

Pero después del 23 de junio y de la batalla librada en Zacatecas las cosas cambiaron, Huerta prefirió huir y dejar que las huestes revolucionarias decidieran el nuevo gobierno. Y justo ese fue el problema, pues la Convención de Aguascalientes fue el escenario en el que se dio la división de las facciones y la lucha armada entre éstas: carrancistas y obregonistas contra villistas y zapatistas.

La Revolución no resistió su propio triunfo, los caudillos no pudieron llegar a un acuerdo acerca del proyecto Nacional y las luchas por el poder definieron la siguiente etapa del proceso; no sería sino hasta el triunfo de Carranza y la promulgación de la Constitución de 1917, cuando podemos señalar un rumbo más o menos claro en la construcción del país.

Es por ello que la Toma de Zacatecas marca un antes y un después en la Revolución, antes de esa batalla la cohesión del movimiento era sólida, el objetivo uno y bastante claro: tumbar a Huerta de la silla presidencial. Pero con el logro de esta meta, los ganadores se dividieron entre sí y las intenciones políticas de cada bando se hicieron claras, a Villa y Zapata no les interesaba hacerse con el poder, sino que hubiera respuesta a sus reclamos sociales; por su parte Carranza y Álvaro Obregón tenían otro tipo de aspiraciones, la dominación del país a través de la política.

La Toma de Zacatecas es por tanto un acontecimiento fundamental para entender el proceso de construcción del Estado mexicano moderno. La Bufa fue testigo de cómo los hombres luchaban por el privilegio de participar en el proyecto nacional, las vidas que reclamó la batalla fueron en aras de la consolidación de un país socialmente más justo, económicamente más equilibrado y políticamente más democrático.

Ahora bien, a cien años del acontecimiento, cabe preguntarse ¿ya nos hizo justicia la Revolución? ¿Los logros revolucionarios y la ideología por la que se luchó el 23 de junio de 1914, siguen siendo vigentes? De ahí la pregunta inicial, ¿este centenario es para celebrar o para reclamar?

El concepto de Revolución se ha desgastado tanto en el discurso oficial que ha acabado por no significar nada. El panorama actual nos remite a muchos de los reclamos de hace cien años, la tierra se ha vuelto a convertir en un bien privado, pues tras la reforma salinista el ejido, tal vez el fruto más tangible del movimiento revolucionario, desapareció como tal para dar paso a la escriturización de las parcelas y su consiguiente posibilidad de venta, lo que nos lleva de vuelta
a los minifundios.

Los derechos de los trabajadores, tan proclamados en los libros de texto como una de las victorias del pueblo en la Revolución, están a punto de extinguirse tras la reforma laboral reciente. La educación gratuita tiende a desaparecer ante el modelo neoliberal de la educación por competencias y ya ni vamos a hablar acerca de la expropiación y la Reforma Energética por lo que acabamos de pasar.

La Revolución Mexicana se ha perdido entre discursos, desfiles, libros de texto y ceremonias pirotécnicas. Pero el trasfondo ideológico se niega a morir, la explicación histórica aprovecha los festejos oficiales para llamar a la reflexión, el centenario es una oportunidad para pensar en lo que a Zacatecas le ha quedado a deber la Revolución. Ciudad heroica como la que más, la capital zacatecana y el estado en general siguen esperando los frutos de esa sangre derramada, los ciudadanos que participaron en la Toma no eran tan diferentes a los que hoy deambulan por las calles del Centro Histórico, son ciudadanos orgullosos de su identidad y dispuesto a luchar por Zacatecas.

Es momento entonces de festejar, sí, pero también de reclamar, y aún más, de tomar acciones para hacer de Zacatecas un mejor estado, para que los ideales revolucionarios no sean sólo letra muerta en una placa o un monumento. La lucha no ha terminado y lo que resta no lo podemos encontrar en los libros de historia, sino en nuestro proyectos a futuro. ■

  • Asociación de historiadores Elías Amador. A.C.

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