El desperdicio de alimentos en México

El desperdicio de alimentos en México

El hambre es una de las expresiones más duras y difíciles de la pobreza. En nuestro país de los 53.3 millones de personas que se encuentran en la pobreza, 27.4 millones tienen carencia alimentaria, es decir, no reciben el alimento suficiente para desempeñar sus actividades diarias, lo que además de afectar la salud, afecta la situación familiar y descompone el tejido social.

Ya hemos hablado en este espacio sobre las cifras de la pobreza y la carencia alimentaria, por ello quiero referirme a una situación igual de grave si consideramos que 2 de cada 10 mexicanos tienen carencia alimentaria: el desperdicio de alimentos.
No es posible que teniendo la necesidad de alimentar a casi 30 millones de mexicanos, tengamos paralelamente millones de toneladas de alimentos que se tiran a la basura.
En este contexto, se vuelve relevante el esfuerzo que está haciendo la Sedesol dentro de la Cruzada Nacional contra el Hambre, ya que ha constituido un grupo de trabajo técnico sobre pérdidas y mermas de alimentos, con el fin de generar diagnósticos y propuestas para disminuir el desperdicio, y promover el aprovechamiento de los alimentos por parte de quienes más lo requieren.

En un reciente documento de trabajo generado por dicho grupo técnico se presentan datos de la mayor contundencia e importancia, como por ejemplo, que anualmente aproximadamente un tercio de la comida producida en el mundo para consumo humano, unas mil 300 millones de toneladas, es perdida o desperdiciada, cifra que equivale a más de la mitad de los cereales producidos en el mundo. Este desperdicio, desgraciadamente, trae aparejado también otro tipo de impactos, como el desperdicio de tierra, agua, energía y recursos humanos. El estudio también señala: “En los Estados Unidos 30 por ciento de toda la comida, equivalente a 48 mil 300 millones de dólares es desperdiciada todos los años. Se estima que aproximadamente la mitad de agua usada en la producción de comida también es desperdiciada. Se estima que las residencias del Reino Unido desperdician 6.7 millones de toneladas de comida todos los años, lo que equivale a cerca de un tercio de las 21.7 millones de toneladas producidas. Eso significa que aproximadamente 32 por ciento de toda la comida comprada no es consumida. La mayor parte de ella (5.9 millones de toneladas, 88 por ciento) es recolectada por las autoridades locales. Una gran parte de ese desperdicio (4.1 millones de toneladas o 61 por ciento) podría ser evitada y los alimentos podrían haber sido consumidos si fueran manejados de mejor manera”.

El dato más contundente y lapidario del estudio es el tema del cálculo del desperdicio de alimentos en México. De acuerdo con el grupo técnico, México tira a la basura el equivalente a 120 mil millones de pesos en alimentos al año, una cantidad que podría servir para alimentar a cerca de 12 millones de personas o tres millones de hogares durante un año. Es decir, el tema del hambre en México tiene elementos de desigualdad e injusticia social, pero también de una inadecuada, o inexistente, planeación y conducción de la cadena de producción de alimentos, ya que los problemas comienzan en la cosecha y siguen hasta llegar al consumidor.

Desde la Cruzada Nacional contra el Hambre se están generando propuestas de políticas públicas que puedan incidir directamente en estos dos grandes problemas, pero este es un esfuerzo que también debe impulsarse a nivel estatal, municipal, e incluso en cada localidad.

Tres aspectos pueden ser considerados en el proceso de construcción de las políticas públicas al respecto:

Generar un diagnóstico que permita conocer la producción real de alimentos del Estado y como se conforma la cadena de suministro hasta llegar al consumidor final. El ejercicio inicial puede realizarse con un grupo reducido de productos que tengan una fuerte presencia en la dieta de los habitantes de la entidad, por ejemplo, maíz, frijol, chile, etc.

Establecer una estrategia desde Gobierno del Estado, en estrecha coordinación con los otros niveles de gobierno y la sociedad civil, para promover la responsabilidad social y el no desperdicio.

Impulsar estrategias que fortalezcan los esquemas de aprovechamiento, como los bancos de alimentos, los comedores comunitarios, pero de una manera sistemática e institucionalizada, a fin de que no sean proyectos coyunturales. En Zacatecas, la iniciativa del Banco de Alimentos es un ejemplo exitoso de un proyecto de aprovechamiento.

Particularmente para Zacatecas, el tema de evitar el desperdicio de alimentos tiene además un impacto económico, ya que la entidad se encuentra entre las principales productoras de varios productos que son básicos en la dieta de los mexicanos, por lo que generar una estrategia específica para el tema puede además tener impactos indirectos en la mejora económica del sector primario. ■

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