Ser artesano; ser comerciante, migración incierta pero necesaria

Ser artesano; ser comerciante, migración incierta pero necesaria

Estimadas amigas y amigos, este documento es sólo una breve reflexión en voz alta, (mejor dicho, escrita y pública) para su muy acertada opinión, respecto tres temas que me apasionan y que se conjugan y materializan en un sólo artificio que es la artesanía. Estos temas respetable lector, que se conjuga y yuxtaponen, a mi elección son: la manufactura, el comercio del producto artesanal, y el turismo (con migraciones fugaces al fin y al cabo), vastos e interesantes todos uno como los demás.

Así pues, para mí, y en mi pobre experiencia, ser artesano significa básicamente ser productor, claro entre muchas otras cosas no menos importantes como ser obrero, ser jornalero agrícola u otra vocación.

El artesano, el verdaderamente artesano; no el manualista, es productor digámoslo así: por naturaleza. Esto es, ya sea que el oficio haya sido un valioso legado ancestral o haya sido un interesante distractor o beneficioso oficio descubierto por casualidades del destino, ambos caminos implican un paciente y tenaz uso de las habilidades motrices de las extremidades superiores que se llegan a desarrollar y afinar conforme esta dedicación y esfuerzo lo permitan para crear y dar forma y fruto de materiales naturales en la artesanía.

Desarrollar así, esta destreza manual, implica años de constante sacrificio y gusto por hacer tangible un sueño, una idea, un pedido, y esto, a su vez implica, encontrarse en un mundo aislado, digamos, apartado de las exigencias para desarrollar otras valiosas habilidades y estándares de desempeño, y quizás de tipo antagónico: el de las relaciones sociales, el del trato, la negociación. Quiero decir que el artesano, no es comerciante, no es empresario…hasta ahora.

Y he aquí, amable lector, que nos encontramos en el paradigma al cual, me refiero, de migrar, de cambiar de un lugar a otro, de una postura a otra muy diferente de la de ser artesano; la de ser comerciante (lo podemos entender como ser empresario o microindustrial en los tecnicismos económicos).

Cualquier microindustria, requiere de una fuerza de ventas. En el plano personal o individual, esto no es la excepción; produzco, tengo que vender, y he aquí lo que en términos de esta reflexión hemos intentado descifrar: un antes y un ahora.

Producir y vender, manufacturar y servir, crear en serie y crear objetos personalísimos (de acuerdo al cliente o consumidor final).

En contraparte, al comerciante, al buen vendedor (no al ocasional o al informal), se le exigen habilidades, destrezas, conocimientos específicos que no cualquiera posee: debe ser paciente con el cliente, pero contundente al cerrar la venta, debe ser persuasivo pero sutil, debe ser enérgico pero empático, en fin, cualidades que se desarrollan solo en constante entrenamiento en la lucha del día a día; en la relación con el mercado, con los consumidores, con los clientes.

En el estado ideal del asunto, el huichol de San Andrés Cohamiata, cambiará su postura de atención, es decir, migrará de ser introvertido a mirar directamente a los ojos a su cliente consumidor; se levantará de su postura sentado y se dirigirá sutil pero confiadamente a su interlocutor para interrogarlo a cerca de sus necesidades, y resolverá los conflictos internos del cliente en su decisión de adquirir la pulsera de chaquira con motivos florales o la del águila bicéfala en contrastados colores azul turquesa y blanco Alaska.

Y luego pues, ¿en qué situación dejaremos al artesano?, ¿al productor?, ¿a aquel individuo introvertido del que hemos venido hablando? Si ya dijimos que el mercado antes era masivo, donde imperaba la oferta, donde la calidad era ínfima, ahora le veremos como un inteligente lector de las necesidades de su cliente, del consumidor de sus productos, como un trabajador de proyectos en el mercado de uno, antes que verloen el del cansado productor rutinario.

En el mercado de hoy, seguiremos consumiendo artesanías, por supuesto, (a este propósito, ¿no les dije que son el único bien susceptible de ser exportable dentro del turismo, verdad?), pero ahora con las novedades y desarrollos y con los esquemas de un nuevo artesano altamente competitivo, conocedor del servicio al cliente, intérprete de las nuevas tendencias de su mercado, del producto artesanal personalizado (si bien, la artesanía, tampoco ha dejado de ser única, por el carácter manual que le da origen), pero si tendrá la huella impresa de su nuevo creador: el cliente.

Hoy en día, así nos lo exige el mercado de consumo; la presión social lo exige, el artesano debe convertirse en migrante, en el sentido positivo de esta palabra, migrante del paradigma de ser solamente productor al de ser negociante, a ser empresario o micro industrial, a pensar como un verdadero comerciante pero sin dejar de ser artesano. Migración incierta sí, pero necesaria para sobrevivir y adaptarse al mercado actual.

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