Los niños sin doña blanca y en poder del jicotillo

Los niños sin doña blanca y en poder del jicotillo

El hombre es el animal que tiene la mayor infantilidad sobre el planeta, lo que hace que tenga un alto desarrollo de la inteligencia y las emociones. De manera que acortar la duración de la vida infantil de un individuo es restarle potencia a su desarrollo personal. El trabajo, visto como una manera de hacerse responsable de una situación social de sostenimiento, es un factor que interrumpe la vida infantil. Si el trabajo se asume como una forma permanente de nuevas responsabilidades, el juego es limitado. El hombre es un Homo-Ludens; y los rasgos fundamentales de esta dimensión humana se desarrollan en la infancia. El juego es algo muy serio.

El trabajo como obligación también obstaculiza la vida escolar: un niño que se ve forzado a abandonar la escuela entra en el círculo vicioso de la pobreza. Si la educación es una manera de superar el círculo de reproducción intergeneracional de la pobreza, el trabajo infantil se convierte en un dispositivo de su multiplicación. 12 por ciento de los niños en México trabajan, y los que más lo hacen son los del campo, en la dinámica de la economía campesina: familiar. Pero cuando el niño pertenece a una familia de jornaleros, la cosa es diferente: porque su trabajo se hace necesario para completar el ingreso para la sobrevivencia, y por ello, la cualidad del mismo es más dañino para el infante. El trabajo también puede resultar pernicioso si es riesgoso: como el caso de las minas o cuando se manejan sustancias peligrosas. Sobre este asunto, resulta curioso que el trabajo de los niños en los cruceros limpiando parabrisas, cantando en los camiones o haciendo de cómicos, no está contemplado en las mediciones de trabajo infantil en México. Por lo que los cálculos que el gobierno nos ofrece posiblemente están recortados. Y si la cifra oficial es 12 por ciento de niños trabajando con posibilidades de que sean más, significa que estamos en una situación realmente grave. Porque indica que hay 12 por ciento del relevo generacional que está en franca desventaja para salir de la pobreza.

Las políticas aplicadas para prevenir el trabajo infantil son las mismas que contra la pobreza y marginación. Y como sabemos, México es de los países que no ha logrado éxito alguno en la disminución de este lastre social en el contexto de América Latina. Sus políticas están equivocadas. Por tanto, no hay expectativas que a corto o mediano plazo la vulnerabilidad de este sector de la población mejore su condición. Al contrario, esta condición devaluada es causa de que los niños pobres se vean en riesgos cada vez mayores a los expuestos por el puro acto laboral, como es el caso las redes de prostitución infantil o el reclutamiento por el crimen organizado. Monstruos que acechan y se alimentan de la injusticia en que vive nuestro país.

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