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miércoles, 28 septiembre, 2022
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París en Facebook

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Por: Carlos E. Torres Muñoz •

Omitiré la narración de los hechos ocurridos la noche del viernes 13 de noviembre en París, dado que son por todos conocidos, y día a día los diarios internacionales se lucen con una nueva historia particular de esa terrible historia que nació para volverse universal. Me enfocaré a lo sucedido después, específicamente en la red social más popular del momento: Facebook.

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A través de esta red social, las muestras de solidaridad comenzaron a darse de forma inmediata, espontánea y, francamente, sencilla. Casi inmediatamente después surgió, por parte quizá de un porcentaje no menor al primero, la indignación por la solidaridad para con los galos y lo que dichos indignados, consideraban la omisión, o indiferencia con la terrible violencia que desde hace años vive México.

No justifico la violencia en México bajo ningún argumento, ni me es indiferente, creo que es otro tipo de violencia la que se vive y que en este caso, por ser nuestro país, tenemos una obligación inherente: actuar, no lamentarnos ni solidarizarnos, porque la solidaridad, no lo olvidemos, es para el otro, no para nosotros mismos. No podemos ser solidarios para con nuestra propia desgracia, en este caso, en el caso de la violencia que nos asecha, no podemos ser solidarios: tenemos que ser actores del cambio.

Hay que entender las agresiones en París en su justa dimensión, no en la imagen exclusiva de los franceses aterrorizados: ISIS agredió a Francia con dos razones, la primera, en respuesta a los ataques que este país occidental ha hecho recientemente a puntos clave de esa vergonzante organización y en segunda porque consideran a París la cuna de todo lo que les irrita de Occidente: las libertades, los derechos, la aspiración idealista por la igualdad y la fraternidad, atacaron la Ciudad de las luces, porque aspiran a un mundo en tinieblas como lo es el suyo. Han atacado París porque la consideran: “la capital de las abominaciones y de la perversión”.

No escribo sin razón: son conocidas las formas en que ISIS trata a niños, mujeres, homosexuales, periodistas y todos aquellos que en su brutal idea de religión atente contra sus valores dibujan un ambiente de terror absoluto, que niega a la humanidad y a cualquier Dios mismo.

Tal como lo escribió poco después en El País, Antoni Gutiérrez-Rubí: “No quieren que bailemos. Que escuchemos música. Que nuestros besos se mezclen con las risas. Amar, Divertirnos. Gozar de la vida. (…) Detestan que las mujeres lean, escriban, piense y decidan por sí mismas. (…)”.

Sé que las siguientes palabras son tentativas a la simplificación, la controversia y el debate, pero, el atentado a París es, por los símbolos, por el momento y por las propias palabras de los terroristas un ataque a lo que significa para ellos “Occidente” y nuestras aspiraciones de progreso desde el renacimiento. No se trata sólo de Francia, y no se trata solo de una respuesta a una agresión (por demás merecida), sino un ataque a un estilo de vida: la libertad como modelo de vida y convivencia.

La agresión a Francia, y en este caso la solidaridad, no es un asunto de nacionalidades, sino de símbolos: han agredido París para hacernos entender a todos los que vivimos en esta parte del mundo que no toleran, y buscarán terminar con nuestras libertades y dignidad, como la entendemos a partir de la lógica de los Derechos Humanos.

Mañana podría ser la Ciudad de México, cómo lo escribió Genaro Lozano, días después en Reforma: “En la barbarie en las calles de París podríamos estar todos. Ante el terrorismo todos somos cuerpos vulnerables. Que a calamidad ajea a miles de kilómetros de México sirva para voltear a ver también nuestras calamidades vecinas”.

Al final ISIS ha logrado poner al estado francés frente al mismo reto que ha tenido el mexicano recientemente, en palabras de Yuval Noha Harari (El teatro del terror. Letras Libres, Julio 2015):

“Los terroristas afrontan una misión imposible: cambiar el equilibrio del poder político cuando apenas tienen capacidad militar. Para alcanzar ese objetivo, presentan al Estado un desafío imposible: demostrar que puede proteger a todos sus ciudadanos de la violencia política, en cualquier lugar y en cualquier momento. Los terroristas esperan que, cuando el Estado intente realizar esa misión imposible, baraje las cartas políticas y les entregue un as inesperado.”

No limitemos la solidaridad entregándoles el as inesperado haciendo a los victimarios víctimas,  repudiemos el terror que causa ISIS para los suyos y para los nuestros: finalmente todos somos: NOSOTROS. ■

 

@CarlosETorres_

 

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