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domingo, 22 mayo, 2022
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Demasiadas mujeres

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Por: Catalina Monreal •

¿Qué está pasando en México? 15 mujeres en Monterrey. 4 en Tamaulipas. 2 en Oaxaca. Faltan Ariatne, Yaninah, Aisha, Rosalba, Debahni. Muchas más. Nos faltan tantas qué, si sus nombres fueran ríos, ya hubieran desbordado nuestro país. Las estadísticas son para helar la sangre: según ONU Mujeres en México se cometen 9 feminicidios al día.  Además, de acuerdo al periódico el País, 7 mujeres desaparecen cada día.  Cada uno de estos feminicidios y desapariciones tiene un nombre. Tiene una historia.

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Cuesta dimensionar que significan estas cifras hasta que las noticias y las redes anuncian cada día un nombre de una mujer desaparecida. En nuestro país, la relación entre los feminicidios y las desapariciones de mujeres es trágicamente cercana.  Desde aquellos titulares en 1990, que hablaban de las mujeres que desaparecían en Juárez, y terminarían en el caso de Campo Algodonero que ayudaría a cimentar todo el aparato gubernamental y social para luchar contra la violencia a la mujer. Desde las familias que denunciaban a las autoridades la desaparición de sus hijas, para que se les contestará que seguramente “andaban con el novio” y pronto regresarían. Familias que se enfrentaban a un proceso de justicia que les negaba desde el principio su acceso. La lucha por brindar una atención y seguimiento al delito contra las mujeres más sensible y profesional se volvió uno de los objetivos principales de los programas gubernamentales para la igualdad de género.

No obstante, esta ha sido una meta que no se ha podido alcanzar. Lo sabe la familia de María Fernanda Contreras, quienes rastrearon sin ayuda judicial su teléfono, sólo para esperar horas en la zona en que la encontraron asesinada a la Fiscalía de Nuevo León. Esta es una parte de la doble violencia que se enfrentan las víctimas y familiares de los delitos de violencia de género. Se cometen dos delitos: la desaparición y la mala investigación de esta. Seguimos enfrentándonos a una renuencia estructural de afrontar el problema con la seriedad y compromiso que merece. Esta es la razón por la cual grupos feministas en Nuevo León llamaron a la destitución del Fiscal Estatal, Aldo Fasci. El declaró ante el incremento de casos de desaparición qué:  “No existían bandas de secuestradores en Nuevo León, y la mayoría de los casos eran mujeres que no se reportaban con sus papás”. Desestimar la situación con un estereotipo nocivo de género es una conducta que no puede tolerarse en ningún fiscal. No obstante, la nota no fue la petición por justicia, si no que durante una de esas marchas se incendió una puerta del Palacio de Gobierno de Nuevo León.

Cuando desaparece una mujer sobran los comentarios: ¿Dónde estaban los papás? ¿Por qué iba sola? ¿Por qué estaba vestida así? ¿Había tomado? ¿Qué no sabe que esa zona es peligrosa? Frases que voltean el acto delictivo y la violencia sobre la mujer. La culpa pasa a ser de la bebida, de la ropa, del salir por la noche, del buscar un trabajo, del buscar un pago. Pareciera que estas voces dijeran que, si las mujeres no salieran de casa, estarían más seguras, omitiendo la estadística de que incluso en el hogar privado las mujeres no estamos seguras.  El 23.2 % de los homicidios cometidos contra las mujeres ocurren dentro de sus casas.  De acuerdo con cifras del INEGI, la violencia doméstica registró la segunda mayor frecuencia después del delito de robo durante el año 2020, esto a causa del confinamiento debido a las primeras olas del COVID-19.

El problema es que se es mujer. 

El Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) reportó que en 2021 se cometieron, por lo menos, 969 feminicidios. En los últimos cinco años, el delito de feminicidio no ha parado de aumentar a nivel nacional: en 2017 fueron asesinadas 742 mujeres por motivos de género; en 2018 fueron 896; en 2019, la cifra llegó a 947 y, para el año 2020, se colocó en 949 feminicidios. Hay que recordar que el feminicidio y la desaparición de mujeres son delitos hermanados, pues ambos reflejan la situación general de inseguridad para las mujeres. Lo que se está viviendo en Nuevo León, en Tamaulipas, en Oaxaca es sólo la punta del Iceberg relativo al enorme trabajo que aún se tiene que hacer para erradicar la violencia contra las mujeres.

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