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martes, 30 noviembre, 2021

Las reglas del juego

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Por: ALBERTO VÉLEZ RODRÍGUEZ • ROLANDO ALVARADO FLORES •

Al camarada Eligio Meza, in memoriam

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Las escuelas nunca han estado cerradas, los edificios en los que se imparten clases sí. Lo correcto, por ende, es decir: “retorno a clases presenciales”. A fin de cuentas, los docentes han hecho mucho para poder implementar las clases a distancia, a veces sin capacitación, equipo o apoyo de las autoridades competentes. Pese a los vientos y mareas, truenos y centellas del “análisis epidemiológico, el cual no está al alcance de todos” (Pablo Gómez “Retorno a las aulas” La Jornada Zacatecas 14/08/2021) algunas universidades decidieron comenzar con cursos en línea (UAZ, UNAM, UAM por mencionar unas pocas). ¿Les resulta difícil comprender a los directivos dos apotegmas bien fundados? El primero de estos enseña que la situación de incremento de contagios no es obstáculo para volver a ocupar los edificios del modelo educativo presencial. Según dijo el subsecretario Hugo López Gatell en julio pasado: “Si bien se presenta este tipo de casos, no se presenta aumento en la hospitalización. Esta es la consecuencia positiva de tener a la población vacunada” (“Tercera ola de Covid en México: esto dicen López Gatell y AMLO” El financiero13/07/2021). Una de las razones para evitar las aglomeraciones y la cadena subsecuente de contagios era no saturar los hospitales. De acuerdo al subsecretario citado, ya no debería haber saturación de centros médicos. Sin embargo, la prensa cuenta otra historia: los hospitales vuelven a estar aglomerados. Por ejemplo, en Nezahualcóyotl (“Tercera ola de Covid-19 satura hospitales en Nezahualcóyotl” La Jornada 03/08/2021), Querétaro (“Tercera ola. Confirman la saturación de hospitales Coviden Querétaro” El Universal Querétaro 13/08/2021) o bien Durango, Nayarit, Oaxaca (“Asfixia tercera ola, poco a poco, a los hospitales” El Universal 04/08/2021). Bien, se puede documentar que la saturación de hospitales no cesa. ¿Por qué? Porque no se quieren vacunar, al menos es lo que sostiene el subsecretario López Gatell (“El 97 % de hospitalizados por Covid no se vacunaron: López Gatell” Animal Político 03/08/2021). La conclusión raya en lo inevitable: mientras no se concluya el proceso de vacunación la primera razón para mantener en suspenso escuelas, bares, tardeadas, homenajes a Moctezuma, conciertos de Julión Álvarez y demás actos aglomerantes sigue en pie. Ahora bien, se saturan los hospitales, pero ¿hay muertos? Esta es otra de las razones del cierre: el desenlace fatal de la enfermedad. Supongamos, grosso modo, que la tercera ola comienza el 1 de junio de 221. Ese día estaban contabilizados por el gobierno federal 227840 decesos. Al día 16 de agosto de 2021 reconoce 248652, es decir, se han añadido 20812. ¿Pocos? ¿muchos? ¿irrelevante? Obtener una idea exige una comparación. ¿Con qué? con un periodo similar de la segunda ola. Escojamos el lapso de tiempo comprendido entre el 19 de noviembre de 2020, fecha en que inicia el crecimiento, y el 30 de enero de 2021, ya en pleno decrecimiento. El número de días es más o menos el mismo, pero el número de muertos no porque en ese intervalo temporal se añadieron 58546 decesos a los 99528 registrados el 19 de noviembre. Vemos que en esta comparación cruda la reducción en el número de fallecimientos es del 65 % aproximadamente. Considerable, pero no nula, un 35 % de fallecidos en relación a la ola anterior implica muchos muertos. Pero algo es correcto: se nota el descenso de fallecimientos por causa de la vacunación. Entonces, los servicios médicos continúan saturados, pero las muertes se han reducido bastante. ¿Suficiente para reutilizar los edificios donde las clases presenciales podrán reiniciarse? Falta un ingrediente, se mencionaron dos apotegmas. El primero, la vacuna reduce saturación hospitalaria y muertes, el segundo, los jóvenes se contagian menos, y si lo hacen mueren muy poco (“Mortalidad en niños y jóvenes en tercera ola es muy baja, dice Gatell” Reforma 10/08/2021). Por tanto, no es necesario vacunarlos. Ahora bien, según la prensa sí se enferman y mueren, aunque no mucho: un 1 % de muertes (“Los contagios del coronavirus entre los niños en México alcanzan cifras de diciembre” El País 10/08/2021). Puede ser menos, digamos, un .5 %. Si en la Universidad Autónoma de Zacatecas son, digamos, 30 mil no vacunados incluyendo jóvenes de preparatoria y secundaria, habría unos 15 muertos. Ahora bien, existe un discurso muy interesante que ha surgido alrededor del regreso a clases presenciales. En este se trata de fundamentar la idea de una juventud que ha perdido mucho con el encierro y lo mal que se vive en los hogares mexicanos. Violencia, embarazos, adicción a la pantalla, habilidades sociales disminuidas y muchos otros padecimientos que las clases presenciales pueden disminuir. Al parecer, no hay mejor lugar que el salón de clases. ¡Un auténtico paraíso ideológico de los pedagogos! Muy lejos queda Foucault y su crítica de las “instituciones totales”, olvidada en los 1970 queda la idea de una escuela sin muros, de unos estudiantes ajenos al encierro del salón de clases y comprometidos con el pueblo y sus luchas. Con estos argumentos los 15 muertos potenciales quedan reducidos a la irrelevancia. Si las aulas resuelven tantos problemas ¿qué son unos pocos difuntos? Por lo pronto el Consejo Universitario tomó una decisión timorata, aunque prudente. ■

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