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domingo, 27 noviembre, 2022
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Sin liquidez operativa para festivales

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Una y otra vez, la misma historia: no hay dinero para cultura y la precariedad se estrecha en aquellas acciones donde no hay un marco legal para llevarlas a cabo, como es el caso de los festivales, considerados por algunos, como ornamentos de “élite”, alejados, de las necesidades reales del pueblo, ignorando su valía como factores de desarrollo cultural y turístico.

Podría ser esta la visión de los últimos gobiernos de Zacatecas, que no procuraron resguardarlos por decreto y con partida presupuestal, dado que se organizan bajo un esquema singular de tiempo y espacio, con recursos que deberían ser etiquetados con anticipación, para evitar la incertidumbre de año tras año, de si habrá o no habrá festival, cualquiera que sea su género.

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En este ir y venir a salto de mata, recientemente, las autoridades de cultura anunciaron que se suspende el Festival de Teatro de Calle que cumpliría este 2022, 20 años de su existencia, noticia que no tuvo mayor eco en medios de comunicación, salvo por el exhorto tardío de la Legislatura local a la Secretaría de Finanzas del Gobierno estatal para que diera el recurso, sabiendo desde el principio del limitado presupuesto del Órgano Mayor de Cultura en la entidad, apegada ya a una nueva Ley de Cultura, publicada por la legislatura anterior, que no defendió ni salvaguardó un presupuesto mayor para su operación, sometiéndolo a un naufragio constante y agotador.

Asimismo, se divulgaron opiniones de preocupación de representantes de cámaras empresariales y de servicios, así como del titular de la Secretaría de Turismo, que al final, ninguno ofreció alternativas para su realización, dejando al descubierto la solitud del Instituto Zacatecano de Cultura para sacar adelante su programación, entre los muchos compromisos establecidos en su estructura, que ya no puede sostener.

En este sentido, la suspensión a rajatabla del Festival de Teatro de Calle, amerita mayor reflexión para comprender la fragilidad de la que depende, y visualizar soluciones que lo salvaguarde, a través de estrategias vinculadas a la gestión y al mecenazgo.

Veamos, los tres festivales más importantes que se realizan en la Capital son el Festival Cultural, el del Folclore Internacional y el de Teatro de Calle, los otros que se organizan, también penden de un hilo, pero lo mencionados, requieren de mayor presupuesto. El primero (1987), es el origen de todo, fue el insigth que desveló el destino cultural y turístico de Zacatecas.

Significó la clave que descubrió la posibilidad de un futuro mejor para una entidad sumida en la oscuridad y el olvido, que no se percataba de la riqueza de su legado artístico, de su historia y su arquitectura. Fue de algún modo, el despertar glorioso de una ciudad abierta a nueva realidad y al florecimiento de sus artistas y sus habitantes. Zacatecas se iluminó e irradió la alegría en su gente y fue el motor para atraer turismo.

Hasta la fecha, sigue la lucha por mantenerlo, con todo y la problemática estructural que presenta y que no se ha atendido, en detrimento del Centro Histórico.

El segundo (1996), especializado en danzas y bailes folclóricos, se ha enraizado por su colorido y diversidad, por la generosidad de grupos locales, nacionales e internacionales que dejan la vida en cada actuación, pero también con evaluaciones pendientes, donde directores e investigadores locales sean considerados para mejorarlo y que este festival sea justo para todos.

El tercero (2002), Festival Internacional de Teatro de Calle fue un anhelo en su comienzo, porque expandiera la extraordinaria belleza de calles, plazas, callejones y rincones de la Ciudad Capital, concebida en sí misma, como una ciudad – museo, mágica, seductora, capaz de enamorar y concientizar a sus moradores sobre la unicidad de su belleza, hecho que se ha logrado.

A la fecha, por razones de planeación, ejecución y evaluación, los tres festivales exhiben pendientes por resolver, pero lo que no está a discusión, que los tres, están legitimados por la sociedad, y podría verse como un agravio la cancelación de cualquiera de ellos, ya que forman parte de la vida de la Ciudad.

Por otra parte, la querella de la viabilidad de los festivales en Zacatecas y la sangría económica que representan, al disminuir los apoyos de cultura a los municipios y sus comunidades lleva muchos años, y posiblemente requiera debate para equilibrar esta situación, pero podríamos pensar que es incuestionable el sostenimiento de ambos campos, ya que se complementan sobre todo si se piensa en la unión de cultura y turismo para implementar una política pública solidaria y eficiente que promueva la sostenibilidad.

Tomando el ejemplo de otros lugares, la Secretaría de Turismo podría generar una bolsa específica para apoyar e impulsar los programas que alientan la visita de turistas por concepto de su patrimonio cultural tangible e intangible; podría también sumarse la Secretaría de Economía (por las artesanías y la productividad local),y otras instituciones, incluyendo empresas independientes que deberían involucrarse  para resolver el financiamiento de la cultura, considerando que su déficit es cruzado, y su impacto es transversal, todos ganan.

Finalmente, se comprueba una y otra vez, que la actividad cultural ilumina las ciudades, les da vida y reconcilia a sus habitantes con ella, sigue siendo un aliciente para la liberación individual y colectiva, y es la esperanza de que podemos hacer un mundo mejor.

Que no se pierda el orgullo que nos da nuestra ciudad, que es nuestra extensión corpórea inmersa en una declaración de amor a nuestros afectos y a los lugares que amamos, bajo las alas de la cultura.

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