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jueves, 18 agosto, 2022
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Los docentes, fuerte pilar humanitario en la pandemia

■ Libreta de Reportero

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Por: Antonio Salas •

La pandemia por Covid-19 que afecta globalmente no sólo debe mirarse con saldos negativos, en contraste existen ejemplos cercanos que deben reconocerse en lo público y lo privado.
Uno de ellos es el trabajo realizado por los docentes, maestras y maestros, de todos los niveles que echaron mano de su vocación y talento para evitar, en la medida de lo posible, afectaciones en la formación de la niñez y juventud de todo el país.
Zacatecas no es caso ajeno, si ya de por sí ser maestro en la entidad representaba todo un reto, no sólo por las condiciones de infraestructura y de logística organizacional, la pandemia significó un retó mayúsculo.
Hay que recordar que no hacía mucho, la demanda de la defensa y reconocimiento de sus derechos los había llevado a manifestarse en las calles, con expresiones poco solidarias de grandes sectores de la población que los calificaba como “maestros huevones”, por decir lo menos.
Los efectos de la Reforma Educativa, y todo lo que eso conllevó, habían puesto en riesgo la salvaguarda de la conquista de los beneficios colectivos y por momentos el funcionamiento del Sistema Educativo en México.
Sin embargo, ajeno a toda circunstancia social o política, la pandemia por Covid-19 representa, ya en la historia mundial reciente, un episodio que debe servir para la reflexión, la crítica y autocrítica, pero sobre todo: para el crecimiento como sociedad.
En la sociedad mexicana los maestros siempre han tenido una participación fundamental en cada una de sus etapas. En entidades como la nuestra, además podemos agregar que prácticamente todas las familias tienen entre sus integrantes a un pariente, lejano o cercano, dedicado a la docencia.
Es importante señalar que la recuperación del sector educativo tras la pandemia de COVID-19 necesita atención, tanto del gobierno como de la sociedad, para destinar una mayor inversión en el bienestar, la formación, el desarrollo profesional y las condiciones de trabajo de los docentes.
Debemos, por principio de cuentas, reconocer y celebrar la excepcional dedicación y el valor de todos los docentes, así como su capacidad de adaptación e innovación en condiciones muy difíciles e inciertas como lo fueron las que puso de manifiesto esta pandemia.
El gobierno mexicano a nivel federal, y el de Zacatecas, encabezado por el Gobernador David Monreal Ávila, han enfocado sus baterías a fortalecer el sistema, pese a los conflictos ya conocidos y que han propiciado la suspensión de actividades en distintos momentos.
Una declaración conjunta por parte de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura; el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia y la Organización Internacional del Trabajo los considera agentes esenciales en los esfuerzos mundiales de recuperación de la educación.
Por lo que resultan fundamentales para acelerar el progreso hacia una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todos los alumnos, en cualquier circunstancia. Basta recordar cómo trabajaron con sus propios recursos y motivados por su vocación, para coincidir en ello.
Las maestras, principalmente ellas, las que para las niñas y niños representan más que ese papel, también han prestado apoyo socioemocional a sus alumnos, especialmente a los más vulnerables y a los que corren más riesgo de quedarse atrás en esta crisis sanitaria.
Es un hecho, la recuperación de la educación se hará realidad si se lleva a cabo mano a mano con los docentes, dándoles voz y espacio para participar en la adopción de decisiones y respetando sus conocimientos pedagógicos y su experiencia al imaginar la salida de la crisis y construir sistemas educativos más resistentes.
Para quien dedica su vida a enseñar a niños, con los que convive a veces más que con sus propios hijos, esta etapa no sólo fue de aprendizaje, sino también de duelos, en la mayoría de las veces en silencio, aislados, con lágrimas que el Zoom no vio y nudos en la garganta que el micrófono cerrado no registró.
El Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes del Gobierno Federal reportó el 10 de julio de este año, que en un acumulado desde abril de 2020 el Covid-19 acabó con la vida de 971 menores entre niñas, niños y adolescentes.
En ese mismo lapso han sido 103 mil 594 casos confirmados en menores, de estos 20 mil 187 se han presentado en el grupo de edad de 0 a 5 años; 26 mil 568 casos, en niños de 6 a 11 años, y 56 mil 839, de 12 a 17 años. De los fallecidos, 453 fueron niñas, y 518, niños.
Por las edades, no queda duda que cada padecimiento o ausencia pegó, no sólo en su seno familiar, sino también en su círculo cercano que en esa etapa de la vida es el escolar.
Si el ciclo escolar 2021-2022 representó un gran reto, el siguiente lo será aún más. El rezago educativo calculado casi en tres meses por las instancias que miden los avances de la educación, el seguimiento a la nueva normalidad y la antesala a los movimientos políticos tendientes al 2024, serán retos a vencer.
Es por eso que, desde el hogar, la familia debe de asumir su responsabilidad y cumplir con su parte, no sólo en el tema de educación y valores, sino en un replanteamiento de la relación padre-madre de familia y docentes, del triángulo formado con los hijos-alumnos.
Los canales que se abrieron durante esta pandemia para generar comunicación entre los maestros con los padres de familia deben aprovecharse, capitalizarse para bien no sólo de los niños, sino de todo el sistema para que el beneficio sea colectivo.
Por eso y más, a punto de concluir el ciclo escolar, nuestra admiración y reconocimiento a todas las maestras, maestros, educadores y formadoras y formadores de todos los niveles educativos. ¡Gracias, maestras y maestros!

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