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viernes, 23 febrero, 2024
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Alebrijes y dragones

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Por: JUAN CÉSAR REYNOSO MÁRQUEZ •

La reciente visita a nuestro país por parte del presidente de la República Popular China, Xi Jinping, además de evidenciar la creciente importancia e influencia económica y política de esta nación a escala global, ha presentado la oportunidad de revisar el impacto que para los mexicanos ha significado la expansión china.

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Cabe señalar que el posicionamiento del gigante oriental en el concierto internacional, no ha tenido las mismas consecuencias para todas las regiones. A nivel latinoamericano, para los países sudamericanos como Brasil, Argentina, Perú o Chile, el vertiginoso desarrollo chino se ha traducido en un impulso fundamental que apuntaló su crecimiento en los últimos años, ya que estas economías se especializan en la producción y exportación de materias primas y bienes intermedios como son los productos agroindustriales y minero metalúrgicos (los llamados commodities), mismos que son consumidos en crecientes cantidades por la pujante industria china.

En contraste, México presenta una estructura productiva orientada a la exportación manufacturera (mucha de ella generada en empresas maquiladoras), que tiene que competir directamente con los productos chinos, los cuales “por las buenas y por las malas” resultan ser más competitivos, especialmente en precio. Es así como nuestras empresas se han visto desplazadas en mercados fundamentales como es el norteamericano, al grado de que en 2012 la nación asiática era ya el principal exportador de productos a los Estados Unidos, cayendo México al tercer lugar (no obstante la cercanía geográfica y el contar con el TLC).
Aunado a lo anterior, los productores nacionales han tenido que hacer frente en condiciones desventajosas a la “pesadilla” de la competencia china en el propio mercado nacional, lo que ha generado graves estragos en casos como las industrias del juguete, del plástico y del vestido, al grado de presentarse el aniquilamiento de segmentos completos de estas ramas.
Cabe señalar que la penetración de productos chinos en el mercado nacional, prácticamente no ha tenido respuesta de la contraparte mexicana, como lo demuestra el hecho de que mientras que en 2012 México importó de China bienes por 56,000 millones de dólares, exportó a esa nación mercaderías por apenas 5 mil 700 millones.
El sector artesanal no ha sido ajeno al embate asiático. En los principales centros de producción y comercialización, de manera creciente se ha observado la invasión de productos chinos que acaban por desplazar a la artesanía nacional:

“Por lo menos 30 por ciento de los artesanos de Tonalá han dejado el oficio de 2000 a la fecha. Además, de comercializarse 30 contenedores al día en ese momento se venden sólo tres. La razón principal es la competencia desleal de China, informó el alcalde Jorge Arana Arana” (noticia publicada el 20/03/13 en INFORMADOR.COM.MX).
“En Tlaquepaque de cada 10 artesanías vendidas, nueve son chinas… Se roban los estilos de Tlaquepaque; vas a un aeropuerto o una central camionera, un mercado, los que supuestamente son (productos) artísticos o legítimos de nuestro municipio o México, los volteas y son chinos” (noticia publicada el 18/01/13 en INFORMADOR.COM.MX).
“El barro negro y los alebrijes multicolores son algunos de los productos oaxaqueños que ya son ‘pirateados’ por el mercado oriental, aunque para don Joaquín Vázquez es muy difícil poder realizar una copia de estos “monstruos fantásticos”, los chinos ya se las ingenian para imitarlos. En China se producen sarapes de Saltillo, guitarras de Paracho, piezas de cobre de Santa Clara del Cobre… la misma imagen de la Virgen de Guadalupe ya es copiada, el problema está alcanzando dimensiones difíciles de controlar” (noticia publicada el 01/06/07 en EL PORVENIR.MX).
La incapacidad mostrada hasta el día de hoy por parte de la artesanía mexicana para enfrentar exitosamente la competencia de China (y en menor medida de otros países como la India), puede explicarse por los siguientes factores:

A nivel macroeconómico, la moneda china sigue subvaluada con respecto al peso, lo que abarata “artificialmente” los productos chinos.
El costo salarial de la mano de obra china, si bien ha mejorado en los últimos años, continúa siendo inferior a la mexicana, lo que resulta especialmente importante en el caso de las artesanías, cuyos procesos de producción son principalmente manuales.
En muchos casos, lo que llegan como artesanías chinas son en realidad productos industrializados que se fabrican masivamente a un costo unitario muy bajo.
En ramas como la cerámica y la cestería, los chinos son altamente competitivos tanto en costos, como en calidad y diseño.
Se presentan persistentemente prácticas desleales como el contrabando y especialmente, la piratería; esto es los chinos copian, reproducen y venden en nuestro propio país, artesanía originalmente mexicana, a costos inferiores y violentando la normatividad internacional en la materia.
Si bien el estar dentro de la Organización Mundial de Comercio impide al gobierno mexicano el establecer medidas proteccionistas, resulta fundamental que éste refuerce el combate al contrabando y la piratería, además de proporcionar a los artesanos los servicios especializados necesarios para la mejora de su competitividad.

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