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sábado, 22 enero, 2022
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■ A sus 20 años, fue testigo del primer campeonato del equipo tapatío, en 1951

“Nunca perdí la esperanza de que íbamos a ser campeones”: Eduardo Michel, aficionado del Atlas

■ El reconocido médico, zacatecano por adopción, tuvo la oportunidad de ser futbolista, pero se decidió por los estudios

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Por: ALEJANDRO ORTEGA NERI •

“Tuvieron que pasar 70 años para verlos campeones otra vez. Nunca perdí la esperanza a pesar del score 3-2 en el partido de ida, nunca perdí la esperanza de que íbamos a ser campeones”, dice tras la bocina telefónica a La Jornada Zacatecas el doctor Eduardo Michel, un atlista de hueso rojinegro que ha logrado quizá lo que pocos en la vida, haber sido testigo de los campeonatos de liga del club de futbol Atlas en 1951 y 2021.

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Los 93 años a cuestas del reconocido médico, zacatecano por adopción, no fueron impedimento para haber disfrutado del partido de vuelta de la final de futbol mexicano entre Atlas y León, la noche del domingo 12 de diciembre, pues qué tanto era esperar 120 minutos más si ya habían pasado siete décadas para gritar el tan ansiado título. El marcador de ida no lo desesperanzaba, dijo, tenía fe en que su equipo se coronaría y así fue.

“Me dio mucha alegría y satisfacción vivir un momento como el que vivimos anoche”, sobre todo porque estuvo acompañado de su hija Lucía, a quien le inculcó la pasión por el equipo rojinegro, platica. Y es que cuando fue testigo del campeonato del equipo de sus amores en 1951, don Eduardo Michel superaba apenas los 20 años y en su destino había un sendero que se bifurcaba: por un lado, quería convertirse en futbolista, por el otro, estaba también el estudio.

La memoria prodigiosa es la enemiga acérrima del tiempo, y don Eduardo Michel la tiene de su lado en sus 93 años cumplidos. Recuerda, como si hubiera sido el partido ayer, el nombre y mote de cada uno de los jugadores que provocaron que su corazón de vistiera de rojo y negro. Pero cuando supo eso, apenas estaba en la prepa, pues Atlas se había convertido en 1946 en el primer equipo tapatío en ganar la Copa México y la Copa de Campeones tras derrotar primero al Atlante y posteriormente a Veracruz.

Pero según la historia del balompié mexicano, la temporada 1950-1951 fue la mejor en la historia del club rojinegro, porque el equipo estaba ratificando en la liga lo que había mostrado en la Copa México, la que obtuvo por segunda ocasión al derrotar nuevamente a los Tiburones del Veracruz. En la liga, dictan los anales, la escuadra jalisciense iba cosechando triunfos y oficializó su campeonato el 22 de abril de 1951, cuando en la última jornada venció 1-0 a su acérrimo rival, las Chivas, con un penal anotado por el costarricense Edwin Cubero en el entonces único estadio tapatío, el Parque Oblatos.

“Cuando fue la final y resultó campeón en 1951 yo estuve en el estadio. Un estadio de Guadalajara donde jugaba el club Oro, en Oblatos. Era el único estadio que había”, dice a La Jornada Zacatecas don Eduardo Michel, para después echar a andar su memoria y arrojar uno tras otro los nombres de algunos que alinearon en aquel histórico partido: “Raúl Córdoba era un portero muy eficiente”, recuerda. Delante de él, había tres defensas, dos medios y cinco delanteros. “Eran partidos muy abiertos y muchos goles”.

Junto a Córdoba, recuerda a Jesús Alderete, Felipe Zetter, Luis Ornelas, Luis Carniglia, Norberto Pairoux, Antonio “Niño” Flores, Rodrigo Solano y el tico Edwin Cubero, son los nombres que vienen a su memoria. El caso de Cubero, recuerda entre risas, era extraño, ya que jugaba de extremo izquierdo, pero su pie fuerte era el derecho, con ese metía goles. El Atlas, dicen los libros de historia, cerró esa temporada con 12 victorias, seis empates y sólo cuatro derrotas, para lograr un total de 30 puntos y 44 goles a favor. Con esto, logró el único título de liga que tenía hasta este pasado domingo 12 de diciembre.

Don Eduardo Michel, nacido en El Limón, Jalisco, en 1928, pudo dedicarse también al futbol. Fue becado incluso para formar parte de las fuerzas básicas de la Universidad Autónoma de Guadalajara (UAG), en los Tecos, donde su entrenador fue Felipe Zetter, hermano de uno de los jugadores del Atlas que lograron el campeonato. Pero también formó parte de los Rayados de Oblatos, recuerda, aunque aclara que dejó el futbol para no descuidar sus estudios y a su llegada a Zacatecas había muy poca actividad futbolística, privaba el beisbol.

No obstante, no dejaba de seguir al Atlas e incluso viajaba con su familia a donde el equipo jugara los fines de semana. Y a pesar de los malos resultados que se dieron con el tiempo, incluidos dos descensos a las ligas menores, su afición por la escuadra rojinegra se graduó de lealtad, pues dice “lo interesante no era ir a ver si ganaba, iba uno con la seguridad de ver futbol bonito, de goles”. “El Atlas –remata- jugaba y dejaba jugar”.

Pero tuvieron que pasar 70 años para que volviera a sentir el sabor del campeonato, y durante ese tiempo de espera, dice riendo, “nunca fui chapulín”, como otros que comenzaron a ver los malos resultados y entregaron su devoción a equipos ganadores. Y el 12 de diciembre fue el día, en el que acompañado de su hija Lucía y un sacerdote “cementero de hueso colorado”, supo que el Atlas iba a ser campeón a pesar del marcador en contra. “Nunca perdí la esperanza”, repite, y ese sentimiento le dio la razón. A los 93 años sonríe nuevamente, vestido de rojo y negro. Es otra vez campeón.

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