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lunes, 17 enero, 2022
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■ México Lindo y Podrido… y Zacatecas otro tanto

¿Se puede ser feliz en tiempos de violencia y pandemia?

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Por: JOSE DE JESUS REYES RUIZ •

La pregunta sobre la felicidad es una que no es nada simple, nada sencilla, y mucho menos lo es intentar dar una respuesta, vivimos como se ha comentado miles de veces, tiempos difíciles en extremo, y fuera de los momentos de una elevada mortalidad que pasamos el primer año de la pandemia, la alta contagiosidad de la nueva variante ÓMICRON que actualmente provoca la cuarta ola de contagios nos tiene literalmente contra la pared, los expertos nos dicen que en los próximos 2 meses la mitad de los europeos se habrán contagiado, y FAUCI el experto en salud por parte de los ESTADOS UNIDOS, anuncia que en un futuro nada lejano, todos, absolutamente todos, lo estaremos.

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Esto no sería nada que nos tuviera necesariamente que meternos miedo o pavor de no ser porque se trata de una enfermedad EL COVID-19 que en nada es inocua y que por más leve a moderada que nos pudiera dar, la infección de la nueva variante TIENE UNA MORTALIDAD, es decir, puede provocarnos la muerte, aunque en menor porcentaje que las variantes previas como la DELTA y menos aún con niveles elevados de vacunación.

Pero aun así nos puede provocar la muerte y el temor que ello nos infunde no nos deja dormir en paz e incrementa exponencialmente los niveles de ANSIEDAD y de DEPRESIÓN con todo lo que ello implica.

Ante estas desafortunadas circunstancias, y para sumarle la presencia de un entorno de violencia y muerte por parte de las redes criminales, nos exacerba aún más la intranquilidad y nos altera en extremo, quien podría negar que estos son tiempos complicados en extremo.

¿La pregunta que ante esto me hago es: ¿Si bajo estas sombrías circunstancias de confrontarnos con lo que son sin lugar a dudas dos de los jinetes del apocalipsis tan anunciado, si aun así es posible ser FELIZ?

Para responder a esta pregunta traigo a colación el cuento de ALFONS REYES sobre el VENDEDOR DE FELICIDAD escrito a mediados del siglo XX, donde podremos encontrar una respuesta a la pregunta que hoy nos hacemos.

“Fue en una extraña ciudad en una de esas horas en donde todas las cosas parecen irreales” cuenta el relato, en el que gritaba un vendedor de una mercancía invisible, vendo el secreto de la felicidad por 5 centavos, pero nadie le hacía caso, comenta quien esta historia relata; buena mercancía, pero usted entenderá que el ser humano es desconfiado por naturaleza, y ve con recelo cualquier negocio demasiado bueno, y puso un ejemplo, el de SANTIAGO RUISIÑOL, que disfrazado de campesino ofrecía duros (monedas de 5 pesetas) al precio de 3, y no hubo nadie que las comprara en lo que era una oferta sin lugar a dudas, a lo que el vendedor de la felicidad contestó, pero por 5 centavos bien vale la pena arriesgarse.

Lo que sigue es algo que nos puede ser de enorme utilidad en los tiempos que vivimos, y dice así el vendedor “no pretendo venderle un sermón moral o religioso, si usted tiene sólidas bases religiosas y morales mi secreto no le sirve, porque entonces cuenta usted con sostén superior al anhelo de la felicidad práctica, el secreto de la felicidad que vendo es para los escépticos absolutos”.

Pero ¡Yo soy uno de ellos! Contestó el potencial comprador intrigado por el maravilloso secreto “Estoy asqueado de la humanidad la que hoy por hoy no tiene nada de insólito. Es posible que la vida humana está llamada a mejorar después de la catástrofe que hoy presenciamos, pero eso no me consuela, lo que me importa es ser feliz yo, en mi existencia actual y en los tiempos que me han tocado, y mi disgusto por cuanto veo y experimento ha asumido tales proporciones que puedo asegurar que cuanto existe ha comenzado a incomodarme”.

El vendedor recibió los 5 centavos y le dio el secreto: ¡suicídese!, y ante la sorpresa del comprador agregó, “aún no he terminado, hay muchos modos de suicidarse, el que yo recomiendo es el SUICIDIO FILOSÓFICO, que implica ESPERAR A QUE LLEGUE LA MUERTE, olvídese un poco de su persona, dese por muerto, considérese como cosa transitoria, llamada necesariamente a extinguirse, cuando logre este estado de ánimo, todas las cosas que le afectan pasaran a la categoría de MERAS ILUSIONES INTRASENDENTES y usted deseara continuar su EXPERIENCIA DE VIDA por una mera curiosidad intelectual, seguro como está de que la liberación lo espera, entonces, con sorpresa comenzará a sentir que la vida le divierte en sí misma fuera de usted, de sus intereses y exigencias personales y entonces cuanto acontezca será una ganancia y un bien con el que no contaba, y entonces el mundo le sonreirá de tal suerte que ya no deseara morir y podrá apreciar lo que Dios le ha dado”.

El comprador asombrado saca otros 5 centavos de su bolsa y le dice al vendedor, “después de esto necesitaré de usted otra receta para cuando enamorado de la vida vea venir con temor la muerte”.

Confieso que tuve que leer este relato varias veces para entender el mensaje o la moraleja como quiera usted llamarle, que en realidad es MUY SIMPLE, el sabernos MORTALES, transitorios en este mundo, prescindibles, el recordar nuestra finitud necesariamente nos tiene que llevar a entender que la vida que vivimos es prestada, y que en si es disfrutable cuando entendemos esto, porque cada minuto, cada hora, cada día que vivimos representa un regalo que alguien nos ha dado y que debemos de aprovechar por su gratuidad, pero sólo lo harems entendiendo que el SER HUMANO ha atentado en contra de la naturaleza y la naturaleza toma venganza ahora en forma de un virus que parece ganarnos la batalla, más adelante habrá con seguridad otras formas de desquite a lo que nosotros – debemos reconocer – provocamos.

El ser humano también ha buscado estados alternativos de conciencia y se ha echado a la perdición que la BIBLIA nos narra con respecto a SODOMA Y GOMORRA y ha abusado de las drogas más en los países primermundistas del norte y a ello se debe la espiral de violencia que vivimos y sufrimos muchas veces sin deberla ni temerla, pero con todo y ello la vida nos da más donde tendríamos que privilegiar lo bueno – que es mucho – que tenemos frente a los ojos para disfrutar y ser feliz, ante las amenazas que nos asechan ahora como en toda la historia de la humanidad, ya que el relato al que hago referencia fue escrito en 1943.

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