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■ Historia y Poder

El Rinoceronte Enamorado, esa onda ñera

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Por: MIGUEL ÁNGEL AGUILAR •

Acudimos un grupo de amigos para ver final de temporada de la obra EL HIJO PRÓDIGO y en donde el papel fundamental que nos interesaba en demasía es la del veterano actor Antonio Herrero del Rello, sin restarle importancia a Lourdes Uribe, Toño Orta y otro compañero al que desconocíamos de nombre Gerardo Canela.

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Obvio uno va a esos escenarios con ciertos temores a que el rechazo sea tal que nos incomodara pero no, ni nos pelaron, esperamos una media hora y todos para adentro, previamente con boleto y asiento. Lleno total, acudieron familiares del Tonino desde la CDMX y los resultados fueron obviamente buenos, aunque dejan una estela de vibraciones que dan miedo, que aterran las enseñanzas, que fulguran los valores y los destinos cumplidos.

No son subjetividades, quizás sí, en dicha obra de unos 50 minutos los participantes quieren enseñarle al público dos tiempos de la guerrilla de Lucio Cabañas Barrientos en la zona costera de guerrero e Hidalgo y Michoacán, en los setentas y la otra, la tragedia de la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, un manejo actoral bueno y plástico, en síntesis se trata de que el padre afligido se vaya a la guerrilla y no olvide los pantalones.

La puesta en escena sigue siendo difícil, hay mucha responsabilidad en ella y cautiva de inmediato un escenario en donde la gente de teatro y sus directivos mantienen los 5 sentidos del respetable al máximo, sonidos, escenografía, vestuario, movimientos y gestos, diálogos -super escasos- pero si con el ansia de que la obra se consuma para beneplácito de todos.

Una de las virtudes del señor director Jesús Coronado es seguir siendo muy creativo e involucrando en este caso ,a tres de los 4 actores que tuvieron algún percance en su salud y desean seguir en la escena y eso abre nuevamente parteaguas a nivel mundial, no porque quieran innovar sino porque se les da naturalmente y así la obra cumple sin fregotear a nadie, sin indultar a genocidas militares, a guerrilleros alevosos y ecuánimes como las brigadas campesinas de ajusticiamiento del partido de los pobres del profe Lucio Cabañas Barrientos.

Luego de concluida la obra de inmediato el director y su hijo Edén hablaron con el público, dieron algunos detalles de la puesta en escena y posteriormente pidieron la opinión , el primero en intervenir fue el poeta Pedro Félix GutiérrezTurrubiartes y que venía en nuestro grupo y los actores y directivos escucharon y respondieron, otros más del público felicitaban y elogiaban, lo mismo en mi turno: le recordé a todos que la obra me recordaba las hazañas en que Coronado y yo de 14 y 15 años de edad anduvimos en las selvas hidalguenses expulsados por caciques que nos confundieron con guerrilleros de Genaro Vázquez Rojas y de Cabañas Barrientos y toda una serie de sucesos dignos de una película.

Dije que en la obra se ambientaban los cafetales de las tierras ardientes de Guerrero y así andábamos nosotros de noche, huyendo con campesinos armados en medio de cafetales, ríos crecientes y la amenaza del ejército, hasta que en Tamazunchale -luego de dormir en un monasterio de Huejutla- fuimos amenazados directamente por el ejército que nos prohibió hacer teatro y nuestras canciones y nos fuéramos de inmediato de esa zona.

Sí que habíamos contactado con maestros rurales en una asamblea en Cuautla Morelos con activistas y miembros del famoso CLETA, nos apuntamos y acudimos mediante contactos con muchos sacerdotes y monjas de la llamada teología de la liberación, dixit curas comunistas y monjas alebrestadas. Pues bien, la obra fue eso: un tribunal de recuerdos, un apunte indirecto a esas hazañas, un recordatorio de que la justicia plena no llega y quizás nunca acuda.

Les recordé de mi ausencia por casi 10 años de acudir a ese teatro por muchas razones, -viajes, exilios, estudios exclusivos- y de mi cierto temor a que acontecieran sucesos extraños ajenos a actores y espectadores, recordé ante el público y actores de la más reciente vez que estuvimos uno de los actores -Antonio Orta- hacia papel de un enfermo en cama en hospital, la vibra fue tan fuerte que abandonamos el teatro antes de que concluyera y a los posteriores días sufrió el actor un accidente que lo mantuvo en el hospital y más adelante en dos años otro más y peor, pero se recuperó y hoy es ejemplo de dignidad y recuperación y artisteada.

Expuse mis temores: que de dicha reunión acontecerían más adelante sucesos radicales y llenos de temor e insidia, a la semana Pedro Félix fallecía en un hospital, Octavio Hernández el Coreano fue encarcelado por una injusticia y aun sigue en uno de los penales más peligrosos del país, Ray Borjas fue señalado por las huestes norteamericanas por falsas apariencias en una fiesta gitana de mi familia y yo acongojado por mi asamblea de sentimientos acorralados.

Uno no esperaba nada de nadie, insisto, son mis subjetividades, pero las externo y las reviento al pulso de los acontecimientos. Más al doble, porque ese día de la obra, 19 de septiembre, se cumplía un aniversario más del fallecimiento repentino de nuestro máximo guía Enrique Ballesté Gálvez y estaban ahí sus hermanas y sobrinas.

Acudir al Rino es ya todo un reto y una odisea y una advertencia y sobre todo, un agasajo ver a maestros y amigos y la magia del teatro que a veces impacienta. Habría que ver detalles del vestuario del maestro del Rello -caso de sus huaraches muy chicos- pero todo es realismo y belleza, Lourdes incomparable -con ella anduvimos en muchos estados organizando eventos nacionales y con pescadores y cañeros y estudiantes- toño Orta muy fuerte y activo y el protagonista  Gerardo, bien.

Jesús, como siempre, impecable. Le pregunté por su voz ronca. Así la traigo casi siempre, me respondió.

Siguen siendo ñeros, una guía, una disciplina artística como tantas que acompañan al pueblo mexicano del futuro.

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