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miércoles, 27 octubre, 2021

El cielo también tiene control de los migrantes

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Es difícil recordar otra crisis migratoria como la que acaba de pasar México con la llegada de haitianos y de la cual se informó profusamente porque los medios le dedicaron atención para seguir paso a paso las peripecias de los migrantes desde su ingreso por Chiapas, en la frontera del sur, con la intención de pasar las barreras impenetrables de Estados Unidos, su destino final.

Incluso se pudo ver a cientos de solicitantes de asilo frente a las oficinas de la Comisión Mexicana de Ayuda a los Refugiados (Comar) en la Ciudad de México, unos 300 cuya ubicación se desconoce, porque probablemente decidieron quedarse aquí. Lo que no se vio fue el desalojo de sus compatriotas en un par de noches del campamento improvisado debajo del puente en la frontera con Estados Unidos. Aunque quedó un albergue con 385 haitianos en Acuña que, sumados a los miles que ya están instalados en Tijuana, constituyen uno de los grupos de inmigrantes más numerosos en el país.

Previamente, hasta el 1 de septiembre ingresaron al país entre 400 y 500 personas procedentes de Afganistán que obtuvieron la visa humanitaria de 180 días para decidir su destino. Llegaron primero cinco jóvenes afganas pertenecientes a un grupo de robótica, parte de un equipo que se distinguió por hacer respiradores caseros para enfermos de covid-19. Después llegó un grupo mayor y otro más con sus respectivas familias que, se dijo desde el gobierno para justificar que se trataba de empleados, estuvieron involucrados en las tareas de los diarios The New York Times y The Washington Post. A las jovencitas se les vio en un paseo dominguero en bicicleta por el Monumento a la Revolución. Y eso es todo. No se sabe dónde se encuentran los demás ni qué harán mientras transcurren sus contados días de permanencia en el país.

Es muy importante para México continuar la tradición de asilo que se exhibe desde el gobierno como una de sus virtudes mostradas a lo largo de su historia; sin embargo, no está claro el trato diferente respecto a los afganos y a los haitianos. Ambos grupos vienen de países destruidos, entre los más pobres del mundo, huyendo de la violencia política, agravada por los desastres en Haití como resultado de graves sismos, como el de 2010, y huracanes que han asolado a la isla, y por la acción intolerante del talibán en Afganistán que se opone a la presencia extranjera y arremete igualmente contra sus compatriotas y da un trato denigrante a las mujeres.

Los afganos llegaron después de sortear graves dificultades para abandonar su país y hacer escalas por otros territorios, desde donde volaron en la espectacular línea área de Catar, cuyos vuelos han sido establecidos recientemente en México. En cambio, los haitianos debieron viajar durante años por mar, tierra y aire. Algunos vienen después de trabajar durante años en Brasil, que requirió mano de obra barata para construir las obras de los Juegos Olímpicos de 2016. Desechados, se dirigieron luego a Chile, Colombia y llegaron hasta el Tapón del Darién, en el límite de América Central, sorteando selvas y otros obstáculos, para luego subir a Guatemala, llegar a México e insistir en su tránsito a Estados Unidos. La mayoría hizo una peregrinación semejante a las de la antigüedad, con pueblos que a su paso los iban asimilando. Desde luego corrió el rumor, a través de los familiares y amigos, de la meta a alcanzar y fueron sumándose más personas al contingente en la medida en que la situación en Haití empeoró aún más con el asesinato del presidente en julio de este año.

Todos vimos la miseria en que se encontraban, hombres y mujeres, muchas embarazadas, arrastrando a sus hijos, incluso bebés, habiendo pagado lo que traían encima a traficantes abusivos que alientan su intención de llegar a Estados Unidos. Hambrientos y sin un lugar donde dormir, debieron enfrentar a los agentes del Instituto Nacional de Migración, que emplearon la fuerza con el apoyo de la Guardia Nacional, mientras en la frontera con Estados Unidos se dieron escenas de una intolerancia que se creía erradicada.

¿Por qué el trato diferenciado? Cuáles son los motivos para la opacidad con la que el gobierno se ha manejado para que los ciudadanos no podamos tener acceso a la información. Una hipótesis es que al tratarse de afganos que trabajaban para dos medios importantes de Estados Unidos, llegaron a México por medio de una negociación entre los gobiernos para disminuir las presiones a la salida de Afganistán y aminorar los costos sociales del apoyo a miles de personas vinculadas con la ocupación, cuyas vidas quedaban en peligro. Sólo que también los haitianos son víctimas de la violencia social y vinieron a encontrarse con el desamparo. Y la única forma que encontró el gobierno para resolver el problema fue regresarlos a su país, donde habían perdido todo.

La devolución es la última instancia de la Comar para resolver problemas semejantes. Y puede recordarse que en 1981 México recibió y se dio asilo a 81 mil guatemaltecos que huían de la violencia del gobierno, cifra del obispo Samuel Ruiz, quien estuvo en la gestión de los campamentos. Se les dio ayuda para su permanencia y para volver solamente por su voluntad. Son otros tiempos, es cierto, pero debiera contarse con la experiencia y los conocimientos previos para saber cómo actuar en un mundo que en 20 años duplicó la población que vive fuera de donde nació respecto a la de todo el siglo XX.

México, con funcionarios que siempre recurren a la improvisación, tampoco ha conseguido la ayuda del ACNUR, la agencia de ayuda para los refugiados de la ONU, por la definición del estatus que da a los que llegan; no quiere decir que no esté actuando, pero no lo hace de la misma forma que en otros países afectados por llegadas masivas. Queda en la influencia de la Secretaría de Gobernación una solución que parece muy limitada, como lo evidenció la acción de regresar a los haitianos por la fuerza a un país incapaz social y económicamente de retenerlos. La operación no fue semejante a la del aeropuerto de Afganistán, pero por la noche los haitianos debieron ser conducidos a varios aviones para abandonarlos a su suerte en Puerto Príncipe, luego de un arriesgado periplo que los condujo a ninguna parte.

¿Por qué México dio trato tan diferente a dos grupos migrantes que vinieron en busca del refugio que les alejara de la violencia en cualquiera de sus formas y les permitiera vivir? Quizás no fue sólo por el racismo y por el rechazo, ni por las componendas internacionales, sino simplemente por lo que dijo un funcionario: hasta en el cielo hay control de los que llegan.

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