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jueves, 6 octubre, 2022
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¡Hasta encontrarlos!

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Por: DANIEL SALAZAR M. •

La indignación popular que demanda la presentación con vida de los 43 normalistas desaparecidos, lejos de disminuir crece y se radicaliza. El pasado 5 de noviembre en la capital del país, más de cien mil indignados respondieron al llamado de la tercera Manifestación Global por Ayotzinapa y lo mismo en 22 estados del interior y en diversas ciudades del mundo.

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¡Fuera Peña de la Presidencia! clama hoy una multitud que acusa al gobierno de corrupto, de represor y de inepto, tras cuarenta días de espera y sin que se sepa nada de los desaparecidos.

La lucha en torno a los estudiantes de Ayotzinapa es justa, enérgica y llena de activistas jóvenes a tal grado que una multiplicidad de nuevos protagonistas ha comenzado a unirse para construir un bloque que eche abajo lo inaceptable. Un gran número de maestros, de trabajadores, como de artistas, obreros, campesinos, ciudadanos comunes y organizaciones, están mostrando respaldo a la causa. Y es que más allá de la resistencia, de mantenerse y no ceder, el movimiento por Ayotzinapa ha empezado a comprender algo que no era hasta entonces evidente: Que la desaparición forzada es un crimen de Estado y que, este “descubrimiento reciente”, lleva al movimiento a nuevos desafíos puesto que ahora se ha abierto una confrontación con el poder establecido.

Las normales rurales, uno de los últimos reductos de la Revolución, han tenido más claro el papel que juega el Estado mexicano debido a sus constantes luchas por mantener abiertas las puertas de esos centros educativos. La mayoría de ellas comprendieron con Engels, que el Estado no es, en modo alguno, un poder impuesto desde fuera a la sociedad; ni que tampoco es ‘la realidad de la idea moral’, ‘la imagen y la realidad de la razón’, como afirmaba Hegel. Más bien, han entendido que el Estado es un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de desarrollo… “Un poder que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella”. Con Lenin descubrieron que es producto y manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase; que el Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse; que su existencia demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables… En fin, que el Estado no es más que un mecanismo de opresión de una clase por otra…

Ayotzinapa, un movimiento que nació contra la represión, la injusticia y la desigualdad acumuladas y que en cuarenta días está colocado frente a la fuerza del Estado (a la que considera causante de la desaparición forzada de los normalistas), podrá mantenerse y avanzar sólo en la medida en que acumule fuerzas sociales y políticas y amplíe su visión sobre el futuro de su causa. La dinámica lo llevará a buscar respuestas para el movimiento en la necesidad de su continuidad, esto es, para la lucha diaria por la presentación con vida de los 43 normalistas, así como un posible objetivo estratégico general contra un Estado cuyo papel es el de mantener sometido al pueblo en favor del proyecto neoliberal de la clase dominante.

En esta lucha contra el Estado, en la que no se puede prever su desenlace,  hará falta la experiencia colectiva acumulada y de ahí la necesidad de la más amplia unidad del movimiento, de la acumulación de fuerzas para detener la violencia. Un contenido programático más amplio deberá incluir, por supuesto, un cambio de régimen, la cuestión de la propiedad y la apropiación social, autogestionaria, nacionalizada, como alternativa al despotismo del mercado y la propiedad privada, etc., pero como dije, en esta lucha no se puede prever su desenlace.

En la ruta de confrontación con el Estado, no estará esa “izquierda moderna” –que por más de dos décadas dijo representar el PRD– pues se encuentra totalmente deformada. Ha decepcionado a sus seguidores gracias a que adaptó su proyecto al neoliberalismo (el que juraron combatir desde su fundación en 1989) al extremo de refrendar en sus gobiernos la corrupción y la política represora y criminal del régimen.

Con todo, si no hay una reacción nacional, un movimiento social, popular, generalizado, una alternativa radical que se oponga y detenga la ofensiva del Estado mexicano, éste encontrará “una solución” para salir de su crisis y su sistema violento continuará. Todo puede pasar. Ahí están los presuntos autores intelectuales de la desaparición de los estudiantes que han sido detenidos, pero que el problema de la desaparición de los 43 normalistas no ha sido resuelto.

El movimiento estudiantil no se detendrá y los jóvenes caminan ya a la preparación de un Paro Nacional convocado para el próximo 20 de noviembre. Aseguran que quemarán el cielo si es preciso: ¡Hasta encontrarlos! ■

 

www.prt.org.mx

 

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