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martes, 28 junio, 2022
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Los errores de política económica siguen repitiéndose y de ahí las consecuencias negativas que padecemos

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Por: ARTURO HUERTA GONZÁLEZ •

El gobierno sigue sin reconocer que su política de austeridad republicana nos ha llevado a un estancamiento prolongado, que aumenta el subempleo y la miseria a pesar de sus políticas sociales. EL presidente del país ha dicho que se reajustará más el gasto público para darle más al pueblo y que para ello se pasará de la austeridad republicana a una fase superior que se llamaría pobreza franciscana. Mayores recortes presupuestales para dirigirlos a gastos sociales no disminuyen la pobreza, ni la desigualdad del ingreso, debido a que implicarán menos inversión productiva, menos creación de empleos, menor crecimiento de demanda, lo que conllevará menos inversión y mayor caída de la actividad económica.

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Darle más al pueblo a través de políticas sociales, no contrarresta la pérdida de ingreso de los que quedan desempleados y subempleados por los recortes presupuestales. Las políticas sociales que cada gobierno ha venido instrumentando desde los años ochenta, no han compensado las pérdidas que se derivan de las políticas de austeridad fiscal, de libre comercio, como la estabilidad del tipo de cambio y la libre movilidad de capitales que vienen predominando desde entonces.

En estos tres años y medio del gobierno actual se ha manejado el discurso de que “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”. Que bien que haya austeridad entre los funcionarios públicos, para que no realicen gastos superficiales en la remodelación de oficinas, en la renovación de su flota de autos, ni tengan gastos dispendiosos en sus comidas. El problema es cuando esta política de austeridad se aplica al gasto público, con recortes de gasto e inversión de todo tipo que disminuye más el tamaño y participación del gobierno en la economía, haciéndolo incapaz de contrarrestar la caída de la inversión y consumo privado, como el déficit de comercio exterior, lo que ha llevado a que la actividad económica esté en los niveles del 2016. A pesar de ello, se insiste en la misma política económica que se endurecerá con los recortes que se derivarán de la pobreza franciscana.

El gasto del sector privado sigue contraído. A ello se suma la pérdida del poder adquisitivo que la inflación está originando en el ingreso disponible de las familias, debido a que no se contemplan reajustes salariales que contrarresten la disminución de los salarios reales. Ello contraerá más el consumo, la demanda, la inversión y la actividad económica.

La gobernadora de Banxico señaló que tomarán “medidas más contundentes” para frenar la inflación, lo que implica que realizarán aumentos en la tasa de interés de tres cuartos de punto porcentual para llevarla al 7.75% en el siguiente anuncio y terminar el año con tasas arriba del 9%. Ello aumentará las presiones sobre las finanzas públicas y privadas, dados sus niveles de endeudamiento, por lo que se contraerá más el consumo e inversión privada y del sector público. A ello se suman los recortes anunciados del gasto público para avanzar hacia la pobreza franciscana, por lo que mayor será la contracción económica. Dichos recortes presupuestarios seguirán marginando la atención de los problemas del cambio climático, así como los de desempleo, subempleo, desarrollo tecnológico, el impulso a la austosuficiencia de granos básicos, para reducir inflación e importaciones caras.

De tal forma, la economía seguirá sin tener política monetaria y fiscal a favor del crecimiento y para encarar los problemas que enfrentamos. Por su parte, el sector externo es adverso debido a que el déficit de comercio exterior sigue creciendo, por lo que es improcedente seguir recortando el gasto público en todas sus dimensiones.

La economía no tiene motor alguno de crecimiento. Ni política monetaria y fiscal a favor de la dinámica productiva y del empleo. Sigue contraído el consumo y la inversión privada, y las exportaciones están por debajo de las importaciones.

Será un sexenio perdido, con fuertes retrocesos en el sector productivo que conducen a la economía a un largo período de estancamiento con presiones inflacionarias y crecientes requerimientos de entrada de capitales, que nos colocan en un contexto de alta vulnerabilidad. Pemex ha tenido que colocar deuda en los mercados financieros internacionales al 9.25%, en momentos en los cuales la economía no genera condiciones de pago, a pesar del alza del precio internacional del petróleo, debido a la fuerte contracción económica que arrastramos y al déficit de comercio exterior creciente.

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