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miércoles, 8 febrero, 2023
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Cuerpo de agua

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Por: ÓSCAR GARDUÑO NÁJERA •

Se trata de poesía. De una poesía que es demasiado expresiva. Y de un autor que se atreve a publicar su primer libro de poesía: “Cuerpo de agua”. Garrett Smith es el autor. A él tuve oportunidad de conocerlo en un encuentro de escritores en Navojoa, Sonora, hace ya unos cuantos años. Intercambiamos unas cuantas palabras y unas cuantas cervezas. Garrett en todo momento se mantenía distante, ajeno, como si perteneciese a otro mundo y acabara de aterrizar en el nuestro. Todo le llamaba la atención y de todo parecía admirarse. Uno de esos hombres que parecen no estar en la tierra, pisando el suelo que todos pisamos, sino en un enorme museo donde cada elemento es digno de ser admirado, de ser pensado. 

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Por supuesto que se trata de un poeta, pensé en ese entonces. Quizás no estoy acostumbrado a la poesía actual, pero sí sé reconocer cuando se trata de un poeta auténtico, quiero decir de uno que realmente escribe poesía, que la pelea, que la analiza, y la sueña, y la escribe, y la lee. De un hombre que consigue sus conexiones tanto interiores como exteriores con el mundo a través de todos los fenómenos literarios que se pueden conseguir cuando uno se conecta con la poesía de por medio. 

Ese hombre es un poeta, me dije. Y no es que Garrett ya tuviese una larga lista de libros publicados, sino que parecía pensar en poesía, leer en poesía, entender el mundo a través de la poesía, y quizás y hasta estuviese ya preparando el libro que hoy nos presenta, no sé. 

Así llegamos hasta lo que hoy nos convoca: la presentación en sociedad de su primer libro de Garrett Smith (aquí suena un vals): “Cuerpo de agua”. Claro que no es tan sencillo cuando hablamos de una primera publicación. Estamos acostumbrados a que el producto, en este caso el libro, nos caiga en las manos, lo leemos, tal vez compartimos nuestra opinión con otros lectores o la escribimos en una red social y hasta ahí: luego el libro pasa al olvido, cuando llegan otras lecturas. Sin embargo, atrás de un primer libro existe todo un largo proceso que se tendría que confesar. Por parte del autor hay un acto de fe. Todo primer libro es para su autor un acto de fe. Porque ni siquiera sabe cómo le va a ir una vez que salga al público. Porque es una apuesta casi de casino adivinar si el libro, en este caso “Cuerpo de agua”, tendrá lectores. Luego llegan las dudas y los nervios. Si se hace una autocrítica del  libro y el resultado poético (como bien aconsejaba Julio Cortázar a sus contemporáneos antes de publicar), tal vez no pase la prueba, no salga bien librado (Julio Cortázar decía que se encontraba a sus amigos llorando en la banqueta por los resultados luego de publicar). Y si la pasa, llegan para el autor los nervios de locura: se disparan a mil por hora y supongo que se piensa incluso en ser una buena promesa literaria, todos quieren ser leídos, todos quieren ser comentados; una vaga aspiración a una fama que sólo da la literatura, en este caso una buena promesa poética, o, por el contrario, ser un tremendo y rotundo fracaso (aquí los ejemplos y títulos de libros nos sobrarían), un mero desperdicio de papel (afectando, por supuesto, a la naturaleza) y razones de sobra para despedirse del panorama literario actual y dedicarse a algo más productivo. 

Es una chinga que el lector no ve: está atrás de las bambalinas, ahí donde realmente se forja el coraje y la furia y la confianza de un fenómeno tan preciado y hermoso entre los seres humanos como lo es la escritura. Por eso uno se atreve a comentar. Y en mi caso en específico si un libro no me satisface literariamente no lo reseño, agradezco la atención de la editorial, del autor, pero paso de frente porque tendría que mentir a los lectores, lo mismo si se trata de un dictamen literario de libros que pretenden mandar a Premios Nacionales de Literatura. Aquí no cuenta ni siquiera la amistad o las otras recomendaciones literarias: los críticos pueden hablar hermosuras de una novela o un libro de cuentos, pero si yo considero lo contrario, no me detengo y escribo que el libro es una mierda que no merece lectores.

Pero “Cuerpo de agua” tiene todos los elementos literarios para ser un buen poemario. Es decir: tiene un ritmo preciso, una voz poética ya definida (se trata de Garrett Smith, y él es un poeta), tiene recursos poéticos que son bien empleados (no voy a dar clases de literatura, por supuesto) y la temática que gira en torno al título del libro está bien trabajada: Garrett toma las riendas de su escritura y nos demuestra que si bien la poesía es, al menos para mí, uno de los géneros literarios más complicados de escribir (y de leer), cuando realmente se tiene fe en lo que uno es y en lo que uno vale se pueden dar libros tal vez no hermosos, pero sí presentables (aquí vuelve a sonar el vals). Por lo tanto, “Cuerpo de agua” es una muy buena propuesta literaria para ser el primer trabajo publicado de Garrett Smith. Pero no nos adelantemos, vamos a dar una pruebita de “Cuerpo de agua”: “Mi deseo/como ves/es por cada pedazo de ti/cada elemento singular y extraordinario/que hace que dejes huella en mi mundo”. Ya está: lean el adelanto con calma y disfruten cada palabra porque está puesta ahí para cumplir una función poética. No hay más. 

Otra cosa: al inicio de “Cuerpo de agua”, Garrett Smith se encarga de explicarnos el por qué del título, lo que lo llevó a escribir acerca del agua (elemento sobre el que se desplaza todo el poemario), y esto es de bastante ayuda al lector porque de entrada tienen una presentación de lo que vas a leer. Y no es que el autor te predisponga a la lectura, sino que te habla de qué punto partió para desarrollar su primera publicación poética. 

Hay muchas lecciones literarias tras de “Cuerpo de agua” y cada una de ellas es valiosa. No obstante, me gustaría que ustedes como lectores diesen con cada una, por lo que les aconsejo que busquen a Garrett Smith en Facebook y le soliciten el libro o bien lo busquen directamente en la página de la librería el Sótano, se hagan de él, procuren obtener los elementos que sirvan para aceptar junto conmigo que el libro vale, literariamente, la pena o, si así les parece, que me digan que no sé leer poesía y que estoy totalmente equivocado. Dejemos esta duda al aire.  

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